Primeros consejos al joven poeta. Por Llewlyn Powys

El Sr. Kenneth Hopkins aún no había cumplido los veinte años cuando se condujo en bicicleta desde Bournemouth hasta la cabaña que tenemos en las colinas para visitar por primera vez a Llewelyn, quien escribió la carta que inicia esta serie muy poco después de dicha visita, la mañana del 6 de noviembre de 1935.

Estas cartas, escritas casi siempre de forma precipitada, son rigurosas y sensibles, francas y taimadas, mordaces y sin intención; son extravagantes, despreocupadas y excesivamente civilizadas, y revelan la naturaleza sagaz, poética y magnánima de Llewelyn Powys igual que cualquiera de las publicadas con anterioridad. El matasellos de la última carta, escrita tres meses antes de su muerte, es del 28 de agosto de 1939.

Alyse Gregory

Chydyok
Chaldon Herring
Dorchester, Dorset

6 de noviembre de 1935

Estimado Sr. Hopkins:

He leído sus poemas con interés. Sin duda, posee usted lo más importante de todo: intensidad de sentimiento. Creo que los poemas que más me gustaron fueron los de amor, sobre todo el segundo soneto. Creo que «El poeta contempla su alma» es el más original y apruebo el uso un tanto atrevido de la palabra «trasero». Creo que es usted un poeta y que siempre lo será. Si sigo aleccionándole a este ritmo, temo que acabe viéndome más como a un moralista que como a un poeta, pero mi intención con esta carta es ahondar en lo que ya he dicho.

(1) Para ser poeta debe vivir con una intensidad cinco veces —qué digo, cien veces— más frenética que la de quienes lo rodean. No hay motivo ni vivencia que no contribuyan a su apreciación poética y su cultura.

(2) Debe ordenar su vida de una forma tan rigurosa como la de un devoto piadoso. Debe vigilar su salud con esmero. Viva saludablemente. Aunque vaya usted envuelto en harapos, sea cuidadoso y asee todos los días cada centímetro de su cuerpo para que siempre se vea hermoso y fresco. Si carece de suficiente dinero para permitirse el coste elevado de los recibos de la colada, lave la ropa interior con sus propias manos, como si este escuerzo personal añadido fuera parte de un rito sagrado. De ninguna manera use polvos ni fragancias. A la hora de comer, manténgase lo más alejado posible de los alimentos de origen animal; tome lácteos, frutas y verduras. Duerma siempre con las ventanas abiertas de par en par,. Intente hacer siempre ejercicio al aire libre. Propóngase el objetivo de levantarse media hora antes que los demás y salir a caminar cuando tenga ocasión, para vislumbrar el mar cada mañana. Estos paseos son muy importantes para lograr una conciencia más elevada de la existencia. Los sentidos se aguzan y son más receptivos en ese momento del día. Si puede, haga lo mismo por las tardes; como si de un esmerejón posado en su muñeca se tratara, eche su alma a volar para que alcance las estrellas, surque los vientos y se estremezca bajo la lluvia mientras sobrevuela los tejados. No intente nunca imponerse a sus colegas. No trate de competir con ellos. Cada uno tiene su visión de las cosas. Nunca utilice sus armas, sea amable e introvertido. Ha de ser siempre una persona sencilla, sensata y directa, nunca jocosa, menos aún si se trata de poesía. Resérvese sus opiniones al respecto. Lea, lea y lea, pero nunca libros triviales. Siga el ejemplo de toda persona que tenga algo que enseñarle. Escriba un diario personal para dejar constancia de todas las experiencias del día que podrían tener cierto valor. Busque siempre en el diccionario el significado de las palabras que desconozca y anótelas en una libreta. Libere su mente todo lo que pueda de la conciencia de las diferencias sociales; valore la inteligencia, la sensibilidad y el carácter —olvidándose de la riqueza y la pobreza—; evite las ambiciones mundanas: deje que su ambición vaya más allá. Aprenda a distinguir y a reconocer lo vulgar, lo pretencioso y lo trivial; sea siempre sencillo y sincero y rechace cualquier tipo de afectación. Tenga muy en cuenta a todas las personas con las que guarda alguna relación. Su personalidad ganará en atractivo a medida que se vuelva más atento y poético y verá que las personas más fascinantes e interesantes se sentirán atraídas por usted. Nunca finja ni presuma.

En lo que atañe a su vida sexual, sea capaz de controlarse y sea capaz de abandonarse. Aquellas personas que exprimen el Amor¹ al máximo yacen juntas en la telaraña encantada del romanticismo. Lea el Oxford Book of English Verse una y otra vez. Estudie todos y cada uno de los versos de John Keats y de Matthew Arnold. Lea una buena traducción de Lucrecio, de los ensayos de Montaigne y de Rabelais; lea la versión de La Ilíada y La Odisea de Andrew Lang. Lea todas las obras de Shakespeare con detenimiento, una a la semana. Que Dios lo bendiga. Buena suerte.

Afectuosamente,
Llewelyn Powys

Desempeñe sus labores diarias con cuidado y esmero. Es importante gozar de independencia económica. No tenga ninguna prisa en casarse. Pase muchas horas en las bibliotecas, únase a alguna sociedad literaria, vaya a conferencias, visite galerías, no pierda nunca la oportunidad de aprender cosas. Cultive su amor por la naturaleza, explórela, aprenda los nombres de todas las flores y brotes. Los pardillos no anidan en los bosques². Su amor por los lugares solitarios es una buena señal. Si usted quiere, puede hacer que su vida se apasionante. Tiene mucho a su favor, pero debe buscar en su interior, examinar su propia alma y no darle mucha importancia a la apariencia. Si tiene auténtica pasión por la vida, lo demás vendrá por añadidura.

 


¹ Se ha respetado el recurso tipográfico de escribir con mayúscula ciertos nombres abstractos, así como el uso enfático de cursivas en algunas palabras de la edición inglesa [Nota del editor]

² En uno de los poemas de K.H. había un verso que decía así: «…los bosques donde anidan los pardillos cantarines» [Nota de la edición original]

Librerías —especialmente— recomendadas
9788409163229 Detalle del interior
Consejos a un joven poeta (Libros de trapisonda, 2020). Detalle interior

Consejos a un joven poeta

ISBN 9788409163229
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