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Librerando. Con Mary Shelley

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Librerando, que no es gerundio

La primera palabra que me inventé, no se me va a olvidar, mi hija también ha acabado usándola, fue freresía. Es una mezcla entre grima, algo de espanto, repelús y unas enormes ganas de salir corriendo. Por ahí anda. Debía ser muy pequeña, tanto como para que a mi madre, que era la que estaba en la casa con todos nosotros —éramos cinco, nada menos, a cuál más sucio, ruidoso y maleducado— y, por tanto, testigo obligado de todos nuestros progresos y desmanes, la ocurrencia le chocara lo suficiente como para reírse  un poco los días que se permitía estar vagamente de buen humor. Y fue así cómo freresía acabó formando parte del acervo familiar, tan raro como era ver a mi madre medio divertida. Era bonito verla reír, añado. Y confortable; el mundo dejaba de ser tan áspero en aquellos raros momentos.

Luego inventé muchas más. Ninguna, eso también, volvió a tener el mismo éxito que freresía, siquiera uno parecido.

Andando el tiempo, ya saben, llegué a Librerantes. Librerantes es mi preferida. Me encanta. Me gusta casi tanto como lo de inventarme títulos, nombres y palabras.

«¿Y a mí qué me importa?» se preguntará quien aún ande ahí, si es que hay alguien que anda por ahí. 

No, si ya. Pido disculpas. A veces me pasa que me apetece contar un montón de cosas (a la vez, por eso suele quedar un pelín desordenado cuando al fin me pongo), y como no sé hacerlo, por dónde empezar, ni para qué, uso estas notas de prensa, como la que no quiere la cosa; seamos al menos originales quienes no podemos aspirar a la genialidad, ¿no? ¿O acaso conocen a otra pequeña a la par de coqueta distribuidora que se tome estas confianzas? Pues eso: Librerando, nuestro flamante club de lectura.

El nexo —siempre hay uno; cogido por los pelos, ya, si lo sé— de todo lo que acabo de contar es el nombre que le hemos colocado: Librerando. Palabra inventada que les regalo, si les place; sírvanse.

Ocho libros ocho. Ni uno malo, ni regular. Palabrita de niña Jesusa que se los ha leído y disfrutado casi todos. Va aquí La Lista, para abrir boca. El primero, los diarios de aquel primer viaje…

Librerando Historia de un viaje de seis semanas (2)

Y poco más. Corran a por su libro, léanlo despacio, reúnanse luego con nosotras; cada uno de los encuentros tendrá su qué; ya verán, ya.

Gracias por llegar hasta aquí.

 

 

 

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