Dedicatorias

Dedicatorias manuscritas o la literatura de los que no son escritores

En cierta ocasión, le regalé un libro a un amigo. No recuerdo cuál —ni el libro ni el amigo en concreto—. Quizá fuese además un cómic, ahora que lo pienso. No lo sé. Es lo de menos. Letras tenía, eso seguro. Andaba yo perjudicado por algunas jornadas de fiesta…

Una semana de lluvia. Dedicado por F. García Pavón

  Cuando se nace en una casa donde no hay libros, referentes, dónde se buscan. Recuerdo mis primeras lecturas como un totum revolutum, desordenadas, inconexas. Buscaba los libros en las estanterías de otros, en la escuela, en la casa del cura. Como a mí no me

Javier Marías se niega a firmar con boli ajeno

«En el caso de Javier Marías fui a que me firmara un libro, que compré en su caseta. Le pedí que me firmara con mi propio bolígrafo en la creencia de que así me conferiría parte de su aura. Se negó.

En el de Eugenia fue la primera vez que quedamos. Quedamos en una pizzeria de Bilbao o de Alonso Martínez. Charlamos, me dedicó un libro, y luego cenamos una pizza. Con el tiempo la acompañé a la entrega de premios de Planeta 2000, donde tuve lugar en la cena dado que falló la agente de Paulo Coelho».

—Tú sí que estás maldito. ¡En tu puta madre me cago!

Nunca he sido fetichista ni he perseguido la foto o el autógrafo de nadie. Sin embargo, cuando supe que Houellebecq visitaba Molina de Segura, localidad a veinte minutos escasos de mi casa, me emocioné bastante, pues en aquel momento (abril de 2014), como hoy, lo tenía por uno de los cinco mejores escritores vivos del planeta.

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