La poesía del hombre que camina

guárdame en un saco de matrimonio
guárdame en un día frío de abril
que la suerte y dormir sean lo mismo
guárdame en una casa, junto a la catedral
al otro lado del silvo espérame
te respondo que llego

Ha llegado aquí, a La Torre de Babel, Ramiro Gairín, que vuelve a las librerías y vuelve aquí, a esta casa, con su poesía tranquila, que observa lo cotidiano y celebra el día a día, la belleza y la alegría de las cosas pequeñas, de la vida, en definitiva. Ramiro cultiva la poesía del hombre que camina, mira y traduce en versos lo que la vida le va dando. También en este tiempo de frutos, su último poemario, es un hombre que reflexiona, que mira hacia atrás y que recoge los frutos que sembró en los años y poemas pasados.

9788494774591
Cubierta de tiempo de frutos con una ilustración de Lalo Cruces.

Hace unos meses, en otoño de 2020, estuvo con nosotros en La Torre de Babel para hablar de La ciudad que no somos y Llegar aquí. Hoy vuelve con tiempo de frutos, su último poemario, que publica además con la editorial madrileña Piezas azules.

Tiempo de frutos es una mirada hacia atrás para entender el momento presente. Podría ser, por qué no, una historia de amor. Cuerpos, espacio, casas y tiempo son partes y escenarios de esta historia que se narra a través de versos breves, de imágenes, de un universo íntimo y, a la vez, compartido. Es decir, el universo poético de Ramiro Gaidín, con el que celebramos el Día de la Poesía.

«Yo trabajo mucho los poemas, soy muy artesano, los recorto mucho, los tallo, los pulo… pero es un trabajo placentero. Quiero decir, si sufriera, si lo pasara mal, si me costara un esfuerzo y un sufrimiento, no escribiría».

«Me gustó la idea de que mantuvieran ese espíritu del origen, en el que la idea también es un poco que son breves apuntes, que no hay que darles ningún tipo de solemnidad ni de importancia ni títulos en mayúscula ni empezar en mayúscula los versos porque son miniaturas de lo que me, nos ha ido pasando y me ha ido gustando escribir.

También se abre un poco el sentido. Cuando tú no pones signos de puntación, el lector también puede interpretar, aunque sean poemas con vocación de sencillez y de claridad, pero puede interpretar o poner de su parte y apoderarse mejor de la historia que cuentan, si hay una cierta libertad a la hora de leerlo porque no le estás marcando con los signos de puntuación».

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