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Libros para disfrutar. Palabra de Librero

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Desde Tusitala os ofrecemos una serie de recomendaciones literarias para estos días…

Libros para disfrutar. Palabra de librero

Comenzamos por Novela de ajedrez (Acantilado, 2013), narración breve de Stefan Zweig, uno de nuestros autores favoritos. Como ocurre también en Mendel el de los libros, un narrador anónimo que bien podría ser el propio Zweig nos presenta a un personaje misterioso, tan sublime como derrotado. Publicada por primera vez en 1941, Novela de ajedrez es muchas cosas (obra de intriga, homenaje al juego de juegos, viaje al interior de la psique, alegato contra la barbarie nazi) y sobre todo un artefacto literario que funciona a la perfección: seduce, sobrecoge y te conduce hacia su amargo final como a un preso hacia el patíbulo.

Pasamos del ajedrez de Zweig al gran maestro norteamericano del relato, Raymond Carver. Cualquiera de sus libros publicados por Anagrama serían recomendables: Catedral, Tres rosas amarillas, ese álbum fotográfico salpicado de textos suyos que es Carver Country; pero vamos a centrarnos en De qué hablamos cuando hablamos de amor, 17 relatos cortos que navegan por las turbias aguas del realismo sucio: pesimismo existencial, mujeres y hombres a la deriva; todo ello servido crudo, sin envolver, con su característica prosa tan certera como desnuda de artificios (y de la que se responsabiliza en buena medida a su malévolo editor). Conviene además detenerse en el relato que da título al libro, el cual sirvió de referencia para el montaje teatral que vertebra la magnífica películaBirdman, triunfadora en los premios Oscar de este año.

De exploradores y odiseas habla Crónicas marcianas, clásico de la ciencia-ficción que la editorial Minotauro acaba de rescatar en edición conmemorativa, limitada y numerada. A lo largo de diversas expediciones a un planeta rojo de fábula, Ray Bradbury nos inocula ese sentido de la maravilla que sólo él es capaz de amasar, al tiempo que nos invita a reflexionar sobre la naturaleza humana, ya tenga los pies en la Tierra o sobre el polvo de Marte. Para saber por qué un clásico es un clásico, basta embarcarse en el pequeño cuento que abre el libro, titulado El verano del cohete, y ya en las alturas de la imaginación, dejarse arrebatar por el calor de estas lecturas.

La Buena NovelaPor útlimo, La Buena Novela, de la francesa Laurence Cossé (Impedimenta, 2012), un librero utópico y una mecenas letraherida se asocian para abrir una librería en París bajo el nombre que da título a la obra y que, por descontado, sólo vende eso, buenas novelas. Reúnen a un comité secreto de escritores, en base a cuyo criterio seleccionan los libros excelsos que llenan sus estanterías. La Buena Novela se abre con una trama de intriga, ya que algunos de esos escritores son descubiertos y atacados por los envidiosos que se esconden bajo “las malas novelas”. Pero eso es lo de menos. La Buena Novela habla de buenos libros, de buenos escritores, de buenos libreros. De la pasión que provoca la literatura, de ese navegar contra viento y marea que supone abrir una librería en la consabida era digital y del superventas.

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