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Una ficción en la que es necesario creer

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¿To be or Fb? ¿Ser o parecer? Sobre el Hamlet take away de la compañía Berardi Casolari y otras visiones

Por Angela Albanese

Gianfranco Berardi y Gabriella Casolari, autores, actores y directores teatrales, se conocen en 2001. Ella es de Emilia Romaña, él de Puglia, invidente. Ella de movimientos sobrios y parca en palabras, él exuberante, virtuoso funambulista del gesto y de la palabra.

Del feliz cortocircuito de opuestos caracteres, orígenes y lenguas, y gracias a que ambos comparten precedentes experiencias teatrales, nace oficialmente en 2008 la compañía Berardi Casolari que da vida, ya desde sus primeros años, a diferentes producciones teatrales premiadas por el público y por la crítica.

«Creemos que lo que hace la gente durante todo el día es un esfuerzo por encontrar una posible narración de lo externo que sea al menos un poco vivible. Pensamos también que esto es una ficción en la que es necesario creer».

Esta breve reflexión, extraída de Finzioni a cui credere del escritor italiano Gianni Celati, nos lleva directamente al corazón de una de las dos cuestiones, ambas neurálgicas y estrechamente entrelazadas, que parecen prevalecer como motor temático e hilo conductor de la poética teatral de Berardi y Casolari.

Se trata de la interrogación, artística y filosófica, en torno a la necesidad humana de construir narraciones del mundo, narraciones de sí mismo, y de la investigación de los límites difusos que separan la realidad de sus simulaciones, la verdad de sus falsificaciones, a través del teatro –quizás la más fantástica de las artes–.

El terreno insidioso que Berardi y Casolari nunca han temido sondear desde sus primeros espectáculos teatrales es el antiquísimo conflicto del individuo con sí mismo y con el tejido social en el que vive, la tensión entre lo verdadero y lo falso, la realidad y la ficción.

Un terreno este cada vez más resbaladizo frente a la contemporánea dictadura del «me gusta», del mostrarse a toda costa, un objetivo al que se llega incluso a costa de construir ficciones disfrazadas de realidad.

El otro tema basilar que alimenta la poética y la práctica teatral de Berardi y Casolari es el de la ceguera, enfermedad que Gianfranco Berardi sufre desde los 19 años y que, en sus diferentes producciones, no tiene reparo en tematizar en toda su incómoda dimensión, ya sea real o metafórica.

La ceguera es un impedimento físico, un obstáculo objetivo a la visión; sin embargo, a lo largo de los años, superado el periodo del dolor agudo por la pérdida de la visión, se ha convertido para el autor en una renovada experiencia que deja al desnudo su propia fragilidad y le hace descender a la oscuridad de los infiernos para volver a subir más fuerte, más libre.

Tal y como él mismo comentaba en una entrevista concedida hace algunos años:

«Si no hubiera cerrado los ojos para mirar dentro de mí, habría seguido viviendo en la envidia, en el arribismo, en la competitividad. La ceguera ha supuesto mi felicidad, me ha liberado dándome la fuerza de vivir por un trabajo altruista, por pasión. El escenario ha sido mi salvavidas».

La enfermedad física no consiente nunca ni al autor-actor ni a los personajes ciegos que interpreta abandonarse en un cómodo victimismo. Nunca ha mostrado ningún rasgo que pudiera asimilarlos a la tipología de la víctima, que presentaría, probablemente, un estatus material y simbólico envidiable.

Ningún dispositivo victimista alimenta la práctica artística de Berardi, como tampoco la vida en precario equilibrio de sus personajes; estos más bien asumen siempre una forma desbordante, desacralizadora, irresistiblemente tragicómica y autoirónica.

El rechazo de cualquier piedad alimenta todos los discursos de los personajes creados por la pluma de los dos autores. Esto sucede, por ejemplo, con los cuatro excéntricos personajes cuyas existencias se cruzan en la «tierra del amor» del irreverente espectáculo Land Lover (2009), ganador del proyecto Nuova Creatività, un folclórico predicador para nada milagroso, una devota suya, un empresario y un transexual.

Sucede también con el único protagonista de la pluripremiada obra Io provo a volare! Omaggio a Domenico Modugno (2010), de y con Gianfranco Berardi y con dirección ya madura de Gabriella Casolari, así como en el impúdico y desgarrador espectáculo In fondo agli occhi (2013), confiado en este caso a la sabia dirección de César Brie.

Tras el excelente espectáculo La prima, la migliore (2015), producido por Emilia Romagna Teatro Fondazione en ocasión del centenario de la primera guerra mundial y libremente inspirado en la obra maestra del antimilitarismo del siglo XX, Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque, el tema de la ceguera corporal y alegórica, junto al de la insidiosa e insinuante contigüidad entre la esencia y la apariencia, entran de lleno en la dramaturgia de Berardi y Casolari.

Así se plasma en Hamlet take away (2018), posiblemente la obra más completa de la compañía desde el punto de vista dramatúrgico en la que confluyen, alcanzando su plena madurez, temas y formas estilísticas de su precedente producción artística.

Desde su estreno en 2018 dentro del importantísimo escaparate dedicado a los nuevos lenguajes de la escena contemporánea italiana que es el festival «Primavera dei teatri» de Castrovillari (Cosenza, Italia), la obra ha sido llevada a los escenarios en multitud de ocasiones tanto en Italia como en el extranjero, además de haberle reportado a Gianfranco Berardi, entre otros numerosos reconocimientos, el importante premio Ubu 2018 al mejor actor.

Berardi interpreta en él, en un vigiladísimo juego metateatral, el papel de un inadaptado Hamlet contemporáneo; junto a él está la discreta Gabriella Casolari en el papel de su guía y maestra de escena, presencia casi hierática y portadora de una liturgia de movimientos mínimos con los que dirigir al protagonista.

El Hamlet que perfila Berardi es un Hamlet vestido con una camiseta del Inter en la que luce el número 9 de delantero, es un paladín moderno de una generación encapsulada entre los menores de treinta y cinco y los mayores de sesenta y tres, entre el estudio que no sirve para nada y el trabajo que no llega, es hijo de una madre obsesionada con Candy Crush y de un padre que trabajó en la compañía siderúrgica Ilva de Tarento y que, como otros tantos obreros y habitantes de la zona, enfermó a causa de la brutal contaminación ambiental provocada por la empresa.

Vuelven con fuerza, en este Hamlet de nuestro tiempo, los rasgos distintivos y los temas de la poética de Berardi y Casolari afrontados con pericia en un juego refinado de ensamblaje a partir del hipotexto shakesperiano. La reflexión sobre la ceguera se entrelaza con otra, lacerante, sobre la peligrosa confusión entre ser y parecer; evidentemente, no es casual la elección, por parte de la compañía, del Hamlet de Shakespeare atravesado completamente por el leitmotiv de la sinceridad.

Es una relación, la que existe entre apariencia y esencia, que se explaya entre caústicas reflexiones metateatrales sobre el arte del teatro, sobre la crisis de las apremiantes emergencias de la actualidad mediática, sobre la improbable salvación a condición de que los actores de teatro se modernicen y se decidan finalmente a llevar a escena trabajos «de gran envergadura. De arte culinaria. Hagamos un Chefspeare. Es un must en teatro. William Master Chefspeare».

En esta carrera sin tiempo, el teatro –en la aguda provocación de Berardi y Casolari–se actualiza y se hace en low cost, teatro para llevar, teatro take away, así como take away es también el amor: se pide en casa y se consume delante de una pantalla, sin necesidad de moverse.

Ser o no ser quiere decir hoy, para Berardi y Casolari, estar o no estar en las redes sociales. El dilema por antonomasia ya no se interpreta con la calavera de un bufón en la mano, sino con un teléfono móvil abierto y un perfil de Facebook, en una carrera sin meta con el único objetivo de mostrarse, de cualquier modo, bajo cualquier forma, incluso a costa de mentir.

El Hamlet amargo y cáustico de Berardi es también, sin embargo, piadoso. Llegamos así a otro de los grandes temas que recorre la obra entera: la relación entre la verdad y la mentira y la cuestión de los diferentes matices que adopta el acto de mentir.

***


Este texto hace de prólogo a la obra  Hamlet Take Away. La puedes encontrar —o encargar, si en ese momento no lo tienen— en estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa, y no están, seguramente, todas las que son…

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