Inicio»fila2»Venecia cautiva porque ha quedado apartada de la acción de la historia

Venecia cautiva porque ha quedado apartada de la acción de la historia

2
Compartidos
Pinterest Google+

Venecia como acorde

Por Juan Fernando Valenzuela Magaña

En las páginas que Proust dedica en La fugitiva a Venecia, observa que cualquiera de nuestros deseos acoge, como un acorde único, las notas fundamentales de nuestra vida. Esa referencia al deseo y al acorde en el contexto de tal ciudad nos deja en las puertas del libro de José María Herrera que quiero comentar, aparecido el año pasado en Los libros de fronterad y titulado Los archivos de Alvise Contarini. Pues como un deseo, en efecto, el libro es un acorde único integrado por diferentes notas. Cada capítulo (incluyamos el prefacio) está escrito con un estilo propio. El narrador empieza contándonos cómo conoció a Contarini, un erudito veneciano, y la intención de recopilar sus dispersas aportaciones a la historia de Venecia. Tal tarea la realiza a lo largo de diez capítulos en los que se expone desde una conferencia de Contarini analizando un cuadro de Carpaccio hasta una entrevista radiofónica sobre las mujeres en la ciudad, pasando por las exequias que en vida se hizo celebrar Carlos V, la recreación de una historia oral acerca de Casanova o una lección impartida a unos niños con el objeto de explicar por qué hay siempre flores frescas sobre la lápida de Monteverdi. La variedad de todas esas notas da lugar a un acorde llamado Venecia.

Venecia comparte con París el ser la ciudad soñada y el escenario del amor y el turismo prefabricado, pero mientras que la capital francesa es una ciudad cambiante, «Venecia cautiva porque ha quedado apartada de la acción de la historia» (Contarini). Lo que no significa que esté muerta. Del mismo modo que el interés por los caminos no transitados de la historia (dado el horror que el transitado produjo en el siglo XX) ha iluminado una tradición antimoderna que ha estado siempre como sombra acompañando a la modernidad (Compagnon) estamos hoy en mejor disposición de aprender de Venecia una manera de continuar el mundo clásico antiguo que fue despreciada y malinterpretada por la Europa de la Ilustración, la razón calculadora y el progreso.

Los archivos de Alvise ContariniDe las  dos ciudades mencionadas y de un puñado más de ellas (Roma, Londres, Lisboa), todo el mundo tiene una imagen o, como ahora se dice, una marca. El viajero que quiera ir más allá de ella habrá de preguntarse qué es tal ciudad, del mismo modo que nos preguntamos quién es realmente una persona si queremos traspasar la etiqueta que socialmente lleva. La cuestión no es simple, pero tampoco eludible. Cuando se pulsa el asunto de la identidad o de la esencia, entramos en un laberinto como el de las calles venecianas. Habremos de escoger el hilo adecuado si no queremos perdernos. En relación a Venecia, este libro lo es. ¿En qué consiste esta ciudad milenaria a la que todo el mundo quiere ir? Ya lo hemos dicho: Venecia es un acorde. Un acorde que integra lo material y lo espiritual, la naturaleza y la arquitectura (Proust compara los palacios del Gran Canal con una cadena de acantilados de mármol), las pasiones y la razón. La idea del alma como armonía, de procedencia platónica, supone que el hombre tiene distintas instancias, pero que deben concordar, ajustarse. La razón, una de esas partes, es la encargada de mandar en ese orden. Las pasiones han de supeditarse a ella, pero no suprimirse. Venecia entendió de ese modo la vida, y sus manifestaciones artísticas (su pintura, por ejemplo, frente a la florentina) así lo expresan. De ahí la importancia de la música, que integra lo sensible y sensual y lo espiritual en un todo que incluye a nuestra comunidad. La música veneciana vertebra esta obra, como vertebra Venecia. Algunas piezas musicales de los compositores protagonistas pueden escucharse mediante los códigos QR que traen unas postales de cuadros incluidas en el libro, un detalle, como las ilustraciones en color, menos externo de lo que pudiera parecer a primera vista, pues se concierta bien con el espíritu refinado del texto. Su estilo, en cualquiera de sus registros, es inteligente. El autor esparce, camuflados, certeros aforismos como este a propósito de Casanova: «Estaba entrando en esa lamentable edad en la que la devoción del hombre por la mujer no se corresponde con las ofrendas que es capaz de hacerle», y sugerentes comparaciones de las que ofrezco esta muestra de Contarini ante la cercanía de la muerte «Los recuerdos que ocultaba en el fondo de mi memoria han empezado a moverse igual que lombrices al levantar una piedra en el campo».

Y ahora que llegamos al final, hablemos de finales. Un mundo como el que expresa este libro no podía sobrevivir a la modernidad. Su larga existencia, tanto como la del Imperio Romano del que procedían sus fundadores, se despidió del mundo, orgullosa y sin renunciar a su estilo de vida (esa alegría de vivir) a lo largo de un siglo, el XVIII, que José María Herrera ha estudiado en otro de sus libros. El último capítulo del que nos ocupa es una carta escrita antes de morir por Contarini, donde asistimos a su final al tiempo que al de la República. Venecia no podía subsistir en el mundo de las grandes potencias modernas, pero como modo de entender la existencia y como ideal, se había mantenido de la única forma en que podía hacerlo: en la figura de un erudito como Contarini, un antimoderno a la veneciana que entendía la cultura elevada como un placer que no nos resta energía y que, pese a su melancolía, no había perdido el hedonismo espiritual que caracterizara a esa ciudad que se solía comparar con un coro bien conjuntado.

Artículo publicado en la Revista Librujula.


Los archivos de Alvise Contarini están disponibles en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.