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Tensar la escritura para no acabar. Por Concha García

Artículo publicado en nuestra revista #somoslibrerantes 1.

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Ana Cristina César

En mucha (no toda) de la poesía escrita por mujeres encontraba las realidades que me interesaban profundamente más allá del campo de lo simbólico, como el lenguaje, el dolor de existir, y las diversas temporalidades que atravesamos a lo largo de nuestra existencia.

En otro escenario, igualmente válido, aparece la voz de la poeta Ana Cristina César (1952-1983). De la poeta brasileña me llamó la atención una rotunda espontaneidad capaz de transmitir con el lenguaje una fuerza que removía el orden aparente de las palabras.

Ninguna reverencia a las formas: escribe lo que quiere y como quiere. Su propuesta es variopinta y política. El discurso no se moldea en una sola dirección y deja secuelas a su paso bajo la sombra de desechos autobiográficos y de ficciones incrustadas en el texto, para dar forma a un arte poético al margen de todo lugar común. En el decir de Deleuze, su poesía no es una fuga, significa toda una ruptura. «El tiempo cierra./ Soy fiel a los acontecimientos biográficos/ ¡Más que fiel, oh, tan presa! ¡Esos mosquitos que/ no me dejan en paz!/ ¡Mis nostalgias ensordecidas/ por cigarras! […]».

Hay una pintura de William Hogarth, que le gustaba a Ana Cristina César, titulada: Perspectival Absurdities. En su largo y magnífico poema «Luvas de pelica» («Guantes de gamuza») (1980), traducido por Teresa Arijón y Bárbara Belloc, en unos versos hace referencia a dicha obra, y después de enumerar los detalles del cuadro, advierte que los fragmentos del paisaje son correctos, pero la perspectiva errada.

Sus poemas alcanzan la misma visión que desencaja el orden de aparición, sus retahílas de frases disparan a matar cualquier atisbo de argumento convencional. «¿Por qué esa falta de concentración? / Si me amas ¿por qué no te concentras?».

La perspectiva es precisamente lo que más estremece. El cuidado desorden produce placer estético, pero antes necesita una voluntad de acomodación a esa nueva propuesta, o mejor, horma; de ahí el interés que todavía mantiene su escritura. Mueve. No importa hacia dónde va dicho movimiento.

Sabemos que en la obra de muchos poetas, si no es acompañada o retroalimentada por el contexto donde fue escrita, se produce una pérdida de valor que solo mantiene aquella poesía que sale a flote del contexto. Esa es la razón por la que muchos poemas caducan y son barridos por el tiempo. Quienes se empeñan en considerar la poesía tan solo como un género literario, ayudan a que se descomponga con mayor rapidez. Sobre todo, si a los poemas les falta un vuelo de «vida».

La mayoría de los escritos de Ana Cristina constituyen «un cuaderno terapéutico» donde el sentido, desde el plano más convencional, se dinamita, porque lo que da sentido es la saturación de escritura. Todo le es útil. Desde diarios rebosantes de acontecimientos y reflexiones, a diálogos y discursos dentro de cartas o tarjetas postales, que, además, no concluyen nunca. Las misivas forman el tronco de su escritura fabulado en su vida. Imbricación necesaria: vida y escritura.

Sus tarjetas postales conmueven tanto como los diarios: despliegues de pensamientos interiorizados estallando en el papel. Leerla te hace cómplice. Su presencia, un eco brumoso donde la realidad abre una imagen poderosa para fijarla en la inmediatez de sus destellos. Un rastro de impresiones, historias de paso carentes de principio y fin, alcanzan el nudo de un sentimiento afín. El sentimiento de sabernos también solos.

miro mucho tiempo el cuerpo de un poema
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un hilo de sangre
en las encías

Ana Cristina tensa la escritura para no acabar. Su obra resulta una suerte de summa literaria, en un efecto de escritura infinita y mutante que gira y gira, para que en el movimiento caigamos en la cuenta de que eso «yo también lo he sentido». Ya lo dijo Gombrowicz, la literatura está más bien al lado de lo informe y lo inacabado. Ninguna metáfora al uso puede sobrevivir en estos textos, sólo asociaciones, palabras vaciadas de su sentido anterior que llegan a la consagración del instante.

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Extracto del libro Miradas en los entresijos. Percepciones alrededor de poemas escritos por mujeres de la escritora Concha García (libros de la resistencia, 2020).
Este texto es uno de los contenidos de nuestra revista en papel. Tal vez aún queden ejemplares en tu librería. Es gratuita.

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