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«Traducir es como hacer un puzzle, pero sin estar seguro de que tienes todas las piezas». Una conversación con el traductor Santi Pérez Isasi

Seguimos con la sección En torno a la traducción, donde entrevistamos a las traductoras y los traductores del catálogo Librerantes. En esta ocasión charlamos con Santi Pérez Isasi, investigador de Literatura Comparada, autor, lisboeta adoptivo y traductor de las novelas El camino imperfecto, de José Luís Peixoto, y Dolencia, de Hélia Correia, publicadas por La Umbría y la Solana. Le planteamos las mismas preguntas que la semana pasada ya nos contestó Montserrat Armas.

Entremos en contexto. Hay muchas definiciones sobre el concepto de traducción. Se apuntaba en la charla con Paula Zumalacárregui que traducir es «leer en profundidad» y ella nos decía que es «reescribir en tu lengua lo que otra persona imaginó en la suya». Para ti, ¿qué es traducir?

Creo que Paula explica mucho mejor de lo que yo sería capaz lo que significa traducir. De hecho, cuando estaba traduciendo los dos libros para La Umbría y la Solana, pensaba que quizás no haya un lector tan exhaustivo como un traductor, porque no solo tiene que leer cada palabra del texto, sino reflexionar sobre ellas, sobre lo que quieren decir y sobre las conexiones que pueden establecer con otras palabras del mismo texto, con la cultura de origen, con la tradición literaria… No se trata tanto de encontrar la palabra que signifique exactamente lo mismo en una lengua y otra, sino de encontrar aquella que va a producir el mismo efecto y despertar las mismas resonancias en el lector de la lengua de llegada.

Saramago decía que los traductores son «los otros autores». ¿Estás de acuerdo?

En parte, sí, desde luego que la traducción tiene una parte creativa (y también una parte algo más mecánica o de «picar piedra»). Hay algunos aspectos de la creación que corresponden solo al autor de la obra original (trama, personajes, etc.), pero en el aspecto lingüístico, estilístico, del tono de la obra, el traductor desde luego tiene que ser un segundo autor y su labor condiciona de forma radical cómo va a ser leída y recibida esa obra.

Además de dominar los idiomas de trabajo, ¿qué características crees que debe tener un/a buen/a traductor/a?

Traducir es como hacer un puzzle, pero sin estar seguro de que tienes todas las piezas

Imagino que una cierta sensibilidad lingüística, literaria y cultural, para saber detectar referencias, connotaciones, recursos estilísticos que deben, en la medida de lo posible, conservarse en la traducción. También creo que es importante cierta meticulosidad, o incluso cabezonería, porque a veces la elección de una palabra u otra, una posible traducción u otra, es una cuestión de detalle que solo se aprecia después de darle muchas vueltas, y otras veces lleva bastante tiempo hasta encontrar una solución satisfactoria (y a veces no hay una solución completamente satisfactoria…). Es como hacer un puzzle, pero sin estar seguro de que tienes todas las piezas.

¿Qué te llevó a escoger este oficio?

En realidad tengo que aclarar que traducir no es propiamente mi oficio: me gano las lentejas como profesor universitario. Había hecho ya algunas traducciones académicas en mi área, y una de un ensayo que estaba entre lo académico o lo divulgativo, pero las primeras traducciones propiamente literarias son las dos que he hecho para La Umbría. Y tengo que agradecérselo a Feliciano Novoa, el editor de La Umbría, que me contactó por intermediación de Antonio Sáez Delgado, el director de su colección de literatura portuguesa con quien he colaborado bastante en los últimos años. Lo cierto es que, como digo, no es mi oficio, pero es una ocupación que me gusta y me interesa, así que espero poder repetir en los próximos años…

Cuéntanos sobre una palabra o expresión que te haya resultado particularmente difícil traducir. ¿Cómo lo resolviste? 

Un caso curioso en la traducción de Dolencia fue que en el original aparecen muchas veces las palabras cabelo y cabeleira, porque la protagonista destaca por una abundante melena pelirroja. Y le di bastantes vueltas a cómo traducir esas palabras. Porque en portugués estándar se diferencia cabelo (que es solo el de la cabeza) de pelo (el del resto del cuerpo, pero no el de la cabeza). En español llamamos pelo también al de la cabeza, mientras que cabello parece pertenecer a un registro más elevado o poético (nadie dice que «va a cortarse el cabello» o «me estoy secando el cabello»). Al final me decidí por «pelo» y «melena» para casi todas las apariciones de esos términos, menos una o dos veces en que, por el contexto, sí que parecía requerirse ese registro más elevado.

Otro aspecto que pensé bastante fue el del título. En portugués es Adoecer, que significa «enfermar», pero este no me parecía un título tan sugerente, ni por fonética ni por etimología, como el original. Pensé en la opción de «adolecer», pero, aunque también significa «enfermar», lo solemos usar en la expresión «adolecer de», o sea, tener un defecto. Así que, con la conformidad de los editores, y creo que también de la autora, me decidí por el sustantivo «dolencia», que mantiene la sonoridad del original y además parece sugerir una mezcla de dolor y dulzura, que tiene mucho que ver con lo que sufre la protagonista.

En tu opinión, ¿qué crees que es más importante, que nuestro nombre aparezca en portada o que se nos incluya en el proceso de promoción de la obra (presentaciones, firmas, charlas…)?

Creo que el hecho de aparecer en la portada es un paso muy importante para visibilizar la labor de los traductores, y también en las reseñas que se hagan del libro. (Aquí tengo que hacer un cierto mea culpa, porque cuando empezamos el blog Un Libro al Día, en el que colaboro, no incluíamos los nombres de los traductores, pero luego nos hicieron ver que eso era un error y ahora los incluimos siempre). No creo que sea tan necesario participar en la promoción de la obra, claro que serviría para que los lectores fueran conscientes de la existencia de los traductores, su labor y su importancia, pero quizás no es tan imprescindible.

Entramos en polémica. ¿Qué opinas de los avances en traducción automática? ¿Crees que la posedición es el futuro?

Profesionales hay, y muy buenos, lo que hace falta es pagarles lo que se merecen para que puedan vivir dignamente de su trabajo.

Nuevamente, creo que tengo poco que decir en este ámbito, porque la traducción no es mi campo profesional, como comentaba. Por lo que he leído en Twitter, la mayoría de los y las traductores/as están en contra de la posedición, porque elimina precisamente el aspecto creativo, está peor pagado y puede llevar más trabajo aún que hacer la traducción de raíz. En todo caso, sea en traducción o en posedición, lo fundamental es que quien traduce reciba un pago adecuado, justo y digno por su trabajo, y que las empresas no se escuden en el típico «es que no hay profesionales que quieran hacer este trabajo». Profesionales hay, y muy buenos, lo que hace falta es pagarles lo que se merecen para que puedan vivir dignamente de su trabajo.

Nos gustaría que nos contaras sobre la traducción que más te ha gustado o de la que te sientes especialmente orgulloso.

Pues sin duda tendría que volver a hablar de Dolencia. Traducir El camino imperfecto, de José Luís Peixoto, también me gustó mucho, pero Dolencia, de Hélia Correia, me enamoró. Es una obra maravillosamente escrita, algo exigente de traducir en algunos momentos pero preciosa, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta. Poder traducirla al español ha sido un placer y un honor, y espero haber conseguido hacer justicia al texto original.

¿Cómo te gustaría acabar?

Dándoos las gracias por la entrevista, y por vuestra labor visibilizando la labor de los y las traductores/as.

9788412351255
Cubierta de la edición en español de Dolencia, de Hélia Correia. (La Umbría y la Solana, 2021)

Cubierta de la edición en español de El camino imperfecto, de José Luís Peixoto (La Umbría y la Solana, 2020).
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