• Inicio
  • >
  • En portada
  • >
  • «Me gusta ver al traductor como un huésped en el sentido más amplio del término». Una conversación con Felipe Cammaert

«Me gusta ver al traductor como un huésped en el sentido más amplio del término». Una conversación con Felipe Cammaert

En esta décima entrega de la sección En torno a la traducción hemos contado con la participación de Felipe Cammaert, investigador de la Universidad de Aveiro y traductor del portugués y del francés. Cammaert ha sido investigador en la Universidad de Coímbra (CES-Portugal), en la Biblioteca Nacional de Colombia, y docente en las Universidades de Picardie (Francia), Lisboa (Portugal) y Los Andes (Colombia). Ha traducido del portugués numerosos autores como António Lobo Antunes, Lídia Jorge, Itamar Vieira Junior, Paulo Faria, Hélia Correia, Paulo José Miranda, Francisco José Viegas y Boaventura de Sousa Santos, entre otros. Es también traductor del francés de textos literarios y académicos. En 2021 fue beneficiario del proyecto piloto europeo i-Portunus (Comisión Europea / Europa Creativa) de ayudas para la movilidad de artistas y profesionales de la cultura, en la convocatoria de traducción literaria. En el catálogo de Librerantes tenemos su traducción de La costa de los murmullos (La Umbría y la Solana, 2021), de Lídia Jorge

Decía Aitana Vega. en esta misma sección, que traducir «no se trata solo de trasladar palabras, sino significados y emociones. Hacer sentir al lector en la lengua de llegada lo mismo que quien lee en la lengua original». Para ti, ¿qué es traducir?

Creo que hay tantas definiciones de lo que significa traducir como traductores en el mundo, por lo que desconfío de las fórmulas categóricas en ese sentido. Además, mi idea sobre este tema cambia a medida que voy traduciendo más textos. Entre las muchas definiciones, me quedaría con dos: por un lado, la de Umberto Eco: «decir casi lo mismo» creo que resume bien las complejidades y los desafíos de la transposición lingüística y cultural. Por otro lado, me llama la atención la imagen de la hospitalidad del lenguaje de la que habla Paul Ricœur. Me gusta ver al traductor como un huésped en el sentido más amplio del término, aquel que abarca el uso común y el menos frecuente de la palabra: a la vez quien está alojado en un espacio, y quien hospeda a alguien. De hecho, en francés, hôte/hôtesse son términos utilizados corrientemente para estas dos situaciones opuestas. El traductor, para mí, es alguien que siempre está en el umbral, con un pie dentro y otro fuera, hospedado en el idioma extranjero y, al mismo tiempo, acogiendo a los nuevos lectores en su lengua.

Además de dominar los idiomas de trabajo, ¿qué características crees que debe tener quien traduce?

Pienso que el traductor también debe ser, a su manera, un artesano, en el sentido de quien practica un oficio con método y minuciosidad

Pienso que el traductor también debe ser, a su manera, un artesano, en el sentido de quien practica un oficio con método y minuciosidad, porque traducir es llevar a cabo una obra de carpintería, paso a paso, e idealmente en un proceso de constante construcción. Pero el traductor o la traductora deben igualmente ser osados en sus elecciones, sin que ello les haga sentirse infalibles. Además de dominar los idiomas, estoy convencido de que el conocimiento de los distintos matices lingüísticos es fundamental, pues muchos de los obstáculos a los cuales nos vemos enfrentados tienen que ver con los distintos niveles de expresión según el contexto. Por esa razón, a pesar de que se trate de un oficio bastante solitario, quien traduce no puede ser introvertido sino que, por el contrario, tiene que compartir sus dudas con otros hablantes del idioma de partida. En síntesis, creo que la traducción implica un alto grado de curiosidad de parte de quien se encuentra en el medio de dos universos.

Si solo pudieras darle un consejo rápido a alguien que se está planteando estudiar traducción o que acaba de empezar en el oficio, ¿qué le dirías?

En mi caso, llegué a la traducción literaria por mi actividad de investigador y docente, además de mis conocimientos en portugués y francés. Por ello, no me atrevería a dar consejos sobre el camino de los estudios de traducción. Tratándose de la traducción literaria, mi recomendación es la misma que se escucha por todas partes: leer muchos libros, de registros variados, y en cuantos idiomas extranjeros sea posible para cada traductor/a principiante. Pero, también, mientras se lee no sobra imaginarse cómo sería tal frase o tal párrafo en tu lengua materna. Traducir mentalmente y sobre la marcha es un buen ejercicio.

9788412351262
Cubierta de la edición en español de La costa de los murmullos, traducida por Felipe Cammaert y publicada por La Umbría y la Solana (2021).

¿Cómo fue el proceso de traducción de La costa de los murmullos? ¿Aprendiste algo nuevo en el proceso, te topaste con algún juego de palabras peleón…?

Como se trató de una segunda traducción al español, el primer reto fue el de obviar la excelente versión de Eduardo Naval, de 1989, teniendo siempre presente que la que yo estaba produciendo era otra versión, mi traducción. De alguna manera, el hecho de que la primera edición de mi traducción haya sido publicada en Colombia facilitó este trabajo, pues siempre pensé que el público lector sería distinto. Debo decir que la edición de La Umbría y la Solana pasó por un proceso de adaptación al «español peninsular» que contó con mi aprobación, y el cual fue posible gracias a un trabajo muy riguroso (y respetuoso) de Feliciano Novoa y su equipo. Ahora bien, más que algún juego de palabras problemático, recuerdo mi sorpresa al ver que yo había elegido intuitivamente «saltamontes» (una palabra muy importante en el libro) para traducir el término portugués «gafanhotos», mientras que en la traducción de Eduardo Naval (que consulté, claro, pero sólo después de haber acabado la mía) aparecían «langostas». Hoy sigo pensando que tengo suficientes motivos para haber preferido los saltamontes a las langostas, como lo expuse en este texto que escribí hace unos meses para la revista digital fronterad.

Sabemos que el portugués y el español son lenguas vecinas y con muchas similitudes, pero (como pasa con todos los idiomas) eso no las exime de tener expresiones muy suyas, estrechamente ligadas a la cultura de cada país; culturas que, aunque cercanas, no dejan de ser diferentes. ¿Cómo te enfrentas normalmente a las palabras o expresiones que se resisten a traducirse fácilmente?

No sé si me equivoco, pero en lo que respecta a la dificultad de encontrar la palabra o expresión más justa, esa vecindad lingüística puede llegar a ser una ventaja en muchos casos. Sin embargo, traducir del portugués al español es más complejo de lo que parece, justamente por la proximidad que mencionas. Si te confías, acabas siendo víctima de una cierta inercia sintáctica que a primera vista puede pasar desapercibida en español pero que, en las lecturas posteriores, saca a relucir su extrañeza. Por esa razón me parece importante releer tu traducción olvidando, por un momento, el texto portugués y las correspondencias de sentido, para así poder desprenderse del evidente parentesco entre estas dos lenguas románicas.

Entramos en controversias. ¿Qué opinas de los avances en traducción automática? ¿Crees que la posedición es el futuro?

Por lo que he podido ver, la traducción automática no tiene cabida en la traducción literaria. En otras vertientes de esta práctica, es posible que haya más posibilidades de confiar en las herramientas informáticas, aunque también tengo mis dudas. Hace unas semanas compré una planta carnívora en un supermercado, y en el folleto informativo en español estaba escrito que era necesario regarla con agua hirviendo, cuando obviamente se referían a agua hervida… Si yo no fuera traductor, la planta había muerto a borbollones (risas). La traducción literaria es, también, un acto de creación artística, una interpretación del texto original sujeta a los códigos del original, por lo que ninguna máquina podrá remplazar el gesto que un humano ha hecho y que nosotros, traductores/as, tenemos que replicar en otro idioma como humanos que somos.

Nos gustaría que nos contaras sobre la traducción que más te ha gustado o de la que te sientes especialmente orgulloso.

La traducción de La costa de los murmullos fue un viaje en el tiempo hasta el África colonial portuguesa, el cual vio la luz en 2018 (cuando se publicó la edición de Uniandes en Colombia), hizo una bella escala en México (con la edición, de 2020, de Elefanta), y que se prolonga ahora con la edición de La Umbría y la Solana en España. Como colombiano, me parece importante que en el mundo de la traducción se den cada vez más ese tipo de intercambios Sur-Sur o Sur-Norte. Así como en España se leen los autores latinoamericanos con mucho interés, lo mismo debería pasar con los traductores. Recientemente disfruté muchísimo traduciendo el best seller del momento en Brasil, la magnífica novela Tortuoso arado, de Itamar Vieira Junior. Adentrarme en el universo rural de los afrodescendientes, en sus creencias y en su lucha contra la exploración laboral, fue una experiencia única. Paradójicamente, y aunque se trate de dos obras muy distintas, estos dos libros me confrontaron con el maltrato de las poblaciones africanas por parte de los representantes de sistemas coloniales, o de sus herederos.

¿Te gustaría añadir algo más?

Los ninjas, como los traductores, sólo deben ser sigilosos mientras están en acción

A pesar de que lo que diré es «llover sobre mojado», ¡dónde más si no estos espacios para reivindicar nuestro trabajo! Aquí aprovecho para felicitarlos y agradecerles por este espacio. Van entonces algunas ideas sueltas y no resueltas. Anhelo el día en el que quienes practicamos la traducción literaria seamos considerados como verdaderos creadores/as de un objeto artístico en sí mismo y no como simples operarios técnicos. En consecuencia, sueño con que tengamos el debido reconocimiento por nuestro trabajo en la sombra, reconocimiento que pasa por tener nuestro nombre en la cubierta de los libros (#translatorsonthecover) pero también por una justa retribución económica y unas condiciones laborales dignas. Me pregunto qué sería del mercado internacional del libro sin el trabajo abnegado de quienes contribuyen a la expansión del conocimiento, de la imagen y —en los casos más conocidos— del éxito de los escritores y las escritoras. Ya no recuerdo quién dijo que los traductores son como los ninjas, pues si los notas es que no son buenos. Es evidente que concuerdo con esta fórmula; si hay algo que me incomoda es el traductor omnipresente, aquel que en cada cuartilla se inventa una nota al pie de página para explicarte hasta el más mínimo matiz de una palabra, expresión o elemento del contexto. Pero me permitiría añadir que los ninjas, como los traductores, sólo deben ser sigilosos mientras están en acción. Para el resto, como cuando se trata de cobrar por su trabajo, sí que deben estar al descubierto, cueste lo que cueste.

 

Librerías recomendadas

Entradas Relacionadas

Deja un comentario

novedades

  • el insaciable hombre araña
  • cubiertanievesmuriel##14 9defaf maquetación 1Out of stock
  • 9788412472967

ensayo

  • cartas en torno a manolo millares, pablo palazuelo y otros. una correspondencia (2018 2022) entre alfonso de la torre y joan gómez alemany
  • 9788412348576
  • cuaderno de viaje al país natal