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Antoine de Saint-Exupéry surca de nuevo los cielos

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¿Existen investigadores del método? Stanislavski, decimos, al igual que en el cine o el teatro. Aquí pueden leer sus principios. ¿Existen pues, investigadores stanivlaskianos? Al menos tenemos noticia de una investigadora que vuela en avioneta si su objeto de estudio voló en avioneta, bucea en el mar si su objeto de estudio buceó en el mar, hace parapente si su objeto de estudio otorgó extrema importancia a la vista de pájaro sobre el mundo, e incluso aprende el idioma que hablaba su objeto de estudio. Sí, todos sabemos la anécdota. Robert de Niro engordó 30 kilos para interpretar a Jack La Motta en Toro Salvaje. Pero sumemos a ver quién tiene más método. Veamos quién tiene más metodinas. Hablamos de Montse Morata, quien ha publicado la única biografía existente en español de Antoine de Saint-Exupéry, Aviones de papel. Pasó un año en Francia tras aprender el idioma para la ocasión e hizo todo eso que hemos comentado para intentar comprender mejor la vida y acciones del autor de El Principito. Fruto de esta labor surge ahora un curso en la Escuela Errante de Fronterad, escuela que se caracteriza por estar al margen de cualquier regla conocida o por conocer, es decir, por la peculiaridad de sus cursos.  Se llama Los secretos de El Principito. La realidad más allá de la apariencia. Tendrá lugar durante dos jornadas, el 25 y el 26 de noviembre. La primera en el Museo del diario ABC, desde donde se ven los tejados de Madrid, y no es casual. La segunda en el Museo del Aire. «Lo dice explícitamente en una entrevista cuando aún no estaba consolidado como escritor. Un periodista le pregunta, ¿usted que es? ¿Aviador o escritor? Y contesta: no veo la diferencia», recuerda Morata sobre la condición indisoluble de ambas vocaciones en Saint-Exupéry.

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Conversamos con la periodista que abandonó España cuando debido a la crisis cerró la emisora de televisión donde trabajaba, decidiendo realizar un estudio sobre la figura de este literato y también periodista francés. El resultado: una serie de cuestionamientos sobre cómo es tradicionalmente percibido, y en particular su obra El Principito, aspectos que serán expuestos con calma en la Escuela Errante. Por cierto que el curso por poco no cuenta con un viaje en avioneta para los alumnos. Si no fuese por el encarecimiento de la matrícula tendríamos escuela a tres mil metros. No lo descartemos en el futuro.

Morata indaga y confirma una intuición de Pedro Sorela, director de su tesis, consistente en la hipótesis de que la concepción de El Principito como libro infantil se debe a una auténtica conspiración política. «El general Charles de Gaulle pidió apoyo explícito a Saint Exupéry para su movimiento de la Francia Libre, y Saint Exupery se lo negó porque no creía ni en De Gaulle ni en la Francia de Vichy. Saint Exupéry creía que lo único que quería De Gaulle era tomar el poder y erigirse como libertador, pudiendo provocar una guerra civil como en España. De Gaulle nunca se lo perdonó». A partir de ahí llega el descrédito como forma de arrinconar a Saint Exupéry: «Los gaullistas le calumniaron en vida de colaboracionista, tuvo que salir al paso con desmentidos. Como no pudieron borrar la fama del escritor más querido y leído del siglo XX francés, lo que hacen es etiquetarlo como libro juvenil para desmerecerlo y que no figure junto a otros padres de la patria como Víctor Hugo o Balzac. A su vez esta etiqueta de infantil hizo que otros libros suyos no fueran tan leídos, como Tierra de los Hombres o Piloto de Guerra. Hay declaraciones de gaullistas en prensa que indican que había que encasillarlo como escritura para adolescentes, entre Tintín y Dostoievski.

A la postre esta calumnias consiguen su propósito e incluso hoy día persiste el encasillamiento, aunque Morata crea que El Principito no puede ser comprendido por un niño: «Hay que verlo como una autobiografía poética, no como una fábula o una obra infantil» De hecho la periodista española reconoce que su trabajo en Francia fue visto con extrañeza como algo pintoresco, que una extranjera se interesase por la obra de alguien a quien se tiene por poco más que un escritor bonachón y bienintencionado, hasta el punto de que Saint Exupéry no es materia de investigación ni en su país, donde está condenado a una especie de ostracismo entre la intelectualidad. «Tampoco ayudan los herederos, a quienes les interesa que esta situación permanezca porque hay toda una industria en torno a El Principito». Y para rematar está la traducción española del título, que en realidad debería ser El pequeño príncipe. «El diminutivo no existe en francés, todo esto procede de una primera traducción que se hizo en Argentina… y se quedó».

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Pero volvamos a la aviación, parte esencial de Saint Exupéry y también del curso de la Escuela Errante. «Cuando una periodista norteamericana le reprochó los riesgos de seguir volando durante la II Guerra Mundial dijo que había que escribir con el propio cuerpo. Escribe desde la acción y la experiencia. Sólo se tiene derecho a hablar desde la participación y la responsabilidad». Hay que tener en cuenta que el escritor francés fue un pionero de la aviación, se guiaba en los vuelos nocturnos por la luz de las estrellas y viajaba a una altura de en torno a 3.000 metros, lo que influyó en su visión de la literatura y la humanidad: «La aviación cobraba sentido porque el avión era un instrumento para medirse con la Tierra y extraer algunos de sus secretos, como el arado para un campesino», sigue explicando Morata. «Por ejmplo sus imágenes poéticas son… literalmente lo que ve, por ejemplo ve los movimientos de exilio en la guerra y describe a los hombres como si se moviesen en un hormiguero».

La periodista española por supuesto, oficio obliga, ha dedicado mucho esfuerzo a rescatar y reivindicar la obra periodística de Saint Exupéry: «Ejerció el periodismo no por vocación, sino como forma alimenticia de vivir en un periodo en que no pudo hacerlo de la aviación ni de los derechos de sus obras. Pero no traiciona su modo de concebir la escritura. No se somete a los modos tradicionales del periodismo. No se pliega al concepto de actualidad ni de noticia. Ni a las prisas. Busca la vigencia. Hizo un periodismo absolutamente singular que no deja de ser periodismo. Escribe exactamente igual para los periódicos que en su obra, aunque con menos tiempo para pulir. Él escribía de largo y luego pulía, pulía, pulía… hasta quitar más de lo que dejaba. En el periodismo intentaba demorar las entregas… pero claro, no podía pulir tanto». Precisamente la obra que más éxito le dio en vida fue Tierra de los Hombres. No la escribió ad hoc, sino que nació de editar sus crónicas periodísticas, que entrelazó añadiendo párrafos y «haciendo un cosido no muy artesanal», concluye Morata.

Saint Exupéry, responsable de la obra más traducida del mundo tras la biblia y el Corán, sigue siendo en cierto modo un desconocido. Algunas investigadoras como Montse Morata pretenden que alce de nuevo el vuelo. Y a la altura que se merece.

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