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Líneas urgentes para Carmen Jodra

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El fulgor de Carmen Jodra

La poesía no me llegó hasta bien tarde. Era un género que incluso despreciaba. Por la lectura de una antología de poesía española descubrí a algunos poetas, entre ellos a Rubén Darío. Entonces se produjo en mí el clic. En dos años, 98 y 99, exagerando un poco pero no tanto, me leí toda la poesía universal como un poseso (gracias para siempre, Círculo de Lectores) y hasta llegué a hacer mis pinitos, vistos entonces por mí como obras maestras que me conduciría al Nobel y hoy como mojones con flecos sobre los que tengo que dar gracias a Dios porque alguien no te publicase uno y te persiguiera para siempre. En esos instantes admiré incondicionalmente y desde el principio a una escritora, Carmen Jodra. Recibió el premio Hiperión en el 98. Lo había escrito años antes, con 16 tan sólo. Tenía un absoluto respeto por los clásicos, dominio de la métrica, humor, ternura, un punto oscuro y extraño…pero sobre todo el fulgor que tienen unos pocos y que no se puede definir. Un cursi dirá que duende y otro que el nosequé queseyó del genio futuro y entonces en estado larvario pero ya evidente. Además ¿cómo alguien casi quinceañera podía escribir ESO? ¡Era siete años más chica! No era envidia en la lejanía sino asombro. Y encima demasiado pequeña hasta para tenerla de novia imaginaria. Ay.

Poco después tuve, como todos, internet en casa. Cada año, en varias ocasiones, buscaba su nombre para ver si había publicado algo. Sólo publicó otro libro más. Leí algunos poemas y no me llegaron. Pero seguía buscándola. Incluso recuerdo alguna que otra noche de búsqueda enloquecida, probando palabras con el Google y pensando paranoicamente en que podía estar escribiendo cosas con seudónimo en blogs o foros. ¿Cómo podía ser que aquella adolescente tocada por los dioses no se hubiera convertido ya en la adulta y colosal figura que parecía destinada a ser?

Nunca he tenido relación más familiar con una escritora (o escritor). Curiosamente con alguien que no escribía. Décadas de seguimiento esperando El Libro. Y que algún acto literario la trajera por mi ciudad para poder hacerle una entrevista Por Fin.

Perfecta en el momento perfecto

Esta mañana me he enterado de su muerte por un cáncer fulminante a los 38 años. Supe por mis búsquedas que decidió tener una vida alejada del mundillo literario, aunque no de la literatura, pues era bibliotecaria.

Esperábamos a la genio y su genialidad estuvo en comprender muy pronto y con modestia que no lo era, que Las moras agraces fueron fruto de una combinación de factores, de aquel aquí y de aquel ahora, y que jamás se repetiría semejante brillo. Se me quedó también en la memoria que Francisco Umbral le dedicó una de sus columnas, porque me encantó al verla al final del periódico (era lo primero que leía). Se titulaba sencillamente «Carmen Jodra». Creo que todos los lectores que a finales de los 90 quedamos prendados por sus poemas vemos en este artículo todo lo que supuso aquel librito que parecía ser el prólogo de un talento pocas veces visto y que hoy puede servir de momentánea resurrección.

Su prematura muerte hará que su primer libro cobre artificialmente halo de culto, que sus familiares y allegados (por el dolor) y algunos de otra especie (por el provecho) saquen desde mañana mismo eso que se llaman «poemas que se dejó en el cajón». Y que si los dejó en algún lado por algo fue.

Fue perfecta en el momento perfecto. Y eso fue todo.

«Entre la actualidad acelerada del fin de siglo tenemos que dar noticia urgente y demorada de una mujer que hace versos en mitad de la calle, al cabo de la calle y de la noche, pero llena de noches sosegadas. Toda nuestra gran poesía barroca suena hoy, actualísima, en la voz blanca e irónica de Carmen Jodra» (Franciso Umbral, artículo del 4 de octubre de 1999).

Divertimento erótico

Un gemido doliente entre la alheña
un rítmico suspiro en el helecho,
musgo y pluma por sábana del lecho,
por dosel hoja, por almohada peña,

y la lujuria tiene como seña
violar mujeres y violar derecho
y ley y norma, y un hermoso pecho
sabe el pecado y el pecado enseña.

Trasciende de la fronda un olor suave
a sagrados ungüentos, y una queda
música, contenida y cadenciosa,

y el blanco cuerpo de la bella ave
y el blanco cuerpo de la bella Leda,
bajo el peso del cisne temblorosa.

[Poema de Las moras agraces]

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