Inicio»Puentes»Comenzar a leer»Mi abuelo Manolo. Por Christian Martínez Silva

Mi abuelo Manolo. Por Christian Martínez Silva

Leyendo Un cajón caótico (Hilatura, 2020)

0
Compartidos
Linkedin Pinterest WhatsApp

 

Esencia

Solo hay una manera de
ganar la partida a la muerte:
haz que tu esencia perdure.
17.esencia Pablo.yague

Mi abuelo Manolo

Si veo un damero la primera persona que aparece en mi memoria es mi abuelo Manolo. El tipo era elegante hasta vistiendo el chándal de franela más cutre de los 80. Era fibroso como si siguiera alguna rutina de entrenamiento y su pelo era negro como el carbón de las minas asturianas en las que laboró durante su infancia. Le gustaban los bares tanto como su harmónica y en las fiestas era el rey: capaz de arrancarse con temas de Scorpions y acabar cantando Pepita de Mallorca ante la mirada avergonzada de otros personajes grises de la familia, más preocupados del qué dirán que de disfrutar del momento.

Nunca me dejó ganar a las damas y por eso ahora lo recuerdo cuando veo algún tablero. Pero si por algo lo tengo presente es por su valentía, porque había que ser muy valiente para que un hombre de su generación no tuviera problema a la hora de mostrar sus emociones. Lloraba, reía, abrazaba, sentía y no tenía ningún reparo en exponerse. «Si un hombre tiene que reír, ríe. Pues lo mismo para llorar», sentenciaba.

También decía: «Que Dios no te dé tanto sufrimiento como puedas aguantar», y yo lo creía, joder, siempre lo creí; nunca necesité una demostración práctica, pero me la dio. Una enfermedad desconocida lo postró en una cama y convirtió sus últimos años en un resonar continuo de gritos de agonía.

En una de mis visitas me senté junto a la camilla, me agarró la mano y dirigió esos ojos tan parecidos a los míos hacia el cielo; parecía ser capaz de ver tras el techo de la sala. «Chris, tengo mucho miedo a morir» fueron las últimas palabras que entendí de Manolo, que siguió con la valentía de no ocultar sus miedos y aferrado a una vida a la que amaba aún padeciendo la peor de sus versiones.

Años después de su partida pienso que fue decisivo en mi forma de ser. No sé si alguna vez lo supo, pero quiero pensar que lo llegó a entender entre todos mis «te quiero». Ayer habría cumplido ochenta años y habría abierto los regalos con la misma ilusión que el niño que llevaba dentro y que jamás los pudo abrir.

Sobre el libro y su autor

Poesía, prosa poética y relato se mezclan en textos cargados de intención y ritmo. Como en un viaje en tren, de un momento a otro el paisaje cambia de forma extraordinaria; de la plenitud de una escena de amor entre padre e hijo pasamos a las tinieblas de un asesinato a sangre fría.

Christian nació cuando moría el verano del 85. Cuando, probablemente, Brian May y Freddie Mercury daban los últimos retoques a Who wants to live forever, y tal vez por ello sea una de sus canciones favoritas. A las largas noches junto a Dickens, Shelley, Zweig y Chandler les debe su ficción embadurnada de realidad, preñada de denuncia social. Confía en los pequeños sueños que no han encontrado el espacio adecuado para crecer y es adicto a la sensación de estar aprendiendo. Sin más respuesta que el silencio fue su primera obra; una novela de formación de marcada carga autobiográfica.

Librerías recomendadas

 


 

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.