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Querida Monica. Por Philipp Larkin

Cartas a Monica (La umbría y la Solana, 2021)

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21 de diciembre de 1946

Beauchamp Lodge, 73 Coten End, Warwick

Querida Monica:

¡Qué grata sorpresa ha sido recibir tu carta! Me encontraba solo en la biblioteca, amargado y apático ante el trabajo, pero tu carta me ha librado de esa primera sensación, sin embargo, la segunda es como una montaña que ninguna fe puede mover. Molly al final decidió marcharse; se lo facilitó un regalo de la señorita Bennet: un popurrí, según me han dicho. Esperaba uno para mí; de hecho, había preparado un pequeño discurso para la ocasión. ¡¡No recibí nada!! Probablemente la señorita Bennet se asustó ante la idea de comprar algo para un caballero: «Tan difícil, querida mía». […]

En respuesta a lo que me pediste, te adjunto mis notas y la copia «para prestar» de Jill. ¡En tus manos quedan! Los dos son «muy» primeras versiones, quizá Jill un poco más que el otro. No digas nada si no se te ocurre un veredicto concluyente; y si piensas que Jill es una basura para adolescentes y Una chica en invierno, un cliché pretencioso y sin gracia, no dudes en decírmelo.

En fin, te deseo una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo,

Philip


[6 de abril de 1947]. Domingo de Resurrección

Warwick

Mi querida Monica:

Me estoy ocupando de demostrar que es falso aquello que dicen de que «en una cabeza bien amueblada no cabe el tedio». Me importa mucho, diría que significa mucho para mí. Espero, en cambio, que para ti no y estés haciendo lo que más te gusta.

El revuelo que produjo la novela va desapareciendo poco a poco, pero en mi vida diaria han comenzado a surgir algunos problemas. Ha habido algunas reseñas más que se han delatado como malintencionadas: John O’London fue bastante desagradable utilizando palabras de Richard Church, ese viejo cascarrabias amargado. Creo que ya han terminado, a no ser que los «tres grandes» rompan repentinamente su silencio. Tuve una pequeña entrevista con Faber y un almuerzo en Charlotte Street. Se respiraba un ambiente un tanto humillante, del tipo «tendrás que hacerlo mejor la próxima vez», como si estuviera en una tutoría. Dijeron que había vendido alrededor de 3500 ejemplares. No deberían quejarse. Apuesto a que sus viejas glorias no consiguen una cifra comparable, y eso después de haber recibido un buen adelanto.

Bueno, me parece estar siendo demasiado egocéntrico, así que por ahora el Señor me prohíbe hablar de la universidad, aunque volveré a hacerlo pronto. Tengo una especie de fijación tantaliana con el cine. Donde quiera que voy, las películas buenas desaparecen y dejan solo basura. Añade a esto la irritante manía de los conductores de autobús que no importa dónde les pidas que te dejen en Warwick, te dejan delante del cine.

Estoy leyendo los diarios de Kilvert. Excelentes. Me gustan mucho. Quizá podamos persuadir a Rawlings de comprarlos para…


1. Del francés pot-pourri: mezcla de flores y especias naturales secas destinada a perfumar habitaciones.
2. Jill, trad. de Marcelo Cohen, Madrid, 2007.
3. Una chica en invierno, trad. de Marcelo Cohen, Madrid 2015.
4. Crítica a Una chica en invierno en la revista John O’London’s Weekly, de 1947.
5. Robert Francis Kilvert, Kilvert’s Diary, London, 1947. Fue precedido por otros tres volúmenes pertenecientes a los años 1938, 1939 y 1940.
Sobre el autor y su obra
Philip Larkin. Coventry (Warwickshire) 1922 – Hull, (Yorkshire del Este) 1985.  Nació en el seno de una familia conservadora inglesa, y estudió en la Universidad de Oxford. Fue novelista, crítico literario y musical (durante muchos años escribió sobre jazz en el The Daily Telegraph) y sobre todo poeta, desde que quedó fascinado por el escritor Thomas Hardy.

Sus influencias literarias provienen también de T. S. Eliot, W. H. Auden, Ezra Pound y fue un gran lector de Oscar Wilde, G. B. Shaw, J. Joyce, K. Mansfield y de su escritor favorito, D. H. Lawrence. Durante toda su vida mantuvo una relación de amistad con el escritor Kingsley Amis a quien conoció en Oxford en 1941.

Desde 1943, ejerció de bibliotecario, primero en Wellington (Shropshire) después en la Universidad de Leicester, más tarde en la de Dublín y por último en la de Hull donde estuvo hasta su muerte. Público dos novelas, Jill (1943) y Una chica en invierno (1947). En 1945, publica su primer libro de poemas: El barco del Norte, más tarde Un engaño menor (1955) y en 1964 Las bodas de Pentecostés, que tuvo un gran éxito. En 1974, aparece su último libro de poemas, Ventanas altas.

Tuvo un gran reconocimiento en su país, incluyendo la entrega de la Queen’s Gold Metal for poetry que recibió en 1965.  En 2010, veinticinco años después de su muerte, se celebró en su honor el Festival Larkin en Kingston upon Hull, en cuya biblioteca universitaria trabajó durante gran parte de su vida. Tuvo una gran influencia en algunos miembros de la Generación del 50, sobre todo en Gil de Biedma y Gabriel Ferrater.

Librerías —especialmente— recomendadas

 

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