Viajar por Galicia y contarlo. Por Manuel Jabois

Hay un momento de este viaje de retorno a su país natal de Alfonso Armada en el que el caminante, él, repara en Pontevedra y una cita ineludible de Julio Camba en la que exhibe su escepticismo y su capacidad de análisis en todo su esplendor: «Pontevedra no progresa, pero se dispone a progresar». Pontevedra es mi ciudad, y también la ciudad a la que hace muchos años Armada vino a buscarme para que yo escribiese en una revista cultural que sigue pie contra pared en estos tiempos, fronterad (me perdonarán el apunte personal, pero viene al caso: aún antes que al Armada periodista, al que leía distraídamente, a mí me impactó el Armada generoso y dispuesto que siempre fue con periodistas más jóvenes que él). Pontevedra también es la ciudad de la escritora Susana Fortes, de cuyo último libro, Pontevedra, tal cómo éramos, tira Armada en su retrato de la ciudad. «Me acuerdo», escribe Fortes, «de la típica redacción sobre el verano que nos ponían siempre a la vuelta de vacaciones en Primaria. Me acuerdo de que yo escribí la mía sobre la playa de Chancelas un día de marea viva, con la arena muy revuelta. Puse que la orilla estaba llena de nalgas. Fue un antes y un después en mi reputación como escritora». Me perdonarán el apunte personal, pero viene al caso: a Susana Fortes, presente en estas páginas cuando tienen que ver en ellas Pontevedra, la quiero y la admiro por razones muy parecidas a las de Armada, así que encontrarla aquí y encontrarla juntos ha sido un placer inesperado.

Para viajar por Galicia y contarla, Armada, que es reportero, poeta y caminante, se apoya en los demás: los que la escribieron antes que él, los que la escriben al mismo tiempo que él y los que la escribirán después de él, esos personajes, anónimos o no, que se encuentra en su camino mientras él pisa sus huellas o las borra a fuerza de andar, ver y contar, que es la única preceptiva del oficio según dejó dicho Chaves Nogales. Con la diferencia de que en Galicia todavía es  posible confundir al caminante legendario con el verdadero: establecer esa diferencia es el trabajo de Armada, que ha hecho con ciudades y pueblos una refundación literaria que tiene que ver con su mirada y con su cultura. Con la primera uno puede nacer o adquirirla; la segunda se hace lentamente, se digiere y, si uno tiene la generosidad del autor, la comparte. «Lo data Uxío Novoneyra en 1993 y yo, que pierdo la memoria como se pierde la vida, me salvo porque ese año volví por tercera vez a Sarajevo, martirizado por los radicales serbios y por el olvido de la comunidad internacional, mientras Susan Sontag montaba allí Esperando a Godot como gran metáfora de todo lo que no supimos evitar para que la limpieza étnica y el nacionalismo desaforado no se saliera con la suya en Bosnia-Herzegovizna, y ahora lo siguen los bosnios pagando y nosotros lo pagaremos», escribe Alfonso Armada. Y en este párrafo se condensa lo mejor de la mal llamada literatura de viajes (¿qué literatura no lo es?): la experiencia del autor, sus pasos sobre el terreno, las referencias a quienes pasaron antes por otros lugares. La fortuna de contar, y el canto afortunado para quienes tienen que escucharlo. Y uno, que ha pisado muchos de esos sitios y ha leído muchas de las crónicas de Armada antes de que tomasen forma de libro, sabe que los viajes interminables son aquellos que pueden ser contados de interminable manera. Esta que tiene el lector entre sus manos es una de las mejores porque en ella hay la mezcla exacta de paciencia, encanto y talento que se necesita para contar una tierra de la que pocos saben que en realidad no existe, que en realidad solo existe en la medida en que uno pueda inventarla.

Manuel Jabois en el prólogo a Cuaderno de viaje al país natal (La umbría y la solana, 2022)
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Imagen de celtaamacuro en Pixabay

cuaderno de viaje al país natalAlfonso Armada (Vigo, 1958). Estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid e hizo sus primeras prácticas profesionales en el Faro de Vigo, periódico que junto a La opinión A Coruña —ambos del grupo Prensa Ibérica—, propiciaron este libro. Ha trabajado en El País y Abc y fundó la revista fronterad. Es autor de los libros en gallego Lisboa (Aguatinta), Mar Atlántico. Diario dunha travesía (Alento), así como de los poemarios Escuma dos dentros, Poemas 1975-1983 (Sotelo Blanco), Pita velenosa, porta dos azares (Diputación de Pontevedra) y TSC. Diario da noite (Xerais). Sus últimas obras en castellano son El Celta no tiene la culpa (Libros del K.O.) y El arte de la entrevista. De David Bowie a Adam Zagajewski (Turner), y los poemarios Cuánto pesa una cabeza humana. Diario de un virus coronado por el miedo (Vaso Roto), El mecanismo de las mareas (Juancaballos, con dibujos de Ramón Trigo y fotografías de Eduardo Armada) y La vida es una carretera secundaria (Stendhal Books, con fotografías de Corina Arranz).

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