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Tirar menos y leer más

El boletín del domingo

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Golpeaba un bote de crema de manos con dosificador contra el otro, uno encima del otro, boquilla contra boquilla para que el de arriba soltara toda la que le quedaba y pudiera acabar así dentro del otro, cuando ha entrado mi hija, «Qué haces, mamá». Me ha mirado completamente extrañada, tras un rápido intento de entender… cuando ha caído al fin, descifrando la escena. «No quiero que se desperdicie», le he dicho, convencida y cortante, porque me ha mirado como si fuera poco menos que una excéntrica avara. Ha llevado un rato, pero lo he conseguido; casi todo el producto ha acabado en el bote nuevo. Y yo tan feliz, triunfante. Otra de esas batallas que le gano al mundo moderno, porque el mundo moderno está hecho para que sea así de complicado apurar un bote de crema, en modo alguno diseñado para poder ser apurado. Usar y tirar. Y además le he podido colocar enterito el discurso a mi hija. Que ser madre es también un poco eso.

Asesinato entre las yucas

Me he acordado, claro, a las mesas de novedades. Lo hablaba con Paz Gil, librera de Santander, estos días de atrás, no recuerdo ahora al hilo de qué: esas librerías clones unas de otras, con los mismos libros en las mismas mesas de novedades, esos montones y montones de libros, los mismos, una y otra y otra vez. Qué hartazgo. Una semana o dos duran ahí. Y luego el cambio, y un buen montón de libros y libros, los mismos, sin abrir, de vuelta a los corrales. Como los montones de periódicos y revistas que devuelven los kioskeros y las kioskeras. Qué pena de librerías, con lo bonito que puede ser el oficio… Pero qué sé yo, qué sé yo, cada cual en su casa y Dios en la de todas. Al cabo, es lo que da la prensa ‘especializada’, empiezas a leer un artículo sobre una ex-trabajadora de Silicon Valley y te das cuenta de que es la reseña de un libro entero (!), maldita sea, me la han vuelto a colar. ¿Por qué no se regula esto, por qué no se pone que es publicidad? Más o menos me lo imagino. Será uno de esos montones de libros, fijo. Un libro enterito sobre algo que se puede contar con las palabras que ha usado el que ha escrito la reseña. Bueno.

En mi caso, y como quiera que ya me he salido con la mía una vez hoy, ganándole la guerra a un bote de crema, y por ver si soy capaz de conseguir otra victoria, os voy a poner aquí un libro de nuestro fondo (La umbría y la solana, 2019) que no vais a encontrar nada más que unas cuantas librerías librerías, es decir, en librerías que piensan qué van a colocar en las mesas de novedades más allá de lo que sale en la prensa ‘especializada’, librerías donde podemos entonces colocar nuestros libros (gracias): un clásico moderno que recomendamos muchísimo y con el que siempre triunfamos, que se lee en un ratito y que deja muy buen poso: Asesinato entre las yucas, de Bai T. Moore.

«Formalmente, Asesinato entre las yucas es un relato sencillo, tramposo y escueto, narrado en primera persona por su protagonista; un relato no muy diferente del viejo camión del camino de Bopolu: avanza a empujones y con torpeza. Este camión, prácticamente, es el único elemento relativamente moderno de una novela que, por lo demás, casi podría transcurrir en cualquier punto de la tierra posterior al descubrimiento de la agricultura. No obstante, hay cierta elegancia en la manera en que la violencia anunciada en el primer párrafo se le hurta al lector mediante la elipsis…»

Por cierto que he visto que les quedan aún un par a las de Afroféminas. Corred, que se acaban…

GRACIAS


Librería Gil Santander


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