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¿Por qué este libro?

En 1959, Jorge Oteiza abandona la escultura y se entrega de lleno a la investigación estética y lingüística. La palabra se convertirá a partir de ese momento…

Como en aquel entonces no conocía del amor nada más que su fama, no sospechaba que quien tiene la bendición de sufrir esa tormenta no llega a sentir una felicidad más grande que la de un cautivo. Y que, si tal cautiverio un día se termina, dolor más grande no sería capaz de sentir

Si lee despacio y con inteligencia a Homero, a Lucrecio, a Shakespeare, a Cervantes, a Montaigne y a Rabelais habrá conseguido más salud espiritual de la que habría obtenido después de tres años en la universidad. Si fuera usted, sería muy ecléctico en mis lecturas. Intentaría dejar atrás el gusto por escritores que no son del todo de primera fila; entre ellos situaría sin duda a Belloc, Chesterton, Flecker y Rupert Brooke