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El encanto del sátrapa. Por Krzysztof Jacek Hinzha

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A lo largo de tres periodos muy diferentes de su vida, el polaco Krzysztof Jacek Hinzha ha estudiado, vivido y trabajado en Cuba y ha sido víctima del síndrome que provoca la isla caribeña. Testigo excepcional de los primeros años de la revolución castrista, cuando solo se permitía el acceso a los estudiantes de los «países hermanos» del Este, regresó como corresponsal de la agencia de noticias polaca PAP en 1991 y asistió a las consecuencias de la caída de los regímenes comunistas en todo el mundo, excepto en Cuba. En 1998 volvió a La Habana como diplomático para conocer la cara más represiva del régimen de Castro.

Cuba, síndrome isla, que ha tenido un gran éxito de ventas y de crítica en Polonia, se traduce por primera vez, con un prólogo escrito por el autor para los lectores en español –del que ofrecemos un fragmento–, y constituye un análisis ameno, riguroso y emotivo, vivido en primera persona, de la evolución política y social de Cuba.

El encanto del sátrapa

Como corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca PAP en Cuba, cubrí la visita del presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, en septiembre de 1991. Fidel Castro lo recibió con todos los honores de jefe de Estado. Recogió en persona a Fraga en el aeropuerto y a veces se presentó inesperadamente en algunos de los lugares previstos por el programa de visita del invitado español. En un ambiente amistoso jugaron una partida de dominó. Fidel Castro sorprendió con ello a muchos observadores. Nadie esperaba que el líder comunista de Cuba encontrara tantas cosas en común con el padre de la derecha española. Los periodistas optaron por ver la explicación en los lazos que unían a Castro y a Fraga con Galicia y con Cuba. Los padres de ambos habían emigrado a Cuba a principios del siglo xx en busca de mejores condiciones de vida. Manuel Fraga vivió tres años en Cuba antes de volver a España con los suyos. Por su parte, la familia de Fidel se estableció definitivamente en la parte oriental de la isla. Algo menos de un año después del viaje del presidente de la Xunta de Galicia a Cuba, en julio del año 1992, Fidel Castro hizo su primera visita a España. En Galicia fue recibido por Manuel Fraga; los habitantes de la localidad de Láncara en la provincia de Lugo, de donde era originario Ángel Castro Argiz, el padre de Fidel, le brindaron un sonoro recibimiento y le nombraron Hijo Predilecto.

cuba-sindrome-isla-9788494858109Es solo uno de los ejemplos que dan fe de las estrechas relaciones de Cuba con España. Por lo general, carece de sentido buscar semejanzas políticas o coincidencias ideológicas cuando se trata de explicar la cercanía entre los cubanos y los españoles. Unos siglos de historia común, en los que no faltaron momentos difíciles, justifican sobradamente la simpatía mutua y las relaciones específicas que unen a ambos países. Los lazos entre Cuba y España se asemejan a vínculos familiares, en el mejor sentido de la palabra. Cuba, desde la perspectiva de Madrid, pertenece tanto al área de la política exterior como de la interior. Por su parte, las relaciones que unen a los habitantes de la Mayor de las Antillas con España y con Estados Unidos parecen más cercanas que con el resto de América Latina.

La afinidad entre Fidel Castro y el generalísimo Francisco Franco, también oriundo de Galicia, siempre atrajo mi atención. Franco, pese a su ideología anticomunista, jamás rompió las relaciones con Cuba y no cedió a las presiones de Estados Unidos para que España se sumara al embargo comercial a la isla caribeña. Ni siquiera las expropiaciones de los bienes de los españoles en Cuba le hicieron romper las relaciones. Castro supo valorar la postura de Franco y jamás hizo comentarios sobre su persona en público. En la biografía de Ignacio Ramonet publicada en 2006, Fidel Castro. Biografía a dos voces, Fidel declara al respecto: «Fue una actitud meritoria que merece nuestro respeto e incluso merece, en ese punto, nuestro agradecimiento. No quiso ceder a la presión norteamericana. Actuó con testarudez gallega. No rompió las relaciones con Cuba. Su actitud fue firmísima’». Los barcos españoles atracaban regularmente en los puertos cubanos, y la línea aérea española Iberia aseguraba la conexión entre Europa Occidental y la isla caribeña. Desde el año 1960 España era uno de los escasos países con un acuerdo comercial bilateral con Cuba que se renovaba anualmente.

Castro criticaba a los franquistas pero nunca al propio caudillo; Franco procedía con la misma cautela. En 1960 Castro expulsó al embajador de España y durante los quince años siguientes, hasta el fallecimiento de Franco en 1975, el puesto permaneció vacante. No obstante, si equiparamos las relaciones diplomáticas entre ambos países con las de Cuba con otros estados de la Europa Occidental, podríamos decir que eran buenas. Una prueba fehaciente de una fuerte conexión entre la España franquista y la Cuba comunista, pese a incidentes y a la distancia ideológica, lo fue la declaración por Fidel Castro de tres días de luto nacional cuando murió Franco.

La simpatía apenas disimulada entre ambos países era consecuencia de los intereses comunes. Franco no quería que Cuba se convirtiese en otro México que reconociese al gobierno republicano en el exilio. Castro, por su lado, buscaba contactos comerciales y la posibilidad de utilizar a España como puente hacia Europa.

Durante casi cuatrocientos años Cuba estuvo unida a España por el cordón colonial. Junto a Filipinas, Puerto Rico y Guam fue una de las últimas colonias que se perdieron en el conflicto armado con los Estados Unidos de 1898.Para muchas generaciones de españoles resultaría difícil hablar de la identidad nacional sin Cuba. Prácticamente una de cada dos familias cubanas tiene conexiones más o menos cercanas con España.Los cubanos blancos (más del 60%) sonde ascendencia española. Durante los siglos XVIII, XIX y la primera parte del siglo XX, importantes oleadas de canarios,gallegos, asturianos y catalanes emigraron de España a Cuba. Los andaluces son también una comunidad bastante numerosa, de hecho la forma de hablar de los cubanos tiene una fuerte influencia del español de Andalucía (al igual que del acento canario).

Cuba ha sido siempre para España un factor de prestigio,de importancia económica, agrícola y estratégica. No es de extrañar que en el siglo XIX varios presidentes de los Estados Unidos hicieran ofertas para comprar Cuba, que la monarquía siempre rechazó. La pérdida de los lazos sentimentales que a lo largo de varios siglos unieron a Cuba con España conformó el trauma de la Generación del 98. La disgregación del imperio colonial español fue un duro golpe para los españoles,para la identidad nacional española.


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