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Cuesta un huevo mantener una librería a flote. Si nos vamos al carajo, los editores, y más los pequeños, van detrás de nosotros por ende. Mantener la librería nos cuesta un esfuerzo sobrehumano. ¿Qué le voy a pedir yo al pequeño editor que ya tiene más que suficiente con su esfuerzo? Quizá sería interesante el depósito estable. Un grupo editorial que sea pequeñito y que necesite su representación en las librerías necesita de ese depósito estable que se renueve y actualice. Y con cierta flexibilidad en la devolución y el cobro.

El lector viejo Como sucede con el cuerpo y con la mente, la capacidad lectora se beneficia del aporte de la experiencia, aunque sufre igualmente los rigores del tiempo. Por un lado se desarrolla el olfato, la capacidad de discernir entre lo aprovechable y lo que no, ese pequeño sexto sentido que a ciertas alturas evita perder el tiempo y nos guía por el camino directo al centro. Por el otro la acumulación de noticias, artículos, blogs y ficciones de

Por qué este libro

¿Por qué este libro? Por Carmen Oliart, editora de Sabina editorial Este libro tiene mucho que ver con vínculos personales. Descubrí a María Goyri gracias a mi amiga Sara Catalán (su bisnieta), que ha catalogado su legado y puesto en marcha el Archivo Pedagógico María Goyri/Jimena Menéndez Pidal.  Aunque yo sabía quién era, quedé asombrada por el legado que nos ha dejado, admirada por todo lo que hizo en su vida y me fui entusiasmando con la idea de hacer un

Lo invisible de Rui Lage encierra muchos de los ingredientes que apasionaban al poeta fundador de la revista Orpheu. La búsqueda de la cuarta dimensión, el ocultismo, la intriga, todos ellos confluyen en este relato en donde se hace visible la admiración del joven escritor portugués por Fernando Pessoa, por su obra y por esa faceta suya más desconocida por la que no le importó confesar su afición: «Uno de los pocos divertimentos intelectuales que persiste en lo que aún le queda de intelectual a la humanidad es la lectura de novelas policíacas. »

Puentes

¿Se podría decir como elogio a un escritor que merecería ser japonés? Acabamos de hacerlo siendo quizá pioneros en esto de achinar los ojos y amarillear la piel de forma simbólica para alabar un trabajo literario. Todo esto parte de una definición que hace años leí escrita en un foro de internet ya extinto. Hablaba del país del sol naciente como «lo más parecido a Tierra 2 en Tierra 1». Y así, de alguna forma, el merecimiento de ser japonés

La luz avanza lentamente por cada habitación y los sonidos van variando a lo largo del día: los recreos de la Escuela Brasil que acompañan todo el lado izquierdo de la casa; el bramido del viento que te acerca a la locura si dormís en los cuartos del fondo; las clases de aeróbica de las seis de la tarde desde el baño de la que fue la habitación de Chiche; la bomba de agua marcando el ritmo y el recorrido de la hidratación por todos los rincones; el «Vecina, ¿quiere limones?» que durante mucho tiempo dio inicio a los almuerzos en el comedor; el ruido del tráfico desde la cocina; las cisternas y televisiones ajenas desde el estar; al menos una obra desde cualquiera de las ventanas.

[…] Es gracioso, uno empieza pensando que es retraído, sensible, inteligente, siempre humilde y un paso por detrás y todo lo demás; y entonces resulta que, a los treinta, descubre que es un gran bruto integral, incapaz de apreciar algo más sutil que un beso o una patada, que ruge sus hipocresías a voz en grito, con la piel tan gruesa e insensible como un rinoceronte. Al menos, en mi caso. Por eso nunca debes pensar que te critico a ti. Tú siempre tienes razón, incluso cuando no es agradable tenerla. Ahora, a trabajar, ¡Tocinito!

¡Hamleeet! Déjala en paz. Tu madre es así, no la pinches. Deja que sean las espinas que tiene en el corazón las que la hagan sufrir, tú no la juzgues. Y luego, digo yo, ¿por qué siempre tienes que ponernos verdes? Que si soy un obrero, que si leo Tex Willer, que si has visto a tu madre follar con tu tío, y digo yo, ¡habla de tus problemas, Hamlet! Yo cuando tuve que hablar contigo te llevé de noche, apartados, a un acantilado junto al mar.

  en las migraciones de los claveles rojos donde revientan cantos de aves picudas y se pudren las manzanas antes del desastre ahí donde las mujeres se palpan los senos y se tocan el sexo en el sudor de los polvos de arroz y de la hora del té flujo de enredaderas a través de lo que siempre es lo mismo ciudades atravesadas por el pensamiento miércoles de ceniza la vieja nana nos mira desde un haz de luz respiran
Pájaros

Emily Dickinson (1830-1886) es una de las grandes poetas de la literatura. Una personalidad extraordinaria caracterizada por la independencia de juicio, la libertad y la capacidad de destilar «sentido asombroso de significados corrientes». Leer y traducir hoy a Emily Dickinson requiere deshacer una leyenda que, durante más de un siglo, ha tratado de convertirla en una autora convencional y fácilmente digerible.

En Dafen: dientes falsos el autor se propone reflexionar sobre el plagio, el robo, la copia, la duplicidad y los mecanismos de apropiación. Un libro híbrido, mestizo, que mezcla el ensayo y la poesía para lograrun estilo propio y original. Un libro soberbio.

Cuando los poetas occidentales se aproximan a las formas poéticas del lejano oriente, lo suelen hacer desde la veneración. No es el caso de Joaquín Piqueras, que hasta se atreve con el humor. En cualquier caso, aquí se enfrenta desde la desacralización y la reinvención, con la utilización de un lenguaje actual, (más que actual, de rabiosa actualidad), y así consigue acercar el haiku a la expresión del pensamiento íntimo, pero también de una cotidianeidad en la que todos nos podemos sentir reflejados.

Mezcolanza de artículos periodísticos, documentos de viajes, prólogos, discursos y pequeños ensayos recogidos en un libro fechado en 1906 Fragmentos de Memoranda (Bringar y Thiers, 2019). Selección del editor A los diez minutos de conversación, ya se había roto, no diré el hielo, porque no lo había, sino el macizo de mi perplejidad ante la alteza jerárquica de aquella señora, que más grande me parecía por desgraciada que por reina. Me aventuraba yo a formular preguntas acerca de su infancia,

Lo que lee un editor Primero y para que se hagan una idea, el texto de la contra Jorge Herralde ha escrito en varias ocasiones que los libros de editores o sobre el mundo de la edición interesan muchísimo a poquísimas personas. Si esto pasa con figuras como la suya –fundamentales en la historia cultural de nuestro país– a quién interesará lo que lea o deje de leer un editor microscópico y de provincias como el que ha escrito y

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