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Libros de trapisonda

Si lee despacio y con inteligencia a Homero, a Lucrecio, a Shakespeare, a Cervantes, a Montaigne y a Rabelais habrá conseguido más salud espiritual de la que habría obtenido después de tres años en la universidad. Si fuera usted, sería muy ecléctico en mis lecturas. Intentaría dejar atrás el gusto por escritores que no son del todo de primera fila; entre ellos situaría sin duda a Belloc, Chesterton, Flecker y Rupert Brooke

Que no se trata solo de leer La semana pasada volvimos a reunirnos en torno a un libro en Enclave de libros. Librerando. Leemos, comentamos, y luego nos vamos al bar de al lado para seguir y por no abusar —más— de la librería que nos cede su espacio. No nos lo pasamos mal, es la pura verdad. …ecos de ese otro mundo misterioso e inmenso por el que el autor siente un «doble y contradictorio sentimiento de fascinación y

Blaise Cendrars pertenece a esa categoría de escritores a quienes aterrorizaba constatar que la mayoría de los hombres se detiene al borde de la vida. Sabía bien que, por regla general, morimos en la infancia de la personalidad. De ahí su obsesión por vivir, por una vida extática, colérica, generosa, desbordante, sedienta de ponerse a prueba en todos los caminos del mundo. Su afán llegaba a tal extremo
Campos elíseos

Subiendo por la avenida de los Campos Elíseos, tanto a dere­cha como a izquierda, cualquier persona que toque una de esas puertas giratorias, que son como innumerables desembocaduras en la ciudad que se precipitan sobre el gangsland y que funcionan como las vento­sas, se queda atrapada y pierde el equilibrio antes de haber dado una vuelta entera sobre sí misma. Es un drama vertiginoso que discurre en un

Un día de marzo de 1933, la doctora Hertha Nathorff fue al cine en Berlín con una amiga y vio a Hitler en el palco de honor. Nathorff era una ginecóloga distinguida, con una consulta privada muy próspera y un puesto de dirección en una clínica en la que atendía sobre todo a mujeres. Su marido, también médico, dirigía un hospital importante en Berlín. Tenían un hijo de 10 años. Vivían en un apartamento

A mediados de la más que agitada, ya terrible, década de los treinta, cuando la guerra civil europea a la que alude Philipp Blom era ya una realidad, Blaise Cendrars (La Chaux-de-Fonds, Suiza, 1887-París, 1961) estaba de vuelta de casi todo. Tanto, que incluso atravesaba uno de los periodos más complicados de su vida. Desde hace tiempo la biografía de este suizo de nacimiento y francés por vocación, de

Hertha Nathorff. Traducido por Virginia Maza y con espléndido frontispicio de Carlos Forcadell Por Esther Peñas Muy buenas tardes, sean bienvenidos cada uno de ustedes, ya vosotros, a este tercer encuentro en torno a la lectura que organiza Librerantes; gracias Raquel Blanco por ser bujía, y a María y Pino por cedernos Enclave como lugar para la palabra. Hoy nos convoca Hertha Nathorff, de nombre legal Hertha Einstein, pariente del Nobel y de Carl Laemmle, uno de los fundadores de
Librerando-Diario-alemana

3ª reunión del club de lectura Librerando Comandado por la gran Esther Peñas, en un marco incomparable como es el de la prestigiosa librería Enclave de libros (al ladito de Tirso de Molina, en el 16 de la calle Relatores), Librerando, un club de lectura a la altura de los libros que nos traemos entre manos. Esta 3ª reunión será el próximo 21 de noviembre girará en torno a Diario de una alemana, de Hertha Nathorff. El libro de Nathorff forma parte con toda justicia de los grandes

¿Qué hicimos para merecer aquello? Por P. Ingelmo Tras atravesar la densidad intelectual de Icaria, Trapisonda nos entrega un magnífico complemento en un librito, deliciosamente editado, que nos va a hacer caminar por el día a día del dibujo global de Uwe Timm. En Diario de una alemana, texto recuperado por esta editorial valenciana y que se añade a los testimonios de muchos de los que sufrieron la barbarie nazi, vamos a conocer cómo se van desarrollando los hechos desde que Hitler

28 de abril de 1939, Hertha Nathorff, se embarca con su marido rumbo a Nueva York en el puerto de Bremerhaven, a bordo del Bremen, donde se habilita un rincón para judíos. Atrás deja las tumbas de sus antepasados en un cementerio profanado de su pequeña ciudad meridional, la visión de los escombros de la antigua sinagoga, el olor de una primavera incipiente que sin embargo preludia un largo otoño tenebroso «¡Qué hermosa sería esta tierra si no ondearan banderas con