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Portugal y su literatura. Del Siglo de Oro a La Edad de Plata

Novedad editorial de António Apolinário Lourenço (La Umbría y la Solana, 2021)

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La Colección Ibérica

Con Portugal y su literatura, del Siglo de Oro a la Edad de Plata del profesor António Apolinário Lourenço, la editorial La umbría y la solana inicia una nueva colección, Colección Ibérica. La colección tiene un carácter netamente académico y quiere ser el mejor ejemplo de que existe un diálogo literario entre ambos países y, en consecuencia, que es hoy un tópico −quizás siempre lo fue− el hecho de que seamos invisibles los unos de los otros, y que solo estemos interesados en espacios literarios lejanos, como señala el profesor Antonio Sáez.

La garantía de la calidad de la colección que ahora comienza, la da eñ Consejo Asesor del que forman parte profesores de las Universidades de Coímbra, Évora, Santiago de Compostela, Lisboa, Autónoma de Madrid, Autónoma de Barcelona, Extremadura, Salamanca y de las Islas Baleares.

Portugal y su literatura, del Siglo de Oro a la Edad de Plata

Los textos reunidos en este volumen fueron previamente editados en distintas publicaciones de naturaleza colectiva, sobre todo en revistas universitarias, en algunos casos de difícil alcance. Aunque estén dedicados a diferentes autores y temáticas, hay una perspectiva estético-ideológica común a todos ellos, que tiene que ver con el entendimiento del autor de que, además de una Península que aproxima y aleja geográficamente de Europa la antigua Hispania romana, existe también, en un acercamiento más espiritual, un espacio cultural ibérico compartido por todos los habitantes de esa misma Península, forjado en una convivencia milenaria íntima que no han podido borrar las desavenencias políticas de los últimos siglos. Los textos ahora de nuevo dados a estampa fueron corregidos y actualizados, y se han establecido entre ellos conexiones antes inexistentes que permiten que los consideremos capítulos de un libro coherentemente organizado.

De los diez textos presentados, ocho se inscriben claramente en el ámbito de la literatura comparada. En los tres primeros se estudian autores españoles (Lope, Calderón y Tirso) que se acercaron a temas portugueses, sin excluir, en el caso de Lope de Vega y Triso de Molina, oportunas referencias a la recepción o la hipotética recepción lusa de esas obras, en distintos momentos históricos. En otros dos, me ocupo de la relación, que creo bastante obvia, entre autores de los dos estados ibéricos, que se producen en sentido inverso: mientras en uno de ellos, el hipotexto es portugués y el hipertexto español, en el otro pasa precisamente lo contrario. Me refiero, por supuesto, a la recepción pessoana de Espronceda y a la recepción pardobazaniana de Eça de Queirós. Aunque el capítulo 5 se ocupe prioritariamente de dos novelistas portugueses, las conclusiones son extensibles a las letras españolas en lo que concierne a la distinción entre el discurso narrativo de la «novela tendenciosa» y el del naturalismo, mientras los capítulos 7 y 8 se centran precisamente en la comprobación de la existencia de una casi insospechada red de relaciones entre las letras portuguesas y españolas en la segunda mitad del siglo XIX. Pero incluso en los capítulos menos comparatistas, los dedicados a Francisco Manuel de Melo y Mário de Sá-Carneiro, España no deja de estar presente, como se concluirá con su lectura.

La división del libro en dos secciones —«Siglo de Oro» y «Edad de Plata»— refleja, como es evidente, la adopción de una nomenclatura histórico-literaria de proveniencia española, que, sin embargo, creo poder alargar al conjunto de todas las literaturas peninsulares, sobre todo a las escritas en español y portugués. Es evidente que el concepto de Edad de Plata que aquí se propone no coincide con el que aboga José Carlos Mainer en su memorable libro La Edad de Plata (1902-1939). Ensayo de interpretación de un proceso cultural. Se ha hecho retroceder la acepción de Edad de Plata al momento (hacia mediados del siglo XIX) en que las literaturas ibéricas volvieron a competir cualitativamente con las grandes literaturas nacionales europeas, a través de autores universalmente reconocidos como ocurre con aquellos que aquí estudiamos. Por otra parte, he querido evidenciar que no es correcto pensar que, después de la restauración de la independencia portuguesa, las culturas portuguesa y española hayan conocido un completo divorcio sin apenas contacto entre los dos lados de la frontera.

De este modo, los capítulos iniciales de la primera sección están dedicados al teatro áureo, representado por las tres figuras más importantes de la comedia nueva castellana, Lope de Vega, Calderón de la Barca y Tirso de Molina, a la que se añade el hidalgo luso Francisco Manuel de Melo. Se procede en los tres primeros a la dramatización de episodios de la historia de la Península Ibérica, algo bastante común en el teatro del Siglo de Oro y particularmente en las obras dramáticas de estos autores. Más rigurosamente, se constata que, mientras Lope de Vega y Tirso de Molina escenifican sucesos concretos de la historia de Portugal, Calderón pone en escena un hecho aparentemente anecdótico de la vida española, que sin embargo tiene una relación directa con la historia portuguesa. Las huestes cuyo paso por Zalamea van a provocar el enfrentamiento, debido a distintas concepciones de honra, entre el comando militar y el alcalde del pueblo se dirigen a Portugal con el objetivo de combatir la rebelión popular que se opone a la coronación de Felipe II como rey de Portugal. Son más complicados los contextos de producción de las comedias del Fénix y de Tirso, la primera protagonizada por uno de los reyes más valorizados de la historia lusa, la segunda dedicada al fundador y a la fundación del reino de Portugal, porque en ambas se plantea, directa o indirectamente, el derecho o la bondad de la existencia de un estado independiente en el occidente peninsular.

El cuadro se completa con Francisco Manuel de Melo, un escritor portugués plenamente peninsular, que utilizó con inmensa maestría los idiomas de los dos estados episódicamente unidos bajo una sola corona. Aunque se distancie de las obras anteriores por su contenido temático, que se centra más en la crítica social que en la historia nacional, O fidalgo aprendiz, la más importante obra dramática que se escribió en lengua portuguesa en el siglo XVII, se inscribe a la vez en la tradición del auto vicentina y en los preceptos de la comedia nueva lopesca.

Los tres capítulos siguientes se ocupan del estudio de novelas realistas y naturalistas, y tienen como figura central al escritor Eça de Queirós. El autor de El primo Basilio funciona, en este contexto, como fiel de la balanza que permite, por una parte, determinar la aportación estilística y temática del naturalismo a un realismo menos condicionado por reglas técnico-compositivas de obediencia estricta, y, por otra, evidenciar la contribución querosiana para la creación del canon estético del naturalismo español, a través de su influencia en las obras de Pardo Bazán y sobre todo de Clarín. El capítulo 7, permite, además, percibir —comparando Los pazos de Ulloa con las dos primeras novelas de Eça de Queirós— los vínculos y los rechazos de Emilia Pardo Bazán a la dogmática naturalista. Queda claro que Pardo Bazán no es una «naturalista a su pesar» —como planteó Walter T. Pattison, en su pionero ensayo titulado El naturalismo español con relación a la obra de José María de Pereda—, sino una conocedora profunda y, a la vez, una seguidora crítica del modelo zoliano. Pereda es, por cierto, uno de los autores contemplados en el capítulo 6, por las evidencias que comprueban que fue leído y admirado por Queirós.

Los últimos capítulos están dedicados a la primera vanguardia portuguesa a través de sus escritores más representativos: Fernando Pessoa y Mário de Sá-Carneiro, en el caso del primero relacionándolo con el más puro poeta romántico español, el extremeño José Espronceda. En este postrero apartado, es el autor de Mensagem el eje al que se asocian Espronceda y Sá-Carneiro, dos escritores extremamente importantes para el creador de los heterónimos. Tal como se demuestra en el capítulo 9, Fernando Pessoa leyó muy tempranamente El estudiante de Salamanca, del cual llegó a traducir al inglés una parte significativa, pero sabemos, además, que toda su vida alimentó la intención de publicarlo en el idioma de Shakespeare. Mário de Sá-Carneiro, amigo íntimo y confidente de Pessoa en los años en que este creó los heterónimos y cofundador de la revista Orpheu, no es un completo desconocido en España. Sin embargo, como ocurre también con Júlio Dinis la asociación a un hermano mayor, permite profundizar el conocimiento de uno de los autores más relevantes del canon literario portugués.

Sobre el autor

António Apolinário Lourenço (1953) es profesor de literatura en la Facultad de Letras de la Uni­versidad de Coímbra, donde coordina la sección de Estudios Hispánicos del Depar­tamento de Lenguas, Literaturas y Culturas, es miembro del Comité Ejecutivo del Centro de Literatura Portuguesa de esta Uni­versidad.

Entre muchas otras publicaciones de temática ibérica, es autor de Identidad y Alteridad en Fernando Pessoa y Antonio Ma­chado (Salamanca, 1997), Eça de Queirós e o Naturalismo na Península Ibérica (Coimbra, 2005), Fernando Pessoa (Lisboa, 2009) y Eça Naturalista: O Crime do Padre Amaro e O Primo Basílio na Imprensa Coeva (Coimbra, 2019). Es, además, coautor, con Eloísa Álva­rez, de una História da Literatura Espanhola (Lisboa, 1994) y coeditor, con José Luis Gavi­lanes, de una Historia de la Literatura Portu­guesa (Madrid, 2000).

«El tópico de los “países de espaldas” también ha afectado al estudio de las relaciones literarias entre España y Portugal. El profesor António Apolinário Lourenço nos muestra que existe el diálogo literario ibérico a ambos lados de la frontera». Antonio Sáez Delgado

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