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Qué es un libro de artista

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Por Susana Romanos, editora de greylock

En su texto de 1975 «El nuevo arte de hacer libros», publicado en el número de febrero de la revista literaria Plural, Ulises Carrión definió las características de los que, a su entender, debían ser los libros a partir de ese momento. Las conclusiones, fruto de una profunda reflexión iniciada mucho tiempo atrás, de cuando era un prometedor escritor en México, presentaron una forma de expresión a caballo entre el mundo del libro y el de las artes plásticas que denominó bookwork (obra-libro).

Visionario como pocos, enseguida vio la deriva que había tomado lo que venía siendo el libro de artista, el cual se había alejado de su planteamiento inicial que, recordemos según la definición que Paul Bianchini dio tan solo un año antes, era: «El libro de artista es una obra creada bajo la única responsabilidad del artista. Se produce por las técnicas más adecuadas para una publicación de calidad en cantidad ilimitada. Debe estar disponible dondequiera que se vendan libros a un precio moderado». En su lugar, el libro de artista se había convertido, fagocitado por la Institución Arte, en justamente contra lo que batallaba, asimilándose y perdiéndose dentro de la esfera del livre de peintre (libro ilustrado) —colaboración firmada conjuntamente para sancionar la manufactura, papel de lujo, grabados originales, tipografía cuidada, encuadernación especial—, y del libro objeto —subordinado al objeto en forma de libro, bajo presentaciones muy diversas, a menudo ejemplar único, objeto de arte precioso, caro, más cercano a la tradición escultórica que a la del libro—.

Carrión entendió algo tan básico —y tan horripilante al mismo tiempo para muchos— como que un libro es un libro, ni más ni menos, y, en su intento de crear un nuevo arte editorial, reencauzó el término de «libro de artista» resituándolo dentro del campo de la lectura. Sin embargo, al definir de nuevo sus márgenes, el concepto de «libro de artista» quedaba insuficiente, polinizado como estaba ya por todo el poder artístico establecido. Irónicamente, el «libro de artista» ya no podía ser considerado libro de artista, era imperativo encontrar un nuevo concepto que definiera este nuevo pero a la vez viejo arte, y el nuevo elemento que configuraría esta teoría fue el bookwork, en palabras de Heriberto Yépez, «un libro cuyo devenir tuviera una lógica visual, un sistema de secuencias que despliegan una acción semiótica», dicho de otro modo, una obra que, independientemente de que tenga texto o no, se lea.

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