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La intuición radiante. Por José Miguel Guallar

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El baño de la diosa

Un libro que puede ayudar a mirar desde otro lado, suprimir la hojarasca innecesaria e impulsarnos a la transformación sin rompernos.

Los protagonistas de los relatos que conforman este libro han sido mi aliento y empuje para vivir con más riesgo y plenitud. Todos ellos saben moverse con soltura bajo la superficie y conocen los accesos a una secreta red de metro absolutamente intuitiva. Por tanto, este libro de crónicas puede ser catalogado como una guía imprecisa solo útil para aquellos con tendencia a desviarse.

«Qué pocos saben caer con dignidad», me decía Hadar Eisen, y al decirme esto tocaba la tecla precisa: encarar el riesgo y vivir con plenitud conlleva caer de cuando en cuando en lo profundo. Lo que nos diferencia a los que caemos de los que se zambullen es el sentido práctico: los primeros no dejamos pasar la ocasión de alargar la mano y robar los planos para salir de allí y elevarnos. Sin embargo, los que se precipitan esperan que alguna suerte de providencia les haga donación solemne de ruta de escape y, entre tanto, gastan sus recursos en comprar mapas del tesoro falsos.

Todos los protagonistas son personas de carácter, destacadas en sus profesiones y oficios, constructores de confianza y recios en el sentido de la lealtad tal y como la entiende cada uno. En una cosa estarían quizá todos de acuerdo: a ninguno le cuadra el calificativo de buena chica o buen chico, porque son calificaciones cercanas a «bonito» y alguien dijo que lo feo puede llegar a ser hermoso, lo bonito nunca.

Los siento como una orquesta capaz de hacer mover los pies de cualquiera que los escuche, en cualquier lugar; aunque sea en medio de ninguna parte. El estilo de su música tiene un par de rasgos fuertes: el primero es la energía transformadora. A fin de cuentas, estos protagonistas supieron transformarse y de forma generosa volcaron su energía para que otros se transformaran. Al segundo rasgo fuerte de su música me costó un poco más llegar, a pesar de su evidencia: todos ellos podrían considerarse marinos.

Lo aseado parece contraponer la muerte a la vida: cuando algo está muerto ya no vive. Pero los marinos viven partes escindidas de ellos que murieron de otra manera. Y se les nota. Cuando las cosas se tuercen de verdad todos queremos tener un «marino» cerca, alguien que nos diga cómo movernos por el subsuelo, cómo manejarnos por el metro secreto y salir a la superficie. Así pues, todos los protagonistas son marinos. Tenerlos cerca o, al menos, saber cómo enviarles un S.O.S. es una riqueza incomparable.

A partir de aquí voy a ser más cauteloso al referirme a los protagonistas de este libro de relatos y crónicas escasamente imaginarios. Todos ellos son tipos insobornables, todos son marinos viejos curtidos en galernas y peleas a navaja, aunque desarmados. Con no poca frecuencia se mueven como reptiles del desierto: les es suficiente oler la escasa humedad, sentirlas variaciones térmicas y el viento para ver con los ojos de la intuición.

¿Por qué el hincapié en la intuición de todos estos personajes? Porque casi todos extendieron hasta donde les fue posible la razón y cuando algo dentro de ellos murió, vivió de otra forma. La razón sola no era suficiente. Ellos nacieron con alas pero una, la intuición, no demasiado desarrollada. Hasta que un día les sucedió lo inevitable: como Tiresias, vieron a una diosa bañándose desnuda.

Cuenta la miología que el joven Tiresias tenía una vista excelente de joven y mucha ambición por conocer los secretos de las ciencias y de la estrategia, disciplinas que quedaban bajo la dirección de la bella diosa Atenea. Deseoso de que compartiera con él sus secretos, Tiresias no dejaba de acecharla. En su empeño, un día la sorprendió bañándose desnuda. Atenea era recatada tanto con su cuerpo como con su sabiduría y al saberse observada montó en cólera y puso sus dedos en los ojos de Tiresias que quedó completamente ciego. La diosa quiso, sin embargo, paliar su cruel castigo y le otorgó otra visión complementaria: la intuición radiante. La capacidad de procesar patrones más amplios de información y de anticipar el curso de los acontecimientos.

De manera cierta, en alguna travesía con mar duro, sin que puedan precisar cuándo, los protagonistas de este libro sorprendieron en el baño a la diosa Atenea y desde entonces comparten, en su medida, el mal de Tiresias: son todos marinos con la visión convencional parcialmente reducida, en beneficio de otra visión radiante: la intuitiva.

José Miguel Guallar en el prólogo a Magister Navis


Cubierta de Magister Navis (Hilatura, 2019)

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Un libro que puede ayudar a mirar desde otro lado, suprimir la hojarasca innecesaria e impulsarnos a la transformación sin rompernos.

José Miguel Guallar es consultor experto en estrategia y desarrollo de organizaciones, traslada sus conocimientos empresariales a su día a día pues considera que una vida plena se expresa a través de la amistad leal, de aceptar el riesgo de amar, de abandonarse al influjo de la belleza y, también, de aspirar a llegar a ser, a transformarse. Y esto puede comprobarse en este texto: once historias en las que el autor podría aparecer como protagonista, pero cede la escena a todos aquellos que lo han influenciado de manera decisiva. (Nota de la editora)

 

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