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Segovia

Ha sido por algo peor que el descuido: un cansancio anticipado de todo, incluido el placer de escribir Argumentos para películas. Fernando Pessoa (La umbría y la solana, 2017) Me invitan muchas veces a dictar conferencias o donde esa, pero la verdad es que no me paseo por el mundo con una conferencia bajo el brazo, ni me gusta llevar conferencias escritas. Y tengo siempre la preocupación de que el escritor fulano (yo) no pase por este o aquel sitio

Tres librerías tres, una conspiración y el primer poemario de Guille Galván (Vetusta Morla) El autor comienza su gira presentación en La Puerta de Tannhäuser y la continúa, los días 16 y 17 respectivamente, en Letras Corsarias de Salamanca e Intempestivos de Segovia. Tres librerías independientes y molonas, «La Conspiración de la Pólvora», unidas para organizar presentaciones de autores y editoriales que os van a encantar. Fuera de los circuitos habituales de presentaciones y preparadas con mucho amor. Los versos de

Tres librerías tres, una conspiración y el primer poemario de Guille Galván (Vetusta Morla) El autor comienza su gira presentación en La Puerta de Tannhäuser y la continúa, los días 16 y 17 respectivamente, en Letras Corsarias de Salamanca e Intempestivos de Segovia. Tres librerías independientes y molonas, «La Conspiración de la Pólvora», unidas para organizar presentaciones de autores y editoriales que os van a encantar. Fuera de los circuitos habituales de presentaciones y preparadas con mucho amor. Los versos de

Tres librerías tres, una conspiración y el primer poemario de Guille Galván (Vetusta Morla) El autor comienza su gira presentación en La Puerta de Tannhäuser y la continúa, los días 16 y 17 respectivamente, en Letras Corsarias de Salamanca e Intempestivos de Segovia. Tres librerías independientes y molonas, «La Conspiración de la Pólvora», unidas para organizar presentaciones de autores y editoriales que os van a encantar. Fuera de los circuitos habituales de presentaciones y preparadas con mucho amor. Los versos de

Uno de mis hermanos solía explicar las habituales dificultades de convivencia en los pueblos, los odios ancestrales que se tenían los unos a los otros, el mal que se desean, por la imposibilidad de no ver durante un tiempo al que tan mal te cae, no poder alejarte de él; en lugares donde vive tan poquita gente no es fácil no coincidir, por no decir imposible. De manera que tienes, sí o sí, que tomarte el café en el bar cada mañana con el tipo que le dijo no sé qué a tu hermana, o con el que movió la linde a su favor para arañar «ya ves tú, qué miseria de tierra». Todas y cada una de las mañanas, a ese mismo tipo. Es complicado.