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Chincharana

La historia de este libro comenzó viendo El extraordinario viaje de T. S. Spivet (Jean-Pierre Jeunet, 2013). En ella aparecía una escena en la que un vagabundo le contaba un cuento al niño protagonista. Cuando acabó la escena, todos nos miramos fijamente: «Papá, tienes que hacer este cuento».
La libertad

El embustero […] dice lo que no es porque quiere que las cosas sean distintas de lo que son, es decir, quiere cambiar el mundo. Se aprovecha de la innegable afinidad de nuestra capacidad para la acción, para cambiar la realidad, con esa misteriosa facultad nuestra que nos permite decir «brilla el sol» cuando está lloviendo a cántaros. […] Nuestra habilidad para mentir es uno de los pocos datos evidentes y demostrables que confirman la libertad humana. Esta es una
La felicidad según Spinoza (2)

La alegría es el paso del hombre de una perfección más pequeña a una más grande. Esta es una de las viñetas de Max que ilustran La felicidad según Spinoza que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com
La potencia según Nietzsche

Es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Esta es una de las viñetas de Max que ilustran La potencia según Nietzsche que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com
Filosofía para profanos 2 (2)

«Intuición significa, en primer lugar, conciencia, pero conciencia inmediata, visión que apenas se distingue del objeto visto, conocimiento que es contacto e incluso coincidencia». Esta es una de las viñetas de Max que ilustran La creación según Henri Bergson que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com
Filosofía para profanos 1 (8)

«Ningún arte es imitativo, no puede ser imitativo o figurativo: supongamos que un pintor “representa” un pájaro; de hecho, es un devenir-pájaro, que sólo puede hacerlo en la medida en que el pájaro mismo esté deviniendo otra cosa, pura línea y puro color. De manera que la imitación se destruye a sí misma, en la medida en que el que imita entra sin saberlo en un devenir, que se conjuga con el devenir sin el saber de lo que imita.
La potencia según Nietzsche froterad

Toda palabra se convierte de manera inmediata en concepto en cuanto que, justamente, no ha de servir para recordar la vivencia originaria, única y por completo individualizada a la que le debe su origen, sino que debe adaptarse, al mismo tiempo, a innumerables casos más o menos semejantes, esto es, en rigor nunca iguales, y por tanto a casos simplemente desiguales. Esta es una de las viñetas de Max que ilustran La potencia según Nietzsche que está disponible en la generosa red
La potencia según Nietzsche3

Para pensar se requiere una técnica, un plan de enseñanza, una voluntad de maestría —que el pensar ha de ser aprendido como ha de ser aprendido el bailar, como una especie de baile… Esta es una de las viñetas de Max que ilustran La potencia según Nietzsche que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com
Filosofía para profanos La potencia según Nietzsche

Cuanto más nos elevamos, más pequeños les parecemos a quienes no pueden volar. Esta es una de las viñetas de Max que ilustran La potencia según Nietzsche que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

Mis proyectos me llevan a viajar mucho, y muy a menudo me encuentro cenando a solas en restaurantes de hotel. Una de esas noches en Buenos Aires, decidí amenizar mi solitaria cena dibujando. Fue quizás porque los camareros hablaban a los clientes en francés que se me ocurrió dibujar a Cocteau. Siempre me llamaron la atención su nariz y los largos dedos de sus manos. Conseguir el parecido me llevó bastante tiempo y un par de copas de vino extra. «Oh, mi querido Jean» escuché decir