Inicio»Portada»Thomas Mann sobre Nerón, el poeta sangriento

Thomas Mann sobre Nerón, el poeta sangriento

0
Compartidos
Linkedin Pinterest WhatsApp

No es la voluntad, sino el furor

Múnich, 4 de junio de 1923¹

Estimado Kosztolányi:

Con emoción acabo su manuscrito, esta novela del emperador y del artista, porque con este texto ha, con su poderoso y delicado talento, cumplido o incluso superado las expectativas despertadas desde la publicación de los relatos de Die magische Laterne. Su ascenso difícilmente puede sorprender a aquellos que ya han disfrutado leyendo sus primeros trabajos. Pero de todos modos, me gustaría describir su Nerón como sorprendente, agregando que en mi mente esta palabra, cuando se trata de creación artística, es un gran cumplido. Esto significa que esta obra es más que un simple producto de la cultura húngara o europea; lleva claramente la impronta del atrevimiento personal, proviene de una soledad valiente, toca nuestras almas por su fuerte originalidad y por una humanidad tal que nos duele a fuerza de ser verdad. Esta es la esencia de la poesía y su poder. El resto es solo academicismo, máxime si pretendemos ser revolucionarios.

Nos ha regalado, en esta forma apacible que le es habitual, una obra libre, llena de ardor, de cierta manera inesperada, que refleja la vida de la época que ha estudiado con detenimiento sin buscar ni un segundo los efectos teatrales, sin traicionar ni un segundo la erudición arqueológica, porque todo es natural y se da por sentado. Aquellos a quienes usted ha puesto en escena bajo la forma de personajes históricos son seres humanos, cuya interioridad se abre a los abismos más profundos.

En esta novela de doloroso diletantismo hasta la sangre, comparte con nosotros sin vergüenza y malicia todos sus conocimientos sobre el arte y la vida de un artista, y al hacerlo se sumerge en el abismo, junto a toda la melancolía, a todo el horror y a todo el ridículo de la vida. Ironía y conciencia: los dos elementos son uno, y este es el fundamento de la poesía. Nerón a menudo es salvaje, desproporcionado, grandioso en sus desesperados fracasos; pero como personaje, coloco por encima de él a Séneca, ese poeta cortesano, sofista del autodominio que, sin embargo, fue un verdadero sabio, un gran hombre de letras, y cuyas últimas horas me han abrumado, como pocas cosas en el arte o en la existencia. Igualmente magnífica es la escena en la que el filósofo y el emperador se leen sus poemas y se mienten recíprocamente el uno al otro. Pero esta escena no se puede comparar con esta otra, toda impresa de una profunda melancolía, y que es la que prefiero en la obra, aquella en la que Nerón, en su creciente furia y martirio, herido en el fondo de su ser, intenta en vano ganarse la confianza fraternal de Británico, que posee la Gracia y el Secreto, que es poeta y que, con ese egocentrismo extraño y tranquilo, peculiar de los artistas, rechaza con indiferencia al violento e impotente emperador, empujándolo a su fin. Sí, es hermosa, es magnífica, es magistral. Y hay muchas cosas de este nivel en la novela que atestiguan su especial familiaridad, no solo con las profundidades del alma, sino también con la vida en sociedad: con un simple gesto, sin esfuerzo, hace surgir escenas e imágenes de la vida de la antigua metrópoli que expresan críticas sociales particularmente notables.

Estoy feliz, querido Kosztolányi, de poder ser uno de los primeros en enviarle mis mejores deseos para este maravilloso trabajo. Siguiendo a todos estos escritores que, desde Petőfi y Arany hasta Ady y Móricz Zsigmond han hecho tanto por el prestigio de las letras húngaras, aporta una nueva distinción y, mejor aún, une su joven nombre a la lista de los que construyen la vida del espíritu y la cultura europeos.

Suyo cortésmente.

Thomas Mann

¹Nota de la editora: Cuando Kosztolányi escribió Nerón se encontraban bastante aislado en Hungría por motivos políticos —en lenguaje llano, le llovían palos de todos los lados— así que comenzó a buscar reconocimiento internacional, uno de los pocos que le respondió fue Thomas Mann, quien accedió a escribir una carta recomendando Nerón y que Kosztolányi usó para la edición en alemán. Más adelante, esta carta fue incluida en las ediciones húngaras y, como he leído, también en la francesa (que es donde leí por primera vez Nerón).
El libro
nerón, el poeta sangrientoNerón, el poeta sangriento (1922) retrata la vida del emperador Nerón, el poeta diletante que en vano aspira a captar la belleza y, frustrado, se convierte en preso de sus oscuros instintos y en un déspota sanguinario.

Kosztolányi presenta de forma magistral un cuadro vivo de la antigua metrópoli de ese período, así como de la sociedad de la época, al mismo tiempo que retrata de forma escalofriante el dramático cambio psicológico del emperador de un joven ingenuo en un déspota cruel, tratando de manera lúcida un tema eterno y siempre actual: cómo el poder es capaz de pervertir a una persona, y cómo el fracaso personal puede conducir a la tragedia en toda una sociedad.

Traducida del francés por Susana Romanos, editora de Greylock.

Dezső Kosztolányi (1885-1936), nacido en el seno de una familia de intelectuales de provincia, en 1903 se instaló en la capital magiar para estudiar en la Universidad de Budapest. A los veintiún años, abandonó sus estudios para dedicarse al periodismo. En 1907 publicó su primer volumen de composiciones líricas (Entre cuatro paredes) pero no fue hasta 1910 cuando obtuvo su primer gran éxito con Los lamentos del pobre niño, en el que aparecen ya las características esenciales de su escritura: el amor hacia las pequeñas experiencias de la vida cotidiana, y un encantador intimismo.

El éxito de su obra se debió en gran medida a su actitud inquieta y a su experimentación lúdica y creativa con el lenguaje. En sus obras poéticas posteriores añade el sentimiento de la soledad del hombre extraviado en la selva de la metrópoli, un humorismo sutil, levemente grotesco, y un temor creciente de la muerte. En sus novelas, no emplea los acostumbrados recursos del género psicológico, sino que el foco se centra en las ya comentadas pequeñas vivencias de lo cotidiano (Nerón, el poeta sangrientoAnna Édes o Alondra), destacándose en este sentido sus relatos en torno a la figura de Kornél Esti.

Kosztolányi ha ejercido una vasta influencia, singularmente en el aspecto estilístico, sobre los escritores húngaros contemporáneos.

Librerías recomendadas

 

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.