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Erotismo, humor, terror, perros y asesinatos…Todo son historias de amor

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El lector viejo

Como sucede con el cuerpo y con la mente, la capacidad lectora se beneficia del aporte de la experiencia, aunque sufre igualmente los rigores del tiempo. Por un lado se desarrolla el olfato, la capacidad de discernir entre lo aprovechable y lo que no, ese pequeño sexto sentido que a ciertas alturas evita perder el tiempo y nos guía por el camino directo al centro. Por el otro la acumulación de noticias, artículos, blogs y ficciones de todo tipo, entre las que se cuentan también, por qué no, cómics, series o películas, hacen cada vez más difíciles las posibilidades de asombro o ese sentimiento de estar ante algo novedoso, como un explorador en territorio virgen. Si en una parte de la balanza pesa la perspicacia y la agudeza al enfrentarse a unas palabras por escrito, por la otra también hay que tener en cuenta al cansancio por la edad y, en la mayoría de las ocasiones, por una sucesión de lecturas desde la infancia o la adolescencia: una tras otra forman no una línea recta sino más bien una curiosa espiral de ida y vuelta, un particular tornado que es parte de nuestra constitución.

Casi siempre (no sé si esto es una impresión demasiado personal) los géneros que ganan cuando pasan los años son los llamados de no-ficción, desde los ensayos sobre cualquier materia hasta los artículos divulgativos o los reportajes, entre otros. Y se van dejando justo los que nos deslumbraron años antes, como cuentos o novelas. El que suscribe estas líneas al menos se encuentra en ese punto en el que había puesto sus esperanzas en otras tierras cuando se topa con que los lugares de siempre  mantienen algo más que su atracción intacta. Y algo se acerca a tu oído para finalmente gritarte: ESTÁS VIEJO. Porque, maldita sea, el problema es uno: hay que ponerse en forma de nuevo.

Y así es una alegría encontrarse con un libro de relatos como Todo son historias de amor, de la escritora portuguesa Dulce María Cardoso, editado por La umbría y la solana (traducción de Pedro Rapoula y Jerónimo Pizarro). Supone un golpe para el lector que se consideraba a sí mismo avezado y que más bien estaba agotado por deméritos propios: un bofetón que nos recuerda que hay libros capaces de devolver al buen camino al lector descarriado (servidor de ustedes).

Valga esta pelín egocéntrica introducción para reflejar que las siguientes líneas no están escritas desde el punto de vista de un reseñista o crítico, sino precisamente del lector (no me grite más VIEJO por favor) que no esperaba ya ser sorprendido y le sorprenden. Y de la satisfacción que da algo así. Y del propósito de enmienda para que no vuelva a producirse ese estado en el que uno se sumerge por desidia «oh, ya nada puede conmoverme».

Dulce maría Cardoso
La autora, Dulce María Cardoso

En Todo son historias de amor, Dulce María Cardoso, nos muestra una sucesión dispar de relatos que tiene como hilo conductor al amor, entendido de forma variada, y no siempre positiva, pero al fin y al cabo es amor si nos atenemos al título del libro.

La sorpresa

Hablábamos antes de sorpresa. Y es que la escritora consigue algo muy difícil: hacer que cada cuento parezca distinto, a veces se diría que hecho por autores distintos…pero sin variar el estilo. Muchos escritores se permiten sobre todo en los cuentos variar sus voces, cambiar radicalmente el tema de uno a otro, como si de actores en diferentes papeles se tratase. Es la libertad que ofrece ese cajón de sastre del relato. Esta escritora sin embargo desarrolla cuentos muy diferentes siendo fiel a sí misma.

¿Cómo lo hace? En muchos casos recurre a ciertos recursos de la poesía, como reiteraciones de diverso tipo repartidas por el texto, o un aliento que sin llegar a poder considerarse prosa poética sí que mantiene una cierta carga lírica. Casi siempre elige con tino un punto de vista inesperado, a veces extremadamente imaginativo. Un ejemplo está (y no hacemos spoiler porque se percibe desde el principio) en el primero de los relatos, donde el amor entre personas y animales se refleja mediante la perspectiva del espíritu de un perro ya muerto. El resto se los dejamos para que los descubran.

De la dulzura de algunos cuentos, la reflexión biográfica, el erotismo o el trazo humorístico, y sin dejar de ser ella siendo otra siempre, la autora llega hasta el límite de la literatura de terror en los magníficos Los Ángeles por dentro, Este azul que nos rodea o Retrato de un joven poeta. Hay cuentos que son fábulas fantásticas y también historias policíacas que parten de hechos verídicos, en concreto el de la desaparición de Joana Cipriano, o recuerdos particulares de accidentes ferroviarios como el del puente Hintze Ribeiro. Detrás de muchos de algunos temas recurrentes como el nacimiento en las colonias portuguesas, la muerte del padre o la vida en los pueblos (todas ellas pasajes reales vividos por Cardoso). Estos temas no funcionan exactamente como hilo conductor, más bien calan casi todo el libro con diversa intensidad, desaparecen en unos momentos y vuelven más tarde, con un efecto, digamos, de envolvimiento.

Entre la belleza y la dureza, el amor entendido de forma amplia y compleja enlaza este conjunto de cuentos en los que la pericia de la escritora portuguesa le da a tal cuestión una vuelta de tuerca con la suficiente sutileza para que no se perciba. Y así, Todo son historias de amor Muestra una literatura inteligente, sensible y solo aparentemente sencilla, pues tiene Dulce María Cardoso el don de esas gentes que hacen cosas difíciles como si fueran fáciles.


Puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no lo tienen— este mismo libro en estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa, y no están, seguramente, todas las que son…

Cubierta de Todo son historias de amor La umbría y la solana, 2020)

Sobre la autora

Escritora por­tuguesa nacida en la región de Tras-os-Montes, al noroeste del país lusitano. Su infancia tras­currió en Angola y regresó a Portugal en 1975, al lado de muchos otros retornados que volvían tras la independencia de las colonias. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lisboa y trabajó como abogada antes de dedi­carse, a tiempo completo, a la escritura.

Ha escrito Campo de Sangre (2002), su prime­ra novela galardonada con el premio Aconte­ce de Romance; Mis sentimientos (2005), dis­tinguida con el Premio Europeo de Literatura, y La tierra de los gorriones (2009), a la que se le concedió el Premio Ciranda. Su cuarta novela, El retorno, publicada en español en esta edi­torial, recibió el Premio Especial de la Crítica (2011) en Portugal.

«No hay lugar para la vergüenza entre nosotros. Nos conocemos hace mucho tiempo. No necesitas desviar los ojos ni recorrer con ellos, como lo haces ahora, estas paredes llenas de repisas con libros. ¿Puedes creer que antes de los veinte y un años yo nunca había leído un libro? Solo aquellos que servían para aprender algo. A los veinte y un años aún leía a tropezones las palabras escritas y no sabía lo que muchas de ellas querían decir. Parece inverosímil para quien hoy mira esta biblioteca. No hay en ella un solo libro que no haya leído. Mi biblioteca. Tuve todas las vidas que leí. Miles de vidas. Pensarás que deliro. Mis ideas ya son un poco confusas, pero no a este respecto. Las vidas que leí no fueron menos mías. No hay gran diferencia entre lo que se vive leyendo y lo que se vive viviendo. Miles de vidas nos esperan en el silencio de los libros. El silencio de los libros no es igual al nuestro».

De La biblioteca, uno de los relatos recogidos en Todo son historias de amor.
Dulce María Cardoso

 

 

 

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