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Pero qué hace la madre de Hamlet jugando al Candy Crush

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A continuación  les ofrecemos un fragmento de Hamlet, take away, obra de teatro de Gianfranco Berardi y Gabriella Casolari, una reinterpretación del famoso personaje que sirve precisamente para tratar sobre la pasión por la escena, las crisis creativas o la propia ceguera.

Escena 2

Asistente, actor y luego Rey Claudio, luego Reina, luego Hamlet, luego Hamlet padre. La asistente le pone al actor la corona de rey en la cabeza y este se transforma en el Rey Claudio. El actor interpreta a los cuatro personajes cambiando cada vez la posición de la corona.

REY CLAUDIO: ¡Ya está bien, Hamlet! Siempre buscando a tu padre en las lágrimas, en el polvo, en el dolor. ¡Oh! ¡Ya lo hemos entendido, sobrino mío, ya nos lo has dicho! Quiero decir que uno puede venir a verte, pero si luego te vas a agobiar, no. Cinco minutos te doy, después me voy. Me quedo en casa que es mejor, ¿o no? Escucha a tu tío, tienes que entenderlo, tu padre, también tuvo un padre, que también tuvo un padre, es natural, sobrino mío, todo lo que nace tiene que morir.

HAMLET: Ya sé que es natural, mi señor, pero ¿qué puedo hacer con mi dolor?

CLAUDIO: ¡Échate unas risas Hamlet! Levanta esta cara del polvo, deshazte de este aspecto fúnebre y ríe, como hago yo, sobrino mío, ríe que la vida te sonríe.

HAMLET: Tú ríes, querido tío, pero eres un maleante…

CLAUDIO: ¡Mejor maleante que inocente, Hamlet! Tú ya estás ciego y luego, además, te
deprimes, ya está dicho. Tú hazme caso, hazlo por tu madre, la pobre ya no aguanta verte agobiado, apartado, abatido, aislado.

HAMLET: ¿Mi madre? ¿Qué tiene que ver mi madre ahora? Mi madre es una pobre ingenua y tiene su misma mentalidad incauta.

REINA: No, no, no, no, no, no empieces. Yo no vengo más a verte, te lo he dicho: a mí, este teatro, tan fuerte, duro, directo, no me gusta, me hace llorar. Pero ¿por qué? Digo yo. ¿Qué necesidad tengo? ¿Qué mal voy a quedar delante de mis amigas? Porque luego yo, no me contengo, lloro, lloro como una niña y se me corre todo el maquillaje y, luego, esta gente del teatro… curiosa, cotilla, siempre mirando, que quieren saber: «¿Tu hijo? ¿Tu marido? ¿De verdad? Naaaaa». Monto unos cuadros que parezco una idiota.

HAMLET: ¿Qué pareces? No señora, no parece, ¡lo eres!

REINA: ¿Ves cómo la has tomado conmigo? Siempre eres malo, agresivo, cuando hablas conmigo. Pero yo, ¿qué te he hecho de malo? Ya ni vienes a verme.

HAMLET: ¡Mamá! Deja de quejarte. Que cuando vengo a verte casi no tenemos tiempo de hablar. Siempre estás ahí sentada en el sillón delante del televisor, en una mano la corona y en la otra, el móvil, porque tienes que acabar la partida. A Candy Crush, a Farm Heroes Saga.

REINA: Hamlet, ¿y qué quieres que haga? Yo estoy siempre aquí sola como un perro, ¿cómo tengo que pasar el tiempo? A mí no viene nunca nadie a verme, ven aquí, siéntate, ahora vamos a hablar, déjame que termine la partida, que si no perderé una vida.

HAMLET: Otra vida, perdida, es la vuestra…

Ser o no ser, por si no lo habían adivinado

PADRE DE HAMLET: ¡Hamleeet! Déjala en paz. Tu madre es así, no la pinches. Deja que sean las espinas que tiene en el corazón las que la hagan sufrir, tú no la juzgues.

Y luego, digo yo, ¿por qué siempre tienes que ponernos verdes? Que si soy un obrero, que si leo Tex Willer, que si has visto a tu madre follar con tu tío, y digo yo, ¡habla de tus problemas, Hamlet! Yo cuando tuve que hablar contigo te llevé de noche, apartados, a un acantilado junto al mar.

Pero tú no, «¡Buaaaahhh!». Teatral, delante de todo el mundo, ¿pero qué coño quieres obtener? Ya sé que tienes que vengarte, te lo pedí yo, pero enfádate con tu tío. A tu madre déjala en paz. Mejor hazla reír. Haz reír a todo el mundo, si no, tu proyecto no saldrá adelante. El pueblo quiere reír, Hamlet, y el pueblo es soberano por lo tanto el soberano también quiere reír, recuérdalo. Es lógico, silógico, aristotélico.


Puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no lo tienen— Hamlet take away en estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa, y no están, seguramente, todas las que son…

¿Y si reinterpretar Hamlet fuera una oportunidad para hablar de la propia ceguera, de la irresistible pasión por el teatro y de la crisis creativa? ¿Y si en cada Hamlet se pudiera  volcar la historia de tu pareja y la particular relación con el padre? ¿Y si la invidencia, como en el caso de Gianfranco Berardi, no supusiera un impedimento físico sino una herramienta para desenmascarar las vanas apariencias de la realidad? ¿Y si la ceguera fuera, en última instancia, la condición capilar de nuestra hiperconectada sociedad moviéndose a tientas entre la apática indiferencia y la voluntad de diluirse en el anonimato de las redes sociales?

En esta iconoclasta, autoirónica y desenfadada revisión del clásico de William Shakespeare, merecedora del prestigioso premio UBU en 2019 a Gianfranco Berardi como mejor actor, la compañía Berardi-Casolari ofrece al espectador algo que va más allá del simple teatro: la posibilidad de repensarse a sí mismo desde una nueva perspectiva. Y es que hoy en día el ser o no ser ya no se declama ante la calavera de Yorick, sino ante la pantalla del smartphone. Encerrados en un narcisista juego de espejos, la pregunta sobre nuestra esencia ha acabado trágicamente por remitirnos a una mucho más simple y banal: estar o no estar… en facebook.

Moviéndose en la sutil línea que separa el teatro tradicional y la más inquieta experimentación, oscilando entre la tragedia más hondamente humana y la comicidad más devastadora, la compañía formada por la pareja Gianfranco Berardi y Gabriella Casolari viene dando muestras, desde su fundación en 2008, de una inconfundible personalidad en obras como Land Lover (2009), Io provo a volare! (2010), In fondo agliocchi (2013) o La prima, la migliore (2015). Todas ellas, al igual que la premiada Hamlet take away (2018), comparten un mismo hilo conductor: la mostración del conflicto del individuo con el tejido social en el que vive, una insoportable lucha entre lo verdadero y lo falso, entre realidad y ficción, a la que solo es posible hacer frente desde el humor más desmitificador y la sinceridad más descarnada.

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