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Carta a Nader. Un poema de Matteo Marchesini

Habla el mono/Parla la scimmia, de Matteo Marchesini (Zibaldone, 2021)

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Los nombres de los minerales han sido
la primera infancia exacta,
las bestias y los árboles la primaria,
y en la adolescencia ha replicado
al álgebra la técnica del brazo
tenso para encestar.

Luego he cedido: «basta»,
he dicho, «basta, no puedo hacerlo,
aquí la competición
es demasiado dura para mí.
Mejor fingir el estro
más insondable, y la astucia
de la pereza,
y el amor robarlo,
y nunca ser visto en el trabajo»
(tres lustros después no lo pensaría).

Así pronto he olvidado
los nombres de los minerales
y el severo decoro de las plantas
y la vida de la carcoma y del tapir
y los números reales e irracionales
y los pasos de las entradas
y el ansia juzgada por un amante
y el día ofendido por un verdadero enemigo.

Ahora soy el hijo que no tengo.
Aprendo en una habitación enorme
a silabar un diario y un manual,
a llorar, a limpiarme, a renunciar a ver
más allá de los demasiados que por sabiduría antigua
me han dejado vencer.

Sobre el libro y su autor
9788494742583

«¿Cómo puede decirse la incomunicabilidad? En cuanto conseguimos hacerlo, es negada. ¿Y cómo se puede, entonces, siendo honestos, no aprovechar la incomunicabilidad como si fuera un tema entre otros posibles, una actitud, una moda?

La respuesta es: intentad ser un poeta; un poeta sentimental, como querían Schiller y Leopardi, conscientes de que el «estado natural» es un mito lejano; que el humano ποιεῖν, la creación, se ha convertido en industria, alienación y, finalmente, virtualidad; que la sana incredulidad de un tiempo laico puede condenarnos a divinizar la mercancía y a convertir en «cultura» un fetiche, un ídolo abstruso e insignificante.

Eso es: un poeta tiene que permanecer en la «creación» sin ser víctima de los ritmos seriales, distorsionados, que el mundo moderno impone a la laboriosidad humana. Y tiene que quedarse en la «cultura» sin la fe, inadmisible ya, de que esta es una garantía de excelencia, de nobleza e, incluso, de evasión. Para lograr todo ello, el poeta tiene que entrar y salir de la comunicación y, también, de la propia comunidad; tiene que usar las palabras como si pesaran toneladas, sabiendo que para los propios contemporáneos estas tendrán la misma consistencia que las plumas.

Matteo Marchesini se asemeja mucho a este tipo de poeta. Ha escrito que «la única forma posible de objetividad y rigor» es «la que pasa por poner en discusión el propio rol, por una comunicación que no absolutiza al sujeto, pero que tampoco finge poder eliminarlo o hacerlo pasar por un vacío universalismo». Eso es: el escritor honesto consigo mismo y con la propia época consigue poner en tela de juicio su propio rol (el «lugar fijo» que la sociedad termina por concederle), pero sin ceder por ello a la ligera las armas de la propia identidad».

Fragmento de la introducción de Paolo Febbraro.

El autor

Matteo Marchesini (Castelfranco, Emilia, 1979), poeta, narrador y ensayista, colabora habitualmente en publicaciones como Il FoglioIl Sole 24 OreRadio Radicale y Doppiozero. De su extensa obra en prosa destacan las sátiras reunidas en Bologna in corsivo. Una città fatta a pezzi (2010), la novela Atti mancati (2014, Premio Lo Straniero y finalista del premio Strega), la coleccion de cuentos False coscienze (2017) y los ensayos de crítica literaria Da Pascoli a Busi (2014) y Casa di carte (2019). Su producción en verso, iniciada con el libro de poemas, Asilo (2006), cuenta con títulos como Marcia nuziale. Poesie 1999-2007 (2009), Sala d’aspetto. 14 poesie (Valigie rosse, 2010) y la más reciente antología Cronaca senza storia. Poesie 1999-2015 (2016).

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