Inicio»Puentes»Comenzar a leer»La reflexión de Salvatore Satta

La reflexión de Salvatore Satta

2
Compartidos
Pinterest WhatsApp

Antes de adentrarnos en esta exclusiva pieza de Salvatore Satta —De Profundis— creemos justo dar la palabra a quien ha puesto todo su empeño en traducirla con una calidad impecable;  Chiara Giordano y Javier Echalecu

De Profundis. Por su traductora y traductor

Escrita entre junio de 1944 y abril de 1945 en Pieris d’Isonzo donde el jurista y narrador Salvatore Satta se había refugiado después de que los bombardeos aliados destruyesen su casa de Génova, De profundis es una meditación lúcida y dolorosa, de tonos amargos y sarcásticos, en torno a los últimos veinte años de la historia italiana. El régimen fascista y la Segunda Guerra Mundial son el abismo del que surge y al que se dirige la reflexión de Satta.

Cubierta de De profundis (La umbría y la solana, 2019)

El manuscrito, publicado en 1948 por la editorial paduana Cedam, había sido rechazado por Einaudi en una célebre carta, fechada el 6 de mayo de 1946, que según el propio Satta adolecía de cierta «cólera sectaria». «Su manera de ver las cosas –escribe Massimo Mila– es radicalmente distinta de la nuestra. […]

En nuestra editorial hemos sido todos partisanos y no aceptamos su postura acerca de los acontecimientos que se produjeron entre 1940 y 1945». Moralismo, pesimismo («un catastrofismo insisten desde la editorial turinesa que le lleva a retratar a nuestro pueblo como un abúlico y pasivo objeto de historia») y, sobre todo, un silencio sobre la lucha partisana y los intelectuales antifascistas que se consideró culpable y sospechoso: tales son las motivaciones del rechazo, tales los cargos de la acusación.

Lo que Einaudi no vio lo que quizá no podía ver en el contexto de la inmediata posguerra, con las heridas de la dictadura y de la guerra aún abiertas y la urgente necesidad de levantar la nueva República sobre los valores del antifascismo es que el libro de Satta, lejos de facilitar justificaciones o absoluciones, constituye una penetrante e implacable radiografía de las condiciones materiales que propiciaron la llegada del Fascismo, esto es, de las contradicciones del Estado burgués y liberal de raíz decimonónica.

El auténtico protagonista de la obra es el que Satta llama «hombre tradicional»: es el burgués que, amparado por «dos fieles servidores, el Estado y Dios», se arma de un aparato jurídico y burocrático destinado a la salvaguarda de sus intereses y privilegios de clase; y que precisamente en dichos intereses y privilegios asienta su seguridad, su concepción de la libertad y, sobre todo, su propia identidad de individuo, de ciudadano libre (libre, claro está, de hacer, de poseer, de adquirir). Pues bien, de acuerdo con Satta, este mismo hombre «que interpretando al pie de la letra el quod superest date pauperibus se creía cristiano; que considerando la patria como un interés se decía patriota; que confundiendo la libertad con su forma jurídica se consideraba liberal» no dudó un momento, primero, en ceder su libertad al «héroe italiano» (Mussolini, el otro gran protagonista de este drama simbólico) cuando los movimientos sociales de finales del xix y principios del xx amenazaron con arrebatarle los privilegios, y, luego, en revocar dicha licencia tan pronto empezó a sufrir los efectos más cercanos y cotidianos de la guerra y el régimen fascista ya no fue capaz de garantizarle «el segundo plato».

El veredicto no puede ser más desesperanzador en esto tenemos que darle la razón a Einaudi. Sin embargo, a pesar de esta atmósfera apocalíptica, el autor sardo nunca deja de abrirse a la fuerza poética de las imágenes, a la belleza de una vida que aunque sea en las palabras de los antiguos o en las huellas de la naturaleza sigue ahí, sigue despierta. Imposible no recordar, en los pasajes más sugerentes y narrativos del texto, algunas páginas de El día del juicio, la obra maestra del Satta narrador.

Además, no podemos olvidarnos de las circunstancias y del momento histórico en el que Satta escribe. La conjura de palacio que el 25 de julio de 1943 lleva a la caída de Mussolini, la firma del armisticio con los Aliados el 8 de septiembre, la inesperada prolongación de una guerra en la que ya no hay un enemigo oficial ni declarado y el regreso del nazi-fascismo con la proclamación de la República de Saló arrojan a Italia a un estado de caos político y desorientación moral que ya ha adquirido las grises tonalidades de una guerra civil.

De ahí la pregunta que, tácitamente, atraviesa todo el texto: ¿Dónde está Italia? El 8 de septiembre nos dice el autor en las primeras páginas la patria ha muerto, pero ¿Qué patria? ¿Había llegado a existir en algún momento lo que hoy llamamos Italia, lo que podríamos llamar patria? Preguntas, todas ellas, de lo más actuales hoy que la cuestión de la identidad nacional vuelve a estar en el centro de los debates políticos e intelectuales, y que sin duda no sonarán demasiado ajenas al lector español.

Impregnado de clasicismo y resonancias bíblicas, rebosante de cultismos y extranjerismos en los que tal vez podemos leer una precisa intencionalidad política, después de que en la década de 1930 el régimen fascista prohibiera el uso de palabras extranjeras, De Profundis se mueve en un nivel abstracto y simbólico que otorga a la reflexión sattiana un aliento solemne y universal.

Las numerosas citas y referencias que aparecen tanto explicita como implícitamente (razón por las que hemos optado por dotar a la traducción de un aparato de notas lo más exhaustivo posible) contribuyen a alcanzar este mismo objetivo.

San Agustín, el Antiguo Testamento y los Evangelios; el Leopardi de los Cantos y el Epistolario; Manzoni, Foscolo y Carducci (referencias fundamentales para quien busca el nacimiento de la identidad italiana, de una patria, más allá de las fronteras y las contingencias históricas); Tácito y el «hombre de Guicciardini» (que De Sanctis calificaba de lábil y oportunista, y que hoy podríamos definir, igual que al «hombre tradicional» de Satta, como líquido y flexible); y, sobre todo, el divin poeta, el Poeta italiano por excelencia: Dante, cuya presencia va mucho más allá de una mera intertextualidad y llega a impregnar el ritmo, los símiles, cada imagen del texto «Yo, que siempre tengo a Dante en la cabeza», confiesa uno de los personajes de La veranda, la segunda novela del autor.

Ahora bien, qué no se asusten los lectores menos familiarizados con la historia y la tradición literaria italiana. En las páginas sobre populismo, en la descripción de un individuo cuyos vínculos con la comunidad se revelan en toda su debilidad e inconsistencia (un individuo sin sentido del Estado, diríamos hoy), en el propio análisis de las distintas concepciones de libertad, el lector español encontrará numerosos puntos de contacto con su realidad, con la realidad que estamos viviendo hoy en día. ¿Y no reside precisamente en esto en esta invitación a actualizar, a trazar puentes, a descubrir identidades y diferencias el inestimable valor de la reflexión histórica?

Con su De Profundis, Satta nos anima a ajustar cuentas con el «hombre tradicional» que todos llevamos dentro, con una ideología que todos respiramos. Lejos de convertir al ser humano en un ente pasivo, ajeno a las decisiones de su tiempo como le reprochaba Massimo Mila, el autor nos recuerda que, por más pequeñas y cotidianas que sean, nuestras costumbres, nuestras prácticas y creencias influyen en la historia. En definitiva, nos coloca ante nuestro pasado y nos invita a tomar conciencia de él, a releer «la experiencia de nuestra historia» conscientes de las responsabilidades colectivas e individuales.


Puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no lo tienen— De Profundis en estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa, y no están, seguramente, todas las que son…

Sobre el autor

Salvatore Satta (Nuoro, Cerdeña, 1902 – Roma, 1975) fue profesor en la Universidad de Roma y uno de los juristas más importantes de la Ita­lia contemporánea. En los años treinta inicia su carrera docente como especialista en Dere­cho Procesal, una labor que desarrolló hasta el año de su muerte en 1975.

Como jurista tiene publicada una obra muy extensa y fue muy re­conocido su estudio sobre el Código de Proce­dimiento Civil italiano tras la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, su obra literaria cuenta apenas con tres títulos.

La estancia de un año en un sanatorio del norte de Italia, fue la base de su primera novela La veranda, que no llegó a publicarse hasta 1981. En los últimos años de la guerra en Italia, 1944-45, escribió De profun­dis, publicado en 1948. Algunos críticos lo han calificado de texto moralista en el que el autor italiano reflexiona sobre el fascismo, la guerra, sus causas y sus horribles consecuencias. 

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.