V Encuentro Otra Mirada. Diez minutos que fueron siete

Que fuimos a Barbastro

Primero de todo y como en aquellos programas de radio donde dejaban a las señoras saludar, desde Librerantes, gracias, Paco Goyanes, Ana CañellasLibrería Cálamo, por la invitación este año para participar en el V Encuentro Otra Mirada. Que nos hayáis invitado y además dejado un ratito el micro para contar esto que hacemos aquí ha sido un gesto bien bonito, las cosas como son; gracias a manos llenas. No vuelvo a pedir disculpas por los nervios, como se me salían por las orejas mientras tartamudeaba, ay, qué nervios, qué nervios, porque me dijo Ana que eso no está bonito y creo que tiene razón. Gracias, era.

Mandamos también un cariñoso y atento saludo a los editores de Delirio y La uña Rota, por el fondo (los libros) y por las formas (las risas, la compañía).

Teníamos diez minutos; usamos siete

Librerantes es una pequeña distribuidora de libros.. y más cosas que no voy a contar aquí porque no me cabe. Suelo decir que somos una distribuidora marciana porque el modelo de distribución es diferente al de una distribuidora tradicional o convencional, digamos. No es que sea mejor, lo que digo es que es un modelo de distribución diferente. Y lo que me gustaría ahora es contar, en diez minutos nada más, en qué cosiste este modelo, qué nos diferencia.  Sobre todo para que no se confunda con algo artesanal o poco profesional. En este sentido creo que el que nuestros fondos sigan después de estos ocho años que llevamos ya en librerías como Cálamo, Antígona (Zaragoza es que es muy grande) La Alberti, la librería Léla Gil, la Cervantes… por citar nada más algunas de las librerías más importantes, ilustra lo que digo. Que no quiero que parezca que estoy presumiendo, pero estoy presumiendo. Me gusta mucho presumir de librerías. Me paso la vida, de hecho, recomendando librerías, dándoles las gracias. Porque dependemos totalmente de su labor, de que nos dediquen su tiempo y nos dejen algún hueco. Tal cual.

Pero, ¿por qué librerantes es diferente? Por dos cosas:

  1. Por el ritmo de producción de las editoriales con las que trabajamos y
  2. Por la forma que tenemos de colocar esos libros en librerías.

Las editoriales con las que trabajamos publican poquitos libros y además imprimen poquitos ejemplares. Y nosotras intentamos venderlos todos, por lo que tenemos que intentar colocarlos muy bien, aprovechar los espacios que nos dejan, atinar.

Decía ayer Valeria Bergalli (editora de Minúscula) que ellas imprimían para colocar muchos libros, para ser visibles. Y Jesús Trueba, librero, confirmaba: «una torre de cinco o seis libros es la publicidad más barata». Yo con esto no estoy de acuerdo, o que no nos sirve a nosotras, mejor, por el tipo de editorial con la que trabajamos, que no se puede permitir imprimir libros para llenar escaparates. Y, de verdad, insisto, no lo digo desde una posición arrogante o de saber más que nadie. En absoluto. Lo digo desde la precariedad desde la que hablamos muchas empresas pequeñitas. Librerantes trabaja con (para) editoriales que, en algún caso, publican 3 o cuatro libros al año. Greylock, por ejemplo y para que os hagáis una idea, es una de las editoriales estrella de esta distribuidora, imprime 300 ejemplares por título. 150 si se trata de la colección imprint [#]. Los vendemos y ya, se acabó, no hay más. Otras editoriales tienen otro tipo de necesidades, me reúno con ellas, lo vemos, qué necesitan, si puedo hacerlo, si no; visualizo sus libros en manos de Lola Larumbe, si los puedo meter en una cajita que vaya para Metáfora, que es un librero estupendo, Luis Piñeiro, de Pontevedra, con el que trabajo también hace años. No me va a dar en muchos casos tiempo a llamarle, qué va a pensar si ve este libro, al abrir la cajita que le envío, mes a mes, desde hace ya casi un lustro. No sé si lo estoy contando bien, pero es esto lo que hago, lo que intentamos hacer: enviar los libros, contaditos, donde puedan tener sentido. Insisto: por el tipo de editorial con la que trabajamos o nos gusta trabajar. Por eso tenemos que conocer bien la editorial, atinar también con esto, si sus ritmos son los nuestros, si nos vamos a entender.

Para ilustrar todo esto, una anécdota: hace un par de semanas me llamó un librero de Barcelona, ya hemos colgado el cartel de «ahora no podemos aceptar manuscritos», digo, editoriales, pero me llamó porque tenía que presentarme un proyecto bastante chulo, la verdad. En Librerantes se funciona casi siempre por recomendaciones de libreros y libreras, también por las de las editoriales que ya forman parte de la casa. Esta editorial en concreto tenía muy buena pinta (aparte de que el librero me cae muy bien y le tengo por un tipo bastante sensato, etc). Me reuní con ellas y muy bien, me encantó… Y aquí el Pero: necesitaban almacenar libros por el tema de los costes de imprenta. Ay. Yo con el almacenaje no te puedo ayudar. Me cuentan luego que han encontrado una distribuidora para esto, UDL, y fenomenal, me alegro, ha sido un acierto para todas: editorial, distribuidora y las librerías donde llegarán. Es un final feliz.

Nosotras tenemos que tener mucho cuidado con estas cosas por la forma que tenemos de trabajar, de financiarnos. Porque nos financiamos con ventas reales. Esto que decía ayer Diego Moreno de que era muy fácil empezar a publicar porque con el primer libro, por la colocación en librerías, ya financias el segundo… Nosotras no lo hacemos. Desde que enviamos un libro a librerías hasta que lo facturamos y luego cobramos y pagamos pueden pasar de seis meses a un año. Eso sí: es un dinero de verdad, con el que la editorial cuenta. Trabajamos con muy poquitas librerías en firme.

Y también tenemos que tener mucho cuidado, y así acabo, con las librerías con las que trabajamos. No podemos estar retirando libros cada dos meses. Hay librerías con las que no podemos trabajar por este motivo, que es un motivo económico. Tengo la responsabilidad, insisto, por el tipo de editorial con la que trabajo y me gusta trabajar, de ser viable económicamente. Librerías que no te pagan, o librerías a las que les prestas los libros y luego no hay manera de facturarlos, ya sea porque no los venden, ya sea porque no encuentran el momento de pasarnos esas ventas, nos lo ponen muy difícil. Sobre todo las que no te pagan. Qué feo es esto. Porque no trabajamos con casi ninguna librería a vencimiento, les prestamos los libros, confiamos en ellas, y facturamos nada más los que nos dicen que han vendido, o los que no vienen cuando les tenemos que pedir que nos los devuelvan para que el depósito no crezca sin parar y sin sentido.

Aquí ya es cuando imagino que suena la campanilla con la que nos amenazó Paco al inaugurar el Encuentro (y que no se atrevió a hacer sonar…). Vuelvo a pedir disculpas (lo siento) y me bajo del atril, toda azorada. Es un tema este el de la timidez. Me tenéis que invitar más veces para que se me pase, que aunque tal vez no lo parezca por todos lo apuros por los que paso cuando tengo que hablar en público, lo cierto y verdad es que estoy bastante convencida y feliz con lo que hago, con lo que intentamos hacer.

Gracias por llegar hasta aquí.


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