Inicio»Puentes»Comenzar a leer»Un combinado en el bar del hotel. Blixa en Praga

Un combinado en el bar del hotel. Blixa en Praga

0
Compartidos
Pinterest Google+

Viena→Praga.

En los ochenta intentamos tocar aquí bastantes veces. La primera con la ayuda de unos conmovedores melómanos checos: tras nuestra llegada a Praga, una cadena de llamadas telefónicas debía transmitir las coordenadas de nuestro concierto ilegal. Veníamos de ya no me acuerdo dónde, y llegábamos muy tarde. Nos quedamos tirados en un aparcamiento, sin gasolina. La gasolina se conseguía sólo con marcos, con marcos y en un horario concreto. En cualquier caso, no en un aparcamiento en mitad de la noche. Le compramos algo de carburante a un camionero turco, nuestro conductor lo sacó sorbiendo con una manguera directamente de su depósito. Acabó vomitando. Nuestro bajista condujo. Llegamos a las cuatro de la mañana al piso de nuestros conmovedores melómanos checos: fichas escritas a mano con información de grupos occidentales por doquier, copias de entrevistas traducidas al checo. Copias en casete de segunda, tercera o enésima generación. Haber llegado antes no hubiera aumentado las posibilidades de acabar dando un concierto aquí, creo yo; no había equipo, y nos hubiéramos encontrado como mucho con un par de tipos más.

Blixa BageldFue nuestro primer intento fracasado, más o menos en 1983. En 1987, en el marco de la Marcha Olof Palme por la Paz, se nos invitó a participar desinteresadamente en dos conciertos benéficos que tendrían lugar en Múnich y en Pilsen (CSSR). No éramos los únicos: Udo Lindenberg («Yo toco de gratis, pero a mi banda hay que pagarle»), Haindling, Die Toten Hosen y un par de famosetes más, al resto he tenido a bien olvidarlos. Para nosotros y para los Hosen la gracia era tocar en Pilsen, por eso aceptamos, pero poco antes del concierto en Múnich se dejó de hablar del de Checoslovaquia. Aunque el Movimiento Pacifista Alemán quería arrimar el ascua del entendimiento entre los pueblos a su sardina, la verdad es que sin duda se había optado por anular el concierto a la chita callando, por presuntas dificultades organizativas. Sólo las amenazas conjuntas de thy en consiguieron el objetivo: Pilsen, sí. De mañana —Hosen, Neubauten y Haindling (Udo, no)— se nos facturó a Pilsen en un bus checo, o sea, volver a cargar: discusiones con la visa, obstáculos en la frontera.

Curiosamente tuvimos que hacer noche en una pensión de veras espantosa a pocos quilómetros de Pilsen (nos querían hacer tragar que no había hotel para nosotros en Pilsen: gracias, Movimiento Pacifista). El festival debía llevarse a cabo en un pequeño estadio o en un campo de deportes o algo así. Tocaban bandas checas, se ve que también algún grupo de la RDA (no55), diversos amantes de la música de la mitad democrática del país habían conseguido llegar hasta allí por caminos poco transitados, evitando a la Stasi, que les esperaba en la estación: se bajaban antes y hacían el último trecho a pie.

12:00 del mediodía: Haindling actúan en playback, no se complican la vida. Los sigue una banda new wave checa en trajes plateados, vuelan guijarros (¡el suelo es de grava!). El público no está aquí por la fauna autóctona, vaya.
16:00 horas: Die Toten Hosen. Primeras cargas del combinado policía checa-seguridad nacional alemana contra la masa. La tensión crece. Los Neubauten mientras tanto han tenido demasiado tiempo libre, han bebido demasiada cerveza (Pilsner Urquell), han confraternizado con sus fans. Un cristal se hace añicos. Se fuerzan puertas. Me están entrevistando en el tejado del club para un fanzine del Este, abajo los vándalos con placa de los servicios secretos asaltan el camerino. Nuestra tour manager inglesa, más bien menuda, es zarandeada por los de la chaqueta de cuero. Mucho escándalo. La cosa llega a las manos. En la esquina, ignorado, un conmovedor melómano checo, que niega con la cabeza porque sabe lo que va a venir. Tardan un rato en encontrarme. Fuera los guijarros caen algo más numerosos sobre las bandas locales del régimen. Nos sacan a malas del camerino y nos dejan dos o tres horas sentados al fondo del escenario, bien visibles, con todo el instrumental apilado: una panda de borrachos rodeados de basura industrial, musicalmente inútil.

Entonces llegó la decisión: nada de Neubauten. Explicación oficial: punk. Nos fletan de vuelta en el bus, rodeados de policía, Stasi y pastores alemanes. Contienen a un público muy entregado.

Yo todavía berreé un poco por la ventanilla y lancé una hoja con un manifiesto a la masa, y de allí nos sacaron escoltados por un oficial hasta la frontera con Baviera. «¡A partir de aquí podéis ir andando!»

Esa mismísima hoja lanzada volvió a mis manos en 1990, tras la Revolución de Terciopelo. Me la mostró una periodista en la rueda de prensa con motivo de nuestro primer concierto «oficial» en la República Federal Checa y Eslovaca.

«Theydon’twant to letusplay. They are afraid. They are afraid of you! »
Praga, 2008, Archa, sótano:
Die Wellen
NagornyKarabach
Dead Friends
Let’s Do It a Da Da
WeilWeilWeil
Unvollständigkeit
TagelangWeiß
Rampe / Von wegen
Die Befindlichkeit des Landes
Sabrina
Susej
Ichwarte

De Praga no vi nada esta vez, sólo el Archa y el nuevo aparcamiento adyacente.


Europa. Una letanía está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.