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El hombre contra la naturaleza. Por Isabel Fernández del Castillo

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Por Isabel Fernández del Castillo, Fundadora y directora de Terra Mater

Este breve texto de Yannick Roudaut nos sitúa ante un escenario de cambio sin precedentes. Su análisis sobre los factores sociales y económicos que confluyen es muy lúcido, por eso quisiera aportar una reflexión desde otro lugar, plantear una pregunta de otra índole: ¿Qué hace que el ser más inteligente de la Tierra sea también el más feroz y destructivo, no sólo con sus semejantes, sino con la naturaleza? ¿Es precisamente debido a su inteligencia?

nuestra-concepcion-del-mundo-nos-impide-ver-el-mundo-de-manana-9788494909108La antropología nos da algunas claves: las sociedades que han considerado prioritario satisfacer las necesidades afectivas de los bebés con sus madres y su entorno familiar, son más pacíficas y colaboradoras que aquellas que las niegan o reprimen. Eso es algo que la psicología también ha evidenciado. Otro rasgo propio de las culturas que desatienden las necesidades básicas de afecto en las criaturas, es el de la dominación de la mujer por parte del hombre. La dominación de la mujer, de los niños y también de la naturaleza por parte del hombre, son aspectos comunes en las sociedades patriarcales. De modo que cuando Roudaut afirma que «necesitamos volver a sentirnos parte de la naturaleza», merece la pena invertir la mirada, ponernos un espejo delante y preguntarnos cómo está nuestra relación con nuestra naturaleza.

Parece que las sociedades modernas ya no son tan patriarcales, parece que las mujeres pueden ejercer una profesión, elegir a su pareja o decidir si van a ser madres o no. Pero lo cierto es que la represión de lo femenino ha tomado formas más sutiles. Por mencionar tan solo un ejemplo, hoy en día la obstetricia convencional es de una violencia inimaginable con la mujer, y eso es fruto de un paradigma global. Si analizamos cómo se ejercen la obstetricia convencional y la agricultura industrial, vemos que en ambos casos se reprimen los procesos fisiológicos, biológicos, naturales al fin y al cabo, y se sustituyen por productos y servicios que hay que comprar. Se destruye la
inteligencia inherente a los procesos naturales, se rompen los vínculos, la sabiduría histórica se pierde, y se producen daños a menudo irreparables.

Hablamos de recuperar la conexión con la naturaleza, de sentirnos parte de, pero la obstetricia actual tiene un impacto directísimo sobre nuestra capacidad de sociabilizarnos, de vincularnos, de confiar.

Como síntoma de violencia, Yannick Roudaut menciona las matanzas que cada cierto tiempo ocurren en las escuelas de los Estados Unidos. Merece la pena recordar el documental Bowling for Columbine, realizado por Michael Moore, que analiza las diferencias entre la sociedad norteamericana (que dispone de detectores de armas en las escuelas) y la sociedad canadiense (cuyos habitantes viven con la tranquilidad de poder dejar el coche con las llaves puestas). Una de las diferencias fundamentales entre ambas sociedades es el apoyo a las familias. En Canadá, el permiso de maternidad es de cincuenta y dos semanas. En Estados Unidos, a pesar de ser una de las naciones más ricas del mundo, no hay permiso de maternidad retribuido, lo cual conlleva que muchas familias no puedan cuidar de sus bebés y que una gran parte de ellos sean llevados prematuramente a la guardería. Esta forma de violencia sobre los bebés y las familias, sobre su vínculo y desarrollo es enorme.

¿Es posible que una humanidad con el corazón roto pueda respetar la naturaleza de ahí fuera cuando su propia naturaleza está siendo violentada de esta manera?

El reconocimiento de la inteligencia intrínseca de la naturaleza y su respeto es el único camino para sanar nuestra relación con ella. Y sí, los pueblos que han conseguido mantener una relación armoniosa con la naturaleza la han considerado algo sagrado. Como se cuestiona Roudaut, ¿tendrá razón el filósofo y escritor Roger Garaudy cuando afirmó que «el siglo XXI será espiritual, o no será»?


Este es el prólogo de Nuestra concepción del mundo nos impide ver el mundo de mañana, que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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