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Liliputienses en los medios: Doliente

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Sobre Doliente

Por Javier Gallego en profundamentesuperficial

En cierta forma lo narrativo también forma parte de la manera propia de entender la poesía que tiene Patricia González López. Las intensas relaciones entre vida y escritura estructuran este Doliente. Un caso específico de poesía social muy alejado de los cánones más ortodoxos de denuncia.

En primer lugar se interioriza esa relación con el mundo como punto de partida:

Leer los diarios para conversar,
dejar de leerlos para vivir

(Demolición).

Después porque la realidad es la que despierta la imaginación a través de la cual somos invitados al interior del yo poético:

Si alguna vez
un crimen sucede cerca de casa
quiere dejar de
ser pobre y fea

tiene mucho que perder como
para declararme culpable por unos pesos
tener ahorros y algo de fama
que alcancen para convertirme en héroe

(Los culpables).

El yo poético que se va desplegando en Doliente tiene mucho de malditismo updated, también fuera de las convenciones del género:

No me perdono tener miedo
de alguno un poco más sucio que yo

(Disculpas).

El dolor físico y el psicológico, el sufrimiento moral acentúan el sentimiento de desamparo que desprenden estos versos:

La primera vez sentí cosquillas
la segunda rutina
la tercera dolor
la cuarta desdicha.

Patricia González López asume el sufrimiento ajeno:

Todo aquel
el que se suicida
estuvo muerto antes;
a la muerte la hacemos entre todos

y lo hace a través de los objetos cotidianos, los recuerdos, anotaciones.

La conciencia social no se ancla en la queja, sino en la rabia y en la lucha por evitar lo muy trillado:

No me enseñaron a quererme
me enseñaron lo que hay que hacer para ser querida

Me enseñaron a ser deseada

Soy habitante de la falocracia
me enseñaron venderme al mejor postor
que por lo menos me pague el café

que me cele, que no grite, que me parta, que me encierre, me prohíba me sacuda me mate
siempre por pasión

(Ni muy trillado).

Asume, por otra parte, la obligación de compartir y la necesidad de apoyarse en los demás, en los recuerdos, en la infancia:

La seguridad me toma
al sentir el olor a la pata de mi abuela;

Los productos de todo nuestro árbol genealógico
los papás que se fueron por las ramas
los papás que nunca quisieron ser
los papás de oficio
los papás de prestado
otros fantasmas

El resto de relaciones humanas, en especial el amor, debe, por lo tanto tomar este derrotero:

Me estoy enamorando –su lengua sabe rica–
algo no pasa –su aliento sabe extraño–
esto se termina –el olor a infección del final–

Pues, como comprobamos si tenemos abiertos los ojos, ni siquiera el cariño puede evitar el sufrimiento:

Dos nenes dan a luz
a otro niño quince años menor,
desde ahí va a saber
que toda tristeza
se topa con más vida

(Los nenes del barrio).

El delirio se puede convertir en un refugio

Me hice amiga de hijos de paraguas
los defendimos en todos los trabajos que pudimos,

(Casa de paraguas)

en especial contra la angustia de perder la identidad:

Y si por fin
me abandona el miedo ¿qué me queda?

La lucidez del poeta corre pareja a un joven desengaño:

Quise estudiar para que no me pisen

nadie me avisó,
que era transversal
a la dependencia
la relación de aplastamiento
que la variación
de la libertad
era el traspaso
de un encierro a otro

Hay un verso terrible que resume este planteamiento:

La felicidad es inconveniente,
siempre se carga alguna injusticia

(Solitario)

Esta es poesía social como social es la vida. En la segunda parte, No queda bonito quererse, son las relaciones interpersonales, el amor, quien cobra protagonismo:

El problema de la poligamia del otro
es la monogamia de uno

El tono se vuelve más sensual y carnal:

Tenía sed y ganas de algo dulce
te creí una naranja
te tomé con toda la boca

(Navaja para juego);

Te besé porque dijiste que entendías a los chorros,
pero después fui en camisa de fuerza

(Sube si me sigo bardeando por preferir a quien le importo un rabacito).

Sin perder la condición de cuestionamiento social que ha se ha ido desarrollando en el volumen:

Ser un poco de ellas
para fascinarte un poco más
ser otra mujer
y fascinarte más
que te aburras

(Lo poco).

Puede tornarse un poco más irónico:

Supongo que los gusanos también pasan hambre
supongo que las víboras en algún momento lloran.

Y pasar, así, a una segunda fase en la que el sufrimiento y el rechazo aparecen:

Estás confundido con esto de rechazarme
soy ideal para vos
parezco perfecta
no rompo las bolas


Te dejaría que tengas romances afuera
lo que necesites
y mi devoción intacta.

No te muerdo más
no te pido más
que me abandones de vez en cuando

De nuevo Patricia González se autoanaliza y se define, como una entidad y como el Otro:

Soy un ser profundo
convertido a la hipocresía.

Me esfuerzo por ser desprolija
cojo como una puta
y soy libre como un varoncilo

De ahí, en Sobre ejercer el derecho al mal gusto, se plantean las relaciones fantasmas, los recuerdos y la soledad:

Pero una vez más mis palabras favoritas:
Revelación autosuficiencia, soledad;

Éramos improbables
tan irreales como decir: arrancar la dieta el lunes

ahora juntos un trámite bancario
muchas pareado
esconden muestran transacción
sin celulares o al ring raje

programa de amor peronista
dar y dar y dar

La interconexión con la escritura puede servir de clave:

(A este texto le falta algo
pero no puedo
deducir qué.
Conmigo me pasa lo mismo)

Ternura infantil es la última sección del poemario, y se acerca de nuevo al amor como eje de las relaciones humanas:

–quise escribirte un poema de amor
y tuve que ir a los tuyos–

Así se tratan las relaciones, el amor y la entrega, la renuncia:

No quiero ser ladrona de lo prohibido
no busco arrebatar lo improbable
pero lo posible me queda incómodo;

Tampoco me sentí invencible
cuando desvelé al infierno,
a las intenciones del destino

Para concluir que

Soy el propio ácido que no quema.

Se trata, en suma, de encontrar-se en el mundo, con toda la mochila de expectativas propias y ajenas:

Recién entiendo
que pasé mi vida
buscando a quien echarle la culpa
de las faltas de mi cuerpo
yo prendí velas para ser perfecta
a medida que te acercaba
yo aún rellenado la sonrisa
y sin creerlo estábamos
en casa jugando a ser niños
que descubren su cuerpo por primera vez


Puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no lo tienen— Doliente en estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa, y no están, seguramente, todas las que son…

Gustavo Yuste escribe lo siguiente sobre el libro:

Los poemas que forman parte de Doliente de Patricia González López dan cuenta de una de las armas más utilizadas dentro de la poesía pero que aún no pierde su filo: la búsqueda personal. Con un tono íntimo y particular, la autora no deja pasar la oportunidad de denunciar aquello que sucede a su alrededor. De esa manera, en los versos de González López las desigualdades sociales, económicas y un patriarcado estructural conviven con el amor, el desamor y otras telarañas sentimentales.

Sobre la autora

Patricia González López (1986, Capital Federal, Argentina) es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha publicado los libros de poesía Indecible (Milena Caserola, 2009), Maldad, Cantidad necesaria (Milena Caserola-Llanto de Mudo, 2013) y Otro caso de inseguridad (Santos Locos, 2018), así como el de narrativa Dos de Azúcar (Milena Caserola, 2010).

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