Leyendo a Reynaldo Jiménez

Tigre, tigre que relumbras
en las selvas de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
forjó tu aterradora simetría?

William Blake, traducción de Salvador Elizondo

Con motivo de la publicación de Ganga II (Libros de la resistencia, 2021), en un intento de acercar al autor a quienes aún no lo conozcan, os dejamos algunas impresiones sobre su obra. Libros de la resistencia también ha publicado el primer tomo de su poesía reunida, Ganga I, los ensayos Intervenires, traducido y escrito el postfacio para el poema El infierno de Wall Street de Sousândrade y reeditado la traducción revisada de Catatau de Paulo Leminski.

 


En estas «estampas» de sus Miniaturas el objeto está siempre ahí, pero, errátil, resulta inasible: es un error, como dice la cita de Elizondo (yo diría una errancia) tan imposible de determinar como el movimiento/posición de las partículas en la física/incertidumbre de Heisenberg. Debo confesar que estos simulacros de realidad me interesan muchísimo: quiero decir que son para mí uno de los aspectos más esenciales de la realidad y están tan vinculados al ritmo, el otro aspecto esencial, que se podría decir que sólo son ritmo: justamente el ritmo de los poemas suyos, sin fallos y perfectamente controlado, es una evidencia que no admite evasivas; agarrándose de ella, el lector tiene que inventar con usted todo lo que dice el poema.

Américo Ferrari


El barroco (y a Jiménez le cabe esa calificación estética) molesta a ciertos lectores cortos de vista, que no ven (no entienden) lo que se ve. No hay mesas y sillas, como en el teatro naturalista argentino, o si las hay están volando, dadas vuelta. Nada reconocible, a simple vista. No se le ve, como al puente lezamesco, pero se le siente. Hay un espectro que se escurre entre los claroscuros de las letras. Se hace, por así decir, un salir de sí. Puré de yo: escorzo de un yo. Este salir en Reynaldo Jiménez no es desmelenado ni patético, sino más bien sereno: paréntesis en la corriente de las aguas. Se simula (¿remédase?) un concepto, la sombra de un concepto, cierta filosofía del alma intersticial, claro que es siempre la lengua (sus fricciones antes que sus ficciones) que le sustenta al encabalgar sus florilegios manieristas.

Néstor Perlongher


Sería inútil decir que el lenguaje de RJ ya no es el castellano. Se suelen decir esas cosas, como si existieran lenguas personales o como si la poesía pudiera distinguirse fácilmente de una «lengua normal» y un uso normal (instrumental, comunicativo) de la misma. Antes bien, lo que hace RJ es mostrarnos que toda lengua es extranjera, que nuestra lengua materna nos es constitutivamente extraña y que para comunicarnos hemos renunciado a zonas del afecto y del lenguaje en las que se hunde el infante: el balbuceo, la canción, el ritmo, la repetición.
RJ hace un trabajo de desautomatización, o, por usar sus palabras: desfosiliza, desacumula: el poeta es un anautómata.

José Ignacio Padilla


Como cualquier experiencia intensa de lectura, Plexo me obligó a ajustar el cuerpo a una disposición particular, y pronto tuve que entender que, si no quería hundirme, debía preparar mis ojos para una especial velocidad. Constantemente tenía la sensación de intentar equilibrarme sobre un chorro de palabras, en el que ninguna de ellas alcanzaba a fijar sus pretensiones porque las demás ya las estaban empujando hacia adelante.

Felipe Cussen


Será entonces la traza del Parmigianino y su espejo convexo, aunque el de Jiménez es cóncavo, hundido, implosivo, por lo tanto distorsionado. Esa alteración en las profundidades tiene su tamiz: la erótica del poeta trasegada por la zaranda o red de imantación de residuos sensoriales. El efecto óptico de los textos de Jiménez sería comparable a aquella frase de Elie Faure cuando cita a Watteau, y que rescata Deleuze en el prólogo a Répétition et différence, y que afirma que el ojo del pintor «coloca lo más pasajero donde la mirada promedio encuentra lo más durable».

Mario Arteca

 

Sobre el autor
reynaldo jiménezReynaldo Jiménez nació en Lima en 1959. Reside en Buenos Aires desde 1963. Ha publicado numerosas obras, entre las cuales citamos aquí La curva del eco (1998, 2008.), La indefensión (2001, 2010), El libro de unos sonidos. 37 poetas peruanos (2005), Shakti (2005, antología y versión portuguesa de Claudio Daniel), Ganga (2006, antología poética con selección de Andrés Kurfirst y Mariela Lupi), Esteparia (2012) y Olla de grillos (2018).

Ha traducido libros en portugués y francés. En los 80 integró la banda de artistas El Invitado Sorpresa. Con Fernando Aldao grabó La indefensión (2002) y Ex (2012), además de otras colaboraciones. Ha participado en numerosos eventos performáticos y literarios y ha dictado talleres de escritura en más de una decena de países.

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