Consuma resta III

Eduardo Milán

24,00 

Hay existencias

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Descripción

El no-lugar de la poesía no es una negación del posible lugar actual —o tradicional— que se le adjudique a la poesía. Es un acto de memoria radical, el recordar que la poesía tiene una base de vacío, una base de no ser que sustenta lo que es. No es su con­cepción técnica, su poder de construirse en artefacto. Es su cons­titución simbólica que se abrió en haces lo que la modernidad —y en la actualidad se vuelve acuciante e indignante, eso que quisie­ron enrostrar las vanguardias— busca negociar e indiferenciar entre las otras cosas del mercadeo (que no del mercado, lugar propio de intercambio). Y entre sus haces, lo incomunicable: un estar ahí de ese lenguaje verdadero que oscila entre aparecer y desaparecer, ese lenguaje difícil de aceptar en su movimiento porque ese movi­miento da cohesión al no-lugar, une visible e invisible aun detenido, demorado, interrogado.

Cuando no hay tragedia no hay problema. Hay aproximaciones continuas, unas a la felicidad como meta de una especie que no sabe a ciencia cierta muy bien qué es y por eso a la mínima oferta de constitución o de consolidación sienta plaza de triunfo con penacho y fiesta —ahora con desfile militar y cazas sobrevolando la ciudad. Están convencidos mientras no hay tra­gedia de que la poesía es un continuum de lugar que arranca con el primer aullido más o menos armónico y todavía sigue insistiendo el día de hoy, en la intermitencia del hago o no hago, sigo o no si­go, me levanto o me someto, con silencio-entre-dos-muertes como antes entre-dos-guerras. Fue ahí cuando me oí en voz alta «Accord­ing to Brueghel —when Icarus fell— it was spring» —a ver: ¿Brue­ghel? ¿Icarus? ¿o spring?— y luego en voz baja tal-es-el-hom-bre, tal-es-el-hom-bre, ¡talismán! —sigo al sonido, sigo al sonido, no sigo clint-clint-ton-ton ningún dinero en especial, soy extranjero—.

Me acordé que en mi historia personal están los elementos no nego­ciables que permiten la constitución del no-lugar, la base de orfan­dad materna y luego el sello de la desaparición paterna de lo visible social (aun absurda, paradójica: preso en Libertad).

En este volumen se incluye su poesía publicada entre 2010 y 2014: (In)solvencia (originalmente publicado como Solvencia, 2009), Disenso (2010), Vacío, nombre de una carne (2010), Donde no hay (2012), Chajá para todos (2014).

El autor

Eduardo Milán nació en Rivera, Uruguay, en 1952. Por motivos políticos se exilió en 1979. Residente en México, fue miembro del consejo de redacción de la revista Vuelta y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (FONCA) de México. Entre sus ensayos destacan Una cierta mirada (1989), Resistir, insistencias sobre el presente poético (FCE, 2004), Justificación material, ensayos sobre poesía latinoamericana (2004) y Ensayos unidos, poesía y realidad en la otra América (Antonio Machado libros, 2011).

Su obra poética hasta 1999 se encuentra reunida en Manto (FCE), su poesía es constantemente publicada en diversos países de Hispanoamérica y cabe mencionar, dentro de sus entregas recientes disponibles en España, El camino Ullán seguido de Durante (nº3 de la Colección Transatlántica, Amargord, 2009), Solvencia (Biblioteca Sibila, 2009), Disenso (FCE, 2010), Desprendimiento (Leteo, 2011), Donde no hay (nº13 de la Colección Transatlántica, Amargord, 2012) y Salido (Madrid, 2019; México, 2020).

En libros de la resistencia también ha publicado No hay, de veras, veredas (2012), Visión de cuatro poemas y el poema que no está (2016), Prosapiens (2017), Hilachas raíz, chajá (2019) y el primer y segundo tomos que reúne su poesía, Consuma resta I (2018), Consuma resta II (2019) e Irrumpe lo real. Nuevos prosapiens breves (2020).

Información adicional

ISBN

9788415766711

Autor/a

Editorial

Colección

Cubierta

Tamaño

Año

Páginas

528

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