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Todo ahí afuera es peligroso menos todos los demás. Por Eduardo Almiñana

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Por Eduardo Almiñana

El cantautor asturiano se estrena en la novela con una historia que a la manera de los pobladores del infierno alucinado de los profetas, está compuesta por todo tipo de apéndices.

Quieres ser diferente para no ser igual que los demás, que se esfuerzan en ser diferentes de maneras diferentes que en el fondo, en esencia, son iguales. Quien quiera que haya puesto la trampa, sabía lo que se hacía. Vas un paso por delante del discurso: ya sabes que estudiar idiomas como chino, portugués o ruso te hace igual al resto. Quizás lo verdaderamente auténtico sea analfabetizarse, desaprender todo lo posible. Renunciar. Has pensado en obtener una licencia básica de navegación que te permita echarte a la mar -a un máximo de dos millas de distancia de la costa y siempre de día- y sentir que recuperas esos saberes ancestrales de los que los seres humanos antes que tú han hecho uso pero que ahora han caído en el olvido por la comodidad de la especialización, pero resulta que entrando por la bocana del puerto te has encontrado a muchos conocidos que han tenido la misma idea que tú para llegar exclusivo al verano, para llegar supervivencialista, para llegar autosuficiente; preguntas por un curso de vela latina, hay lista de espera, correr es tan común que dentro de un tiempo tendrá que ser reivindicado y ahí estarás tú, mientras tanto anuncias que te marchas de las redes porque quieres tocar la realidad en lugar de publicar en debates estériles, te habías prometido no hacerlo, no ser una de esas personas que lo anuncian todo, que dicen sin móvil hasta nuevo aviso, que dicen que ya no pueden más con la mezquindad de las redes pero que son incapaces de leer una hora seguida sin mirar el móvil porque su cerebro es un adicto a las notificaciones y sin ellas el silencio puertas para adentro de uno mismo se vuelve aterrador. Cambias de perspectiva: como atrapado en un agujero negro, la única salida es en dirección al presente. Con fuerza, con ganas. Sin esperanza pero tampoco todo lo contrario.

La bestia colmena

Has empezado a deslizar en algunas conversaciones opiniones que han levantado más de una ceja: te atrae ese fascismo de baja intensidad que se encuentra al otro lado de la frontera, ¿y si tienen razón? ¿Y si ellos tienen razón? Ahora que pocos son diferentes. Son de verdad. Por supuesto no quieres adscribirte ni militar, solo perfumarte con su sudor peligroso, quieres ser peligroso, nunca has sido peligroso. Todo ahí afuera es peligroso menos todos los demás. Los demás están tan perdidos como tú. Acabas de leer La Bestia Colmena de Pablo Und Destruktion publicada por Hurtado & Ortega Editores esperando dar con algo diferente pero encuadrándolo dentro de una generación, de una corriente, de una forma de hacer ya en la primera página. Detestas sin embargo a esa gente que se pierden en las referencias, en los hallazgos: es hora de asumirlo, asumidlo, todo el mundo es o ha sido cortazariano. Todo el mundo es o ha sido beat. ¿Hay algo más pasado que lo beat? Todavía puede pasarse un poco más, cuando se pase más hasta parecerse a Arévalo podremos volver a considerar la posibilidad de no mirar para otro lado cuando alguien hable de la carretera. Pablo Und Destruktion tiene una canción sobre Limónov que te encanta porque haber conocido a Limónov en el libro Limónov de Carrère te hacía sentir muy diferente y todavía no se te ha pasado la resaca. Pablo Und Destruktion es un personaje en un libro de Mr.Perfumme. Pablo Und Destruktion ha leído a Byung-Chul Han, ha llevado el infierno de lo igual a su terreno, ha sacado de ese infierno a una abominación, la Bestia Colmena, que encarna eso en lo que nos estamos convirtiendo en ese proceso de homogeneización diabólica que lleva en marcha hace ya tiempo pero que ahora se ha acelerado tanto que los contornos se nos han desdibujado hasta el punto de volvernos irreconocibles, indiferenciables. Lo de la marca personal se lo dejas a quienes viven en el ayer, incluso recelas del retorno a lo natural que propugnan los makers instalados en las cumbres de las empresas-nación, hay gato encerrado en eso de que sus hijos estudian sin tecnología, no te lo crees, en realidad ya no te crees nada, Trump tiene razón, en todo, no sabes por qué, pero persiste ese sabor de la intuición amarga, no sabes qué creer, no sabes si deberías creer, quieres creer, pero no en la energía, no en la homeopatía, no en el reiki, no en todo eso con lo que ya coqueteaste hace una década, cuando creer olía a madera de sándalo; ahora quieres creer en algo mucho más elevado, algo a la altura de ti, de tu diferencia, de tu mirada crítica sobre ese mundo que se ha replegado en sí mismo devorándote en silencio, con mucho ruido, como una planta carnívora invisible que no muestra sus límites para que te disuelvas en su interior soñando con que eres libre. Quieres creer en una salida, quieres ser original, piensas en el Islam. Piensas en el catolicismo. Deseas haber nacido judío. Ahora ya no puedes ser judío, no judío de verdad. Ahora entiendes el sobrecogimiento de los templos, podrías entregarte al eco de la catedral. Consagrar tu unicidad a algo resistente, recio, ahora te atrae lo sólido, lo robusto, lo rígido. Te has cansado de ser flexible
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Reseña publicada en Cultur Plaza.


La bestia colmena está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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