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¿Qué es una distribuidora de libros?

La distribuidora y las librerías de la página 32

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¿Distribuidora de libros? ¿eso qué es?

Compartimos el editorial que va en el número cero de nuestra revista en papel. Si os gusta, compartid; dándonos visibilidad nos ayudas, tanto a la distribuidora como a las pequeñas editoriales con las que trabajamos. Muchas gracias.

Seguramente, lectora, lector, no hayas oído hablar, antes de hoy, de las distribuidoras de libros, del papel que desempeñan en la cadena del libro, de su importancia (si la tienen), qué es y qué hace una distribuidora, qué me importa a mí… ¿Ya estás en la página 4? Así no voy a conseguir novio en la vida. ¿Me das un par de minutos…?

A mí me gusta pensar —y contar, me chifla lo que hago— que las distribuidoras somos intermediarias, conseguimos que los libros que publican las editoriales con las que trabajamos lleguen a librerías, que se puedan comprar, llegar al público final, a la persona para cuyo disfrute se hace todo esto. Si no existiéramos qué tendría que hacer una librera, un librero, para nutrir sus mesas de novedades, sus estanterías. Se publican del orden de ochenta mil libros al año. Ochenta mil. Alguien tiene que ocuparse de meterlos en cajas, enviarlos a las librerías. ¿Los ochenta mil? No, mujer, los ochenta mil no caben. Hay que hacer una selección. De hacer esa selección quién se ocupa. Pues depende de la librería. Algunas quieren que se lo demos hecho las distribuidoras (se llama «servicio de novedades»). Otras prefieren hacer la selección desde la librería; llaman a la distribuidora y le piden los libros que quieren tener a la venta, o nada más el que les acaban de pedir y que no tienen. Y la distribuidora provee.

Pues bien, y aquí un redoble de tambores, presta mucha atención: de esa selección, de cómo se haga, depende el éxito de la librería. Es lo fundamental.

Qué, cómo te quedas. ¿Te interesa ahora más el tema? ¿Os he dicho ya que no tengo novio? Tal vez conozcas a un apuesto varón…

¿Cómo que depende de la selección? Dependerá de las subvenciones, del Gobierno, del Ministerio de Cultura, de Amazon (que es El Demoño, como todo el mundo sabe), del precio de los alquileres, de las grandes distribuidoras, que es un estrés trabajar con ellas, de lo mal que está todo, del coronavirus, de Netflix, de la mala suerte que tengo para todo en la vida, ay. Cómo va a depender de la selección de los libros que, al cabo, se decide tener para su venta en la librería. Pues sí, querida, querido, es el quid de la cuestión.

Tener justo los libros que salen en los culturales ese fin de semana, por ejemplo, saberlo y anticiparte. Que cuando lleguen preguntándote por este o aquel no tengas que hacer nada más que despachar. ¿Y esto cómo se hace? Bueno, esto no está al alcance de muchas librerías. Lo que sí está al alcance de todas es el hacer el esfuerzo de atender con amabilidad y paciencia y curiosidad a editoriales —son quienes publican los libros— que no tienen en catálogo títulos que vayan a salir en los papeles, no digamos ya en la tele, porque el espacio en los medios para estos menesteres también es finito, los recursos para invertir en publicidad limitados, aún más cuando se trata de editoriales pequeñitas como las que conforman el catálogo de Librerantes. Distribución de libros y más. Editoriales, por cierto, que queremos presentarte en estas páginas. No están todas, «para muestra un botón», teníamos nada más 31 páginas. Sí son todas las que están. Sigo.

¿Y la página 32?

La 32, la contra, enterita para las librerías que nos atienden a nosotras con toda esa amabilidad y más. Librerías que se informan, que invierten tiempo, espacio, recursos, en proyectos editoriales que, de otro modo, no podrían seguir publicando libros, no llegarían a nadie. Piensa en el último libro que has comprado, ¿cómo llegaste a él?

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Es gracias a estas librerías, en fin, las de las página 32, que podemos hacer lo que  hacemos y hacerlo como lo hacemos. Nos escuchan, nos dejan espacio para nuestros libros, para poder llegar a ti. No sólo para darles las gracias de corazón, que también, es que están ahí. Queremos además contaros que a todas estas librerías les enviamos los libros prestados, que cuando los venden nos llaman, «Maja, factúrame estos, que ya los he vendido». ¿Os lo imagináis? Dentro de todo el jaleo del día a día de una librería, acordaos para entenderme de los ochenta mil libros o más que os decía más arriba que se publican al año, del trabajo descomunal que supone el seleccionar libros, pedirlos, intentar venderlos, volver a empaquetar los que no han salido, devolverlos, porque las distribuidoras tradicionales, las grandes distribuidoras, facturan al cabo de dos o tres meses lo que hayan enviado y no se haya devuelto… ¿Os hacéis una idea? La librera, el librero, dentro de todo ese trasiego, todas esas horas de trabajo, se para un ratín. Y escribe: «Maja, me tienes que facturar ya estos libros».

Y además nos pagan a tiempo y bien.

Y además, y aquí hablo ya en singular, muy agradecida, me escuchan y me arropan y dejan que les cuente sobre mis libritos, saben que me leo la mayoría, sobre todo narrativa, que es lo que a mí más me gusta leer, ficción. A veces les lloro, les cuando sobre esto, sobre aquello. Pero sobre todo, es la verdad, hablamos de libros. De los libros que nos gustan. Que no estoy tan sola por vosotras, libreras y libreros de la página 32: gracias de corazón.

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