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Las vanguardias invisibles

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A menudo los artistas tienen interés en otras disciplinas o practican más de una, aunque sean más reconocidos por unas que por otras. John Asbery, poeta integrante de La escuela de Nueva York, se le nota no sólo interés por la pintura, sino el haber sido también un pintor amateur. Si no logró reconocimiento como tal, estas reseñas de exposiciones, perfiles de artistas y breves ensayos tienen que ser atesorados por cualquier aficionado al arte y la pintura.

Tienen un aire parecido a las crónicas boxísticas de A. J. Liebling reunidas en La dulce ciencia, que aquí publicó Capitán Swing. Como Liebling, Ashley logra despertar el interés del no iniciado, trasmitirle la importancia de los matices y, lo más importante, no aburrirle. Como las crónicas de Liebling, gran parte de estos textos vio la luz en la humilde cuna de una columna periodística, esperando, en el mejor de los casos, ser leídos entre dos estaciones de metro o en un trayecto en autobús. Ashley, que se había doctorado con una tesis sobre W. H. Auden, nada menos, poner el mismo cuidado en explicarnos el Expresionismo Abstracto que Liebling en explicarnos la Philly Shell, la célebre guardia que solían usar los boxeadores de Philadelphia, incluyendo a Smokin’ Joe Frazier.

Lo hace sin tratar de demostrar en cada frase que es brillante, sin recurrir a una jerga litúrgica ni volviendo su discurso ininteligible. No sé si alguien le explicó la famosa máxima periodística del lechero de Kansas, pero Ahsbery la aplicó a la perfección: respeta a su lector y explica lo que ve y lo que conoce lo mejor que sabe, haciendo pedazos la supuesta lejanía del arte contemporáneo, al indicar con amabilidad cuáles son los detalles que deben ser tenidos en cuenta para apreciar las obras de las que habla. Logra hacer entender que ha de aprenderse otro lenguaje y usar otras coordenadas. Da las claves sin engolamiento, de manera sencilla. Si el lechero de Kansas lo leyó alguna vez es muy posible que mirase de otra manera los cuadros de Pollock, Rothko y De Kooning.

Publicado en la colección Mula plateada de Kriller71 ediciones, que tiene también una colección de poesía, me parece que Las vanguardias invisibles es un libro necesario, y más en estos tiempos, como pueden serlo una terraza, un paseo por la orilla del mar o una taza de té y desmiente el tópico de lo arcanos e interesados en crear confusión que son los libros sobre arte —me entran muchas ganas de leer La palabra pintada y Quién teme a la Bauhaus feroz de ese descarado muchacho vestido de blanco, el señor Tom Wolfe. No, mire, pase usted, no se preocupe, no tenga miedo ¿Quiere pasar un buen rato? ¿Tiene ganas de aprender cosas como que el expresionismo abstracto se basa en la escritura automática de los surrealistas? Póngase cómodo, le presento a John Ashbery, que le hablará de cuadros y artistas. Le aseguro que lo disfrutará.

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