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La umbría y la solana

[…] Es gracioso, uno empieza pensando que es retraído, sensible, inteligente, siempre humilde y un paso por detrás y todo lo demás; y entonces resulta que, a los treinta, descubre que es un gran bruto integral, incapaz de apreciar algo más sutil que un beso o una patada, que ruge sus hipocresías a voz en grito, con la piel tan gruesa e insensible como un rinoceronte. Al menos, en mi caso. Por eso nunca debes pensar que te critico a ti. Tú siempre tienes razón, incluso cuando no es agradable tenerla. Ahora, a trabajar, ¡Tocinito!

El lector viejo Como sucede con el cuerpo y con la mente, la capacidad lectora se beneficia del aporte de la experiencia, aunque sufre igualmente los rigores del tiempo. Por un lado se
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I En enero de 1943, en un vagón de primera clase del tren procedente de Roma, viajaban seis personas cómodamente arrellanadas en las butacas rojas. En el largo pasillo envuelto en tinieblas, unas

Lo invisible de Rui Lage encierra muchos de los ingredientes que apasionaban al poeta fundador de la revista Orpheu. La búsqueda de la cuarta dimensión, el ocultismo, la intriga, todos ellos confluyen en este relato en donde se hace visible la admiración del joven escritor portugués por Fernando Pessoa, por su obra y por esa faceta suya más desconocida por la que no le importó confesar su afición: «Uno de los pocos divertimentos intelectuales que persiste en lo que aún le queda de intelectual a la humanidad es la lectura de novelas policíacas. »

Satta nos coloca ante nuestro pasado y nos invita a tomar conciencia de él, a releer «la experiencia de nuestra historia» conscientes de las responsabilidades colectivas e individuales   El nombre de Rusia terminó

Como en aquel entonces no conocía del amor nada más que su fama, no sospechaba que quien tiene la bendición de sufrir esa tormenta no llega a sentir una felicidad más grande que la de un cautivo. Y que, si tal cautiverio un día se termina, dolor más grande no sería capaz de sentir

En enero de 1943, en un vagón de primera clase del tren procedente de Roma, viajaban seis personas cómodamente arrellanadas en las butacas rojas. En el largo pasillo envuelto en tinieblas, unas formas humanas deambulaban en la penumbra, poco dispuestas a pasar toda la noche en pie. De vez en cuando, una de ellas abría la puerta y pedía a los viajeros que concedieran de alternarse en el descanso o que, al menos, se estrecharan un poco para crear un cuarto asiento: unas escenas ya habituales que reproducían en ásperas discusiones el eterno conflicto entre justicia y derecho
El retorno [Dulce María Cardoso]

El retorno se enmarca dentro de la odisea de los que fueron nombrados con muy distintos apelativos: africanistas, colonos, ultramarinos, repatriados, desalojados, refugiados o fugitivos. De los que el Gobierno de aquel país naciente de la revolución de los claveles optó por llamar «retornados» a los que, tras la declaración de independencia de las últimas colonias portuguesas en 1975, fueron obligados de un día para otro a abandonar sus casas en Angola, Mozambique o Guinea-Bisáu. 
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De profundis es una meditación lúcida y dolorosa, de tonos amargos y sarcásticos, en torno a los últimos veinte años de la historia italiana. El régimen fascista y la Segunda Guerra Mundial son el abismo del que surge y al que se dirige la reflexión de Satta.

En su mano izquierda, levantada, sostenía el libro que estaba leyendo. En un momento dado el niño dejó el libro, y con los dos dedos libres de su mano derecha, el índice y el pulgar, comenzó a dibujar letras en un cuaderno que mantenía abierto con mucha dificultad. «Entonces –afirma– tuve la certeza de que estaba presenciando una verdadera pelea, y que, con el simple acto de escribir, el chaval estaba derrotando al dolor de la herida.