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Todo era un proyecto

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Mi madre estaba embarazada de mí cuando mis padres compraron nuestra casa frente a la estación de tren. Y en pleno parto se mudaron de un edificio medio en ruinas en el centro del barrio a esta zona en extensión donde antes se había erigido la industria de la ciudad. Concretamente, nuestro edificio lo levantaban sobre el terreno de unos antiguos hangares de la Renfe.

Vida de provincias, de María Yuste. Newcastle, 2017

La vivienda, de protección oficial, la construía un tal Francisco González que remataba su prestigio inventado con la comodidad de una cocina amueblada (a excepción del frigorífico) y el proyecto de un gran bulevar comercial (aún por diseñar) que revalorizaría la zona convirtiéndola en el nuevo barrio de moda.

Todo era un proyecto; el futuro, el barrio, nuestro apartamento, nuestra familia, el jardín… yo. Porque rodeada de las entrañas de mi madre, crecía en su interior al mismo tiempo que el esqueleto del que iba a ser nuestro hogar lo hacía entre chimeneas industriales y otros edificios en menor estado de construcción.

Mis padres paseaban y con la excusa lo visitaban. Habían adquirido uno de los pisos exteriores que estaba previsto que con el tiempo dieran a un jardín, entonces no mucho más que un montón de barro con un árbol bajo el que vivía una familia de gitanos. Contemplando los cimientos de su futuro hablaban con ellos, que se lamentaban por tener que marcharse de allí, dejando atrás su hogar.

Y con hogar se referían al árbol porque vivían a la intemperie.

En verano estuve lista para nacer y las llaves del piso listas para entregar. Durante los primeros paseos de mi existencia las ruedas de mi carrito se hundieron en el fango y mis primeros sueños los interrumpieron ruidos de escombros y martillazos. Pero éramos propietarios.

Propietarios de un edificio que empezó a resquebrajarse incluso antes de cumplir nuestro primer año. Hipotecados en mala suerte, dijeron. Y el bulevar… El bulevar nunca llegó a construirse, aunque veinticinco años después descubra que mi madre aún lo espera por mucho que los bulevares ya ni siquiera estén de moda.


Vida de provincias está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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