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Una metáfora de la vida. Guelbenzu en Babelia

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El maestro fundador

El triunfo del huevo es un magistral conjunto de relatos de uno de los grandes pioneros estadounidenses del género: Sherwood Anderson

[Nos hacemos echo de una reseña publicada en Babelia.Por José María Guelbenzu]

Sherwood Anderson pertenece a la categoría de los padres fundadores de la narrativa norteamericana junto a nombres como Hawthorne o Melville. Lo es gracias a George Willard, el protagonista de todos los cuentos que componen su temprana obra maestra Winesburg, Ohio (Alianza). Es el gran innovador-fundador del género en su país. Su aportación hace pensar en un Chéjov americano (a quien, por cierto, no había leído) que nos dirige a los extraordinarios relatos de Nick Adama, de Hemingway, y se extiende hasta el minimalismo de Carver o Tobias Wolff al menos.

Anderson tiene un tema favorito que ilumina desde varios focos: la vida y anhelos de la gente de un pueblo del Medio Oeste, unos obsesionados con salir de allí para buscar nuevos horizontes, otros para encontrar un sentido a su vida pequeña. Anderson es dueño de una escritura excepcional que se resume en tres palabras: llaneza de estilo. Su escritura es realista, pero distinta al realismo entonces imperante (Theodore Dreiser). El suyo es un cargado de lirismo y evocación y alimentado por una prodigiosa capacidad de acertar en la imagen y la palabra adecuadas.

El triunfo del huevo

El triunfo del huevo es un conjunto de relatos posterior a Winesburg, Ohio. En todos ellos se advierte la maestría de su autor, aunque no sean de calidad pareja. El que da título al libro es una metáfora de la vida frustrada donde brilla su característica apreciación de los detalles menores; con esta sencillez resume el sentido del relato: «Quien tiene pocas pertenencias se aferra a ellas con fuerza. Esa es una de las verdades que hacen que la vida sea tan deprimente». La recreación del mundo rural habla de las pequeñas alegrías, sentimientos y temores, que, sin embargo, encierra a las gentes en la rutina mental, es una obra de arte y leer sus cuentos es como recordar los días amados y pasados en contacto con la naturaleza y su progresivo acomodo a una vida sin horizontes.

Son cuentos muy buenos ‘La otra mujer’, historia de una aventura el día antes de la boda de un hombre, un alarde de sensibilidad y complejidad de la conciencia. También destacan ‘Maternidad’, ‘Los hermanos’ o ‘La mujer de Nueva Inglaterra’, que ofrecen además un punto festivo. En ‘Lámparas sin encender’ el vacío del miedo y la ruptura de la seguridad conviven con la belleza, los paseos meditativos y la fluidez del tiempo; un doctor taciturno y frío y su hija se reencuentran y piensan que han de hacer un esfuerzo por acercarse de una vez y emitir un gesto afectuoso. Junto a esta pieza maestra destaca ‘De la nada, hacia la nada’, donde la joven Rosalind, que abandonó Willow Springs para instalarse en Chicago («La gente dice que no es más que un pueblo grande, sucio y ruidoso, y quizá sea cierto, pero hay algo allí que está vivo»), vuelve al pueblo para tratar de entender cuál es su destino y saber a qué carta quedarse. Un prodigio de matices acompañado por la imagen real, y simbólica, de dos hombres que representan las dos opciones de vida, uno en el pueblo y otro en Chicago, que coexisten en ella como «dos voces, cada una de las cuales lucha por hacerse oír». En cierto modo, esta nouvelle es una especie de summa de toda su temática.

Reseña publicada en Babelia.


El triunfo del huevo está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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