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Reseña Mimoun, de Rafael Chirbes

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Mimoun es la primera novela de Rafael Chirbes; la publicó con 39 años. Es una novela de apenas 130 páginas y parece el fruto de alguien que ha escrito mucho y meditado mucho sobre lo que ha escrito hasta decidirse a mostrárselo a alguien más. Quedó finalista del Premio Anagrama de 1988 y, como he dicho, supuso la primera muesca en el revólver de una carrera que logró un amplio reconocimiento y culminó con Crematorio y En la orilla.

Mimoun está ambientada en Marruecos, pero no en el Protectorado o en el Tánger internacional, ni en los tiempos de las terribles guerras coloniales del primer tercio del siglo XX, sino en una época más o menos contemporánea a la novela. Manuel, de quien apenas sabemos nada al principio y sabremos menos al final, es un español que quiere entrar en el Departamento de Español de la Universidad de Fez, y que las primeras páginas nos muestran arrastrándose por las decadentes calles y cafés de la ciudad, hasta que logra que lo contraten para dar unas clases, pero son tan pocas que para no desperdiciar todo su tiempo libre en Fez decide instalarse en una ciudad cercana, Mimoun.

Lo hace junto a un escultor español que vive en la casa de un misionero francés que enloqueció, se ahorcó y fue devorado por los perros vagabundos de la ciudad hasta los hombros. Desde que sabemos esto, Mimoun se nos dibuja con los límites imprecisos, pero severos, del Infierno, y los personajes que se mueven en ella, el poeta Charpent, la criada Rachida, el turbio Hassan o el inquietante policía Driss son como espectros, almas en pena que tratan de atrapar a Manuel allí para siempre. Hay un aire de caída y amenaza en la novela, en la que todo está a punto de pasar, pero nada pasa, excepto las estaciones, y Manuel está cada vez más perdido, como si la ciudad estuviera a punto de pasarle por encima, de arrastrarle como una riada.

Pocas veces un escritor, y más un escritor novel, derrota a su vanidad como lo hace aquí Chirbes.

El estilo es contenido y preciso. El autor no trata de lucirse, no exhibe ninguna floritura, lo que hace pensar que hay novelas anteriores a esta en un cajón o en una papelera, que incluso esta no es la primera ni la segunda versión de la historia que nos quería contar. Pocas veces un escritor, y más un escritor novel, derrota a su vanidad como lo hace aquí Chirbes, poniendo su arte al servicio de la historia y no la historia al servicio de su arte. Logra así una novela corta, rigurosa, seria, en cierto modo alejada de la complaciente novela española de su época, y tal vez por eso solitaria, insólita y orgullosa.

Mimoun es una novela corta, pero ha de leerse también a tragos cortos, para saborearla y para que no se suba a la cabeza. Puede hacerse de noche o a la caída de la tarde, cuando el día se escapa y podemos sentirnos como Manuel: acechados por espectros que sólo nosotros conocemos.

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