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Un mundo propio con huellas de Kafka, Beckett o Camus 

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Una aproximación plural, rigurosa y completa a Gonzalo Hidalgo Bayal es la propuesta que realiza la revista cultural Turia n.º 137-138 en su amplia sección monográfica denominada Cartapacio. Un conjunto de trabajos, tanto creativos como ensayísticos, de análisis y divulgación, en los que encontraremos como principal protagonista a uno de los más sugerentes y singulares escritores españoles de las últimas décadas. Un autor secreto todavía para muchos pero que bien merecería gozar de un público lector más amplio que el que brinda el aprecio de la crítica especializada y los medios literarios.

Aunque es cierto que la obra de Hidalgo Bayal debe mucho a autores como Kafka, Camus o Beckett, su riqueza creativa, su temática y su estilo lo convierten en un autor que va más allá de ser solo su heredero. No en vano, el universo bayaliano posee un trasfondo de humanismo metafísico de genuino cuño. Es decir, Bayal posee un mundo propio y, como escribe Concha D’Olhaberriague en el magnifico artículo que, con el título de «Azar, paradoja y desolación. Una lectura de la obra de Gonzalo Hidalgo Bayal», abre el monográfico que le dedica Turia: es la suya una «obra ambiciosa, compleja y de fuerte cohesión, concebida en sus líneas básicas desde el comienzo como un gran drama humano de la solitud e incomunicación, donde la vileza, la humillación y la venganza andan al acecho, aunque también hay momentos alciónicos de camaradería, vislumbres de amistad y actos compasivos».

Si hubiera que trazar un breve análisis de su obra literaria, diríamos que su narrativa está marcada por su capacidad de seducir al lector con atmósferas enrarecidas, una prosa densa y clara, en la que explora de manera brillante y natural el lenguaje y que se caracteriza por su ironía e intensidad. Entre sus temas predilectos están la fatalidad, el sentimiento de culpa o la incertidumbre. Fue, además, gran amigo de Rafael Sánchez Ferlosio a quien le ha dedicado innumerables textos e intervenciones entre los que destaca Camino de Jotán. La razón narrativa de Ferlosio, publicado en 1994.

Según Concha D’Olhaberriague, en los libros de Hidalgo Bayal encontraremos siempre «una prosa compacta, culta, concéntrica y ajustada, rica en sugerencias y nítida». Una prosa en la que «narrar, decir y evocar forman estrecha relación». A estas características «hay que añadir el humor (y el ingenio) y sus registros varios, preferentemente el irónico y la parodia, la potencia de lo simbólico y el fulgor de una lengua morosa y contenida, de hondura poética, filosófica y moral, que impele a detenerse, retroceder y releer por mor de la apreciación cabal, a fin de no perder el hilo (o los hilos) ni desatender los frecuentes comentarios de metaficción y los juegos verbales, marca característica de su estilo».

La profesora Concha D’Olhaberriague, una de las mayores estudiosas de su literatura, ha coordinado este magnífico monográfico sobre Gonzalo Hidalgo Bayal. También participan con artículos inéditos autores y especialistas como: Luis Landero, Álvaro Valverde («La objetivación de la tristeza. La razón poética de GHB»), Ricardo Menéndez Salmón («Epitalamio y funerales de Roma con Cartago»), Ana Calvo Revilla («La trayectoria narrativa de GHB»), Pilar Galán («La subversión del héroe: los cuentos de GHB» , Juan Ramón Santos, Fernando del Val («La misantropía como relación social»), Tomás Sánchez Santiago («Vidas transfiguradas»), Alfonso Ruiz de Aguirre («Un evangelio kafkiano y carnavalesco: Paradoja del interventor»), Fernando Parra Nogueras («Nemo o la sacralización del silencio»), Elías González Cano («Una aproximación al humor de GHB») y David Matías («Nosotras, sus alumnos»). Cierra el Cartapacio, una completa «Biocronología» elaborada por Miguel Ángel Lama.

Gonzalo Hidalgo Bayal y Luis Landero

Gonzalo Hidalgo Bayal

Un tema clave de este monográfico de Turia es el análisis de la profunda relación de amistad que existe entre Gonzalo Hidalgo Bayal y Luis Landero. Son auténticos compañeros de espíritu. Y, además, puede decirse que esa afinidad los engrandece a ambos. Sin duda, pocos ejemplos tan extraordinarios de amistad de escritores como la que los une desde hace décadas.

Una relación personal que se mantiene ya desde hace treinta años pero que empezó antes como lectores de sus respectivas obras. Fue con sus primeras novelas. Landero lo cuenta así en Turia:

«A veces, a un escritor se le conoce de golpe. Basta leer unos cuantos párrafos, incluso unas líneas, para conocerlo a fondo. A mí enseguida me sedujo su mundo, y cuando digo su mundo no me refiero sólo a la creación de una historia, de unos personajes, de un ambiente…, aunque también, por supuesto, sino a esa cosa indefinida que se capta al vuelo: el laboreo verbal, la impresión de que allí todas las palabras tienen un valor, la música, el tono, el estilo… Entonces surge la amistad literaria. Cuando nos conocimos personalmente, de algún modo éramos ya viejos amigos. Luego, con el trato, nuestra relación adquirió un tono sentimental. Yo a Gonzalo lo admiro y lo quiero desde hace mucho tiempo».

Sus vínculos con Gonzalo Hidalgo Bayal son descritos así en Turia por Landero:

«Nos conocemos muy bien, y nos entendemos con pocas palabras, como los héroes de los wésterns crepusculares. Ahora bien, en el trato cercano, Gonzalo se transforma. Es un gran conversador, una de las personas más sabias y divertidas que conozco. Es agudo, ingenioso, cordial, tiene muy buenos golpes… Creo que hubiera estado en su ambiente en el ágora ateniense, en tiempos de Sócrates».

Además, la revista Turia publica un amplio y clarificador texto inédito del propio Gonzalo Hidalgo Bayal titulado Las lágrimas de Miguel Strogoff. En él, el autor extremeño nos dirá que sigue leyendo y que, si no lo hace con la misma voracidad de antaño:

«… sí lo hace con la misma voluntad y con un punto de la antigua esperanza. Porque si a pesar de todo seguimos en el empeño es solo a la espera de que, mientras sigan los pájaros cantando, en algún momento recuperemos de nuevo con emoción el mismo sentimiento de plenitud que escondían las lágrimas de Miguel Strogoff, el llanto de José ante sus hermanos, la angustia de Raskólnikov, las voces de Darl, de Jewel, de Vardaman…, la intermitente sensación de que a la postre todo está bien hecho y de que, más allá de la brisa marina y de la brisa triste por los olivos, aún perduran la antiguas mañanas de verano, la sobria y áspera brisa de la higuera, la ciencia del bien y del mal y las redundancias del carácter».

Turia reivindica a Ramón J. Sender en el 120 aniversario de su nacimiento

En las dos secciones que Turia dedica a temas y protagonistas aragoneses y/o turolenses, destaca un oportuno artículo de José Domingo Dueñas Lorente en el que se hace balance de la fama póstuma de Ramón J. Sender al celebrarse, este año, el 120 aniversario de su nacimiento.

Según la opinión de uno de los mayores especialistas en su obra, el lugar que ocupa Sender en la historia de España y de su literatura :

«… se ha modificado en aspectos relevantes en los últimos lustros. En este tiempo, la literatura del aragonés ha gozado de un interés constante por parte de no pocos estudiosos, nuevas promociones de analistas han accedido a sus textos y la resonancia de su obra se expande por distintas partes del mundo».

Para demostrar esa tesis de la vigencia de Ramón J. Sender, el autor del artículo que publica Turia realiza un detallado y descriptivo recorrido por las nuevas aportaciones bibliográficas que enriquecen el acervo de investigaciones críticas sobre Sender, así como las múltiples y diversas nuevas ediciones de varios de sus títulos que acreditarían los avances en la esforzada difusión de una obra ingente y de singular interés literario. No en vano, concluye José Domingo Dueñas Lorente:

«… de este cúmulo de referencias parece inferirse que la producción senderiana ha accedido finalmente a una nueva etapa de sereno conocimiento y de profusa divulgación; un periodo que presagia una consideración consolidada y firme que hasta hace poco se negaba al autor. Claro que la solidez y la capacidad de sugerencia de su obra dejan escaso margen para la duda».

También en dichas secciones se publica un pormenorizado artículo de Carlos Paterson sobre Rafael Anglés (Ráfales, Teruel, 1730 – Valencia, 1816), organista turolense de la catedral de Valencia.

Completan el sumario de Turia, las secciones «La isla» (que contiene fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas ilustrados por Isidro Ferrer) y «La Torre de Babel» (una cuidada y amplia sección de crítica de libros, en la que se analizan las más interesantes novedades editoriales en el ámbito de la narrativa, el ensayo y la poesía).

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