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Maria Lazar nació el 22 de noviembre de 1895 en una familia vienesa de buena posición, siendo la benjamina de ocho hermanos. La familia era de origen judío, aunque convertida al catolicismo. Estudió en la Escuela Schwarzwald, colegio originariamente para chicas fundado por la pedagoga Eugenie Schwarzwald y único en que podían acceder las mujeres al bachillerato.

El primer acierto de Sergio Sánchez Benítez, el traductor de Lost in Translation, ha sido evitar ser fiel al título original, para que no fuera relacionado erróneamente con la película de la cineasta norteamericana Sofía Coppola.
Extraña para mí. Una vida en una nueva lengua

El totalitarismo, la guerra, el Holocausto, el exilio: he aquí cuatro fenómenos que definen el siglo XX. Y todos ellos generaron las mayores migraciones que ha vivido la humanidad. Migraciones que continúan entrado el siglo XXI, sea a causa de la guerra, como en Irak y Siria

Hay libros luminosos y sencillos que logran transmitir la evolución personal en medio de crisis históricas y en contextos idiomáticos diferentes. Importa el marco político o cultural, qué duda cabe, pero lo que capta la atención es la construcción de una vida en sucesivas fases de cambio y adaptación. Es el caso del sorprendente libro de memorias de…
Extraña para mí. Una vida en una nueva lengua

¿Por qué este libro? Extraña para mí. Una vida en una nueva lengua (Lost in translation), de Eva Hoffman. Por Katarzyna Olszewska, editora de Báltica La primera vez que leí Extraña para mí. Una vida en una nueva lengua (Lost in translation), de Eva Hoffman, sentí que había un libro que resumía a la perfección todos esos sueños y pesadillas que llamamos Europa del Este. El sueño de la búsqueda de libertad y la pesadilla del exilio; el sueño de

Judía, polaca y emigrante: Eva Hoffman, cómo sobrevivir a un ‘electroshock’ cultural Por E. S. Eva Hoffman (Cracovia, 1945) aspiraba a convertirse en concertista de piano en la Polonia comunista cuando sus padres, judíos casi forzados a emigrar por el antisemitismo imperante, deciden embarcarse rumbo a Canadá. Lo único que saben de ese país americano es que huele a resina, que es fácil hacerse rico y que, a diferencia de lo que ocurre en Israel, allí no están en guerra. A

Abril de 1959. Estoy junto a la barandilla de la cubierta superior del Batory y siento que mi vida se acaba. Observo a la multitud reunida en la orilla para despedir al barco que zarpa de Gdynia —una multitud que de repente está irrevocablemente al otro lado— y quiero huir, regresar, precipitarme hacia la excitación familiar, hacia las manos que se agitan, hacia las exclamaciones. No podemos abandonar todo esto, pero lo hacemos. Tengo trece años y emigramos. Es una