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La umbría y la solana

«En esta última novela de Lídia Jorge vuelven a asomar interrogantes sobre los modos de vida de nuestras sociedades occidentales y sus derivas destructivas. Aunque el foco de la narración atienda a una familia lisboeta acomodada, en un momento de crisis en que los hijos regresan al antiguo edificio familiar, los conflictos que la trama propone y desarrolla superan las fronteras de lo local y lo nacional para promover una meditación que abarca a la totalidad del planeta. Esta tensión

Encuentro con Lídia Jorge en torno a su novela Estuario. Acompañarán a la autora Feliciano Novoa y Nuno Veloso Lídia Jorge es muy inteligente en la forma en que ilustra el equilibrio de las situaciones. Por un lado, las ideas equívocas sobre la ayuda humanitaria. Por el otro, el desencuentro de las familias Lídia Jorge (Boliqueime, Algarve, 1946) es una de las escritoras portuguesas más importantes y traducidas de las últimas décadas y su obra ha sido reconocida con los premios

I En enero de 1943, en un vagón de primera clase del tren procedente de Roma, viajaban seis personas cómodamente arrellanadas en las butacas rojas. En el largo pasillo envuelto en tinieblas, unas formas humanas deambulaban en la penumbra, poco dispuestas a pasar toda la noche en pie. De vez en cuando, una de ellas abría la puerta y pedía a los viajeros que se alternasen en el descanso o que, al menos, se estrecharan un poco para crear un

Es verdad que a veces no lo es. A veces le dan ganas a una no ya de invadir Polonia, que decía Woody Allen, sino de arrasarla y no dejar más que desolación y espanto al paso de servidora de todos ustedes, a ver si así se asustan los malos de una vez por todas y se comportan como es debido, hombre ya, al compás de Wagner o no. Me dé Dios paciencia y no una recortada. Ah, pero otras…
El retorno [Dulce María Cardoso]

Nos adentramos en nuestro taller de lectura de octubre en una literatura tan cercana como desconocida: la literatura portuguesa actual. [Nota de la librería] Y lo haremos de la mano de Feliciano Novoa, editor de Editorial La Umbría y La Solana, quien se ha propuesto convertirla en la editorial de referencia en España de una literatura tan importante en muchos sentidos publicando en colección específica autores clásicos apreciados ya por el lector español pero también otros menos conocidos que, como

Para la multipremiada escritora portuguesa Lídia Jorge, «todo libro debe estar escrito con urgencia, como si uno no pudiera vivir sin él», porque aquellas historias «que no se pueden dejar de lado» son las únicas que a un escritor le merece la pena perseguir. La autora de ‘El día de los prodigios’ o ‘El fugitivo que dibujaba pájaros’ ha hecho esa reflexión en una entrevista concedida a Efe en Cartagena
Portugal

Llevaba rumiando un tiempo Feliciano Novoa la idea de montar una editorial cuando las circunstancias le condujeron de vuelta a la casa familiar de Tui, allí donde el curso del Miño separa las tierras de Galicia y Portugal. De no haberse visto forzado a aquel regreso, seguramente el proyecto que bullía en su cabeza habría terminado orientándose hacia un catálogo de tintes historiográficos, pero en aquel

Edmundo Galeano escribía sobre un papel corriente, sin embargo quien no supiese que había perdido parte de la mano derecha pensaría que estaba sirviéndose de una pluma para dibujar miniaturas sobre una hoja de seda. La mano, reducida al índice, pulgar y parte del metacarpo, avanzaba lentamente, distribuyendo las palabras por la superficie blanca con simetría particular, y las letras juveniles, que antes

Lídia Jorge es un nombre imprescindible de la literatura contemporánea en lengua portuguesa y, gracias a las numerosas traducciones de sus obras, goza de una amplia recepción entre los lectores españoles, así como de una gran acogida más allá de las fronteras ibéricas y europeas. En 2014, publicaba Os Memoráveis, fraguada en torno al olvido en que cayeron algunos de los nombres que hicieron posible la
Historia

Saben los historiadores que la Historia no puede contar todo el pasado, no puede explicarlo todo y no puede hablar de todo el mundo, normalmente habla de los grandes personajes o de los grandes hechos, pero pocas veces de la «gente normal y corriente», toda esa inmensa mayoría de individuos que no han dejado rastro alguno en la historia y cuyas vidas se han de perder en los sótanos del tiempo. El filósofo