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La huella ambiental de las grandes energéticas. Ballena blanca

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[Este reportaje escrito por Clemente Álvarez fue publicado en el nº11 de la revista Ballena Blanca (2017). Consigue un ejemplar de este o cualquiera de los otros 25 números publicados en la web de Ballena Blanca o en cualquiera de nuestras librerías especialmente recomendadas.]

Endesa ha lanzado una campaña en la que llama «falso mito» a la contaminación del carbón, asegurando que el mayor problema son los coches. De falso mito, nada. Recuperamos este reportaje en el que se incide en el gran impacto del transporte, pero también en cómo esta empresa es una de las que tiene una mayor huella ambiental de todo el país. Precisamente, por el carbón.

 

observatorio de sostenibilidad gráfico

Pensemos en los más de tres millones de empresas que operan en España: ¿cuál de ellas es la que genera más emisiones de CO2 causantes del cambio climático? ¿Alguna como Iberia y sus aviones? ¿Compañías con grandes fábricas, como Seat o Ford España? ¿Marcas muy extendidas que desplacen muchos camiones, como Zara, El Corte Inglés, Mercadona…? De acuerdo con el Observatorio de la Sostenibilidad, solo diez compañías generaron en 2015 el 70% de todos los gases de efecto invernadero lanzados por chimeneas de instalaciones industriales del país, que a su vez corresponden al 28% de todas las emisiones de CO2 emitidas a la atmósfera desde España. Estas diez empresas son: Endesa, Repsol, Gas Natural Fenosa, Hidrocantábrico, ArcelorMittal, E.ON, Cepsa, Cemex, Iberdrola y Cementos Portland.

Excepto por dos cementeras y una siderúrgica, en la mayoría de los casos se trata de eléctricas y petroleras. Por supuesto, hay que decir que esta comparativa (elaborada con datos del registro nacional de derechos de emisión) solo cuenta una parte de la historia, pues no contempla el CO2 del transporte u otras muchas fuentes difusas de estos gases. Aun así, sirve muy bien para comprender el tamaño de la huella ambiental de las grandes energéticas. Y, al mismo tiempo, para identificar qué piezas resulta más efectivo tocar si se quiere acabar de verdad con estas emisiones de dióxido de carbono, logrando una descarbonización de la economía. ¿Estas empresas están realmente transformando su negocio para solucionar el problema del calentamiento del planeta como aseguran? ¿Y si ellas no lo hacen, qué otras opciones existen para acelerar el cambio?

Endesa

En este negro ranking del Observatorio de la Sostenibilidad hay una compañía que aparece muy por encima del resto: Endesa, la antigua empresa pública de electricidad de España, hoy controlada por el grupo italiano Enel. Y está claro por qué: el carbón. El 40% de la electricidad generada en 2016 por esta compañía salió de centrales térmicas clásicas que queman este mineral. De hecho, de esta empresa son cuatro de las seis instalaciones que más CO2 emiten en España: las mastodónticas centrales de carbón de As Pontes en A Coruña, de Carboneras en Almería, de Andorra en Teruel y de Compostilla en León. Estas cuatro únicas plantas de electricidad generan por ellas mismas cerca del 7% de todas las emisiones causantes del cambio climático del país. Por compararlo con algo diferente, estos cuatro «monstruos» del CO2 lanzan por sus chimeneas el equivalente a más de cuatro veces las emisiones reconocidas por Iberia y sus aviones en su Memoria de Sostenibilidad de 2015.

«Cuanto más carbón queman, mayores emisiones; las propias empresas son conscientes de que deben de cambiar su forma de producción», incide Fernando Prieto, autor del ranking del Observatorio de la Sostenibilidad. No les queda más remedio que cambiar por el medio ambiente, pero también por su futuro económico. En el plan estratégico 2017-2019 presentado por Endesa a inversores en noviembre de 2016 se incluye la descarbonización de sus centrales energéticas como objetivo para 2050.

No obstante, en abril de 2017, diarios económicos como Financial Times informaban de que esta compañía presidida [por aquel entonces y hasta 2019] por el madrileño Borja Prado [ahora ocupa su lugar Juan Sánchez-Calero] está considerada la tercera peor preparada de las grandes empresas energéticas europeas para la transición a una economía baja en emisiones de carbono (tras la alemana RWE y la checa CEZ), según la evaluación realizada por la organización Carbon Disclosure Project (CDP). Las consideradas mejores posicionadas son la austriaca Verbund, la española Iberdrola y la finlandesa Fortum. Si España emitió en 2015 unos 339,3 millones de toneladas de CO2 equivalente, solo las centrales eléctricas de Endesa generaron ese año más de 33 millones de toneladas (un 10% del total).

Claro que como especifica Prieto, «existen otras emisiones que no se incluyen en este análisis, las emisiones reales son mayores». De hecho, cuando esta empresa controlada por la italiana Enel calcula ella misma su huella de carbono, añade a esa cantidad otras 900.000 toneladas por la energía usada para sus minas de carbón, sus terminales portuarias, sus oficinas o sus bombeos hidráulicos, y 18 millones extra por emisiones indirectas causadas por la extracción, producción y transporte del combustible de sus centrales, el tratamiento de sus residuos o los viajes realizados por sus empleados en aviones, coches, trenes…

Si se contabilizan también todas estas otras emisiones para el conjunto del país, el cálculo se va complicando y empieza a cambiar el panorama. Como veremos más adelante, es entonces cuando se comprueba que puede haber otros todavía con mayor huella que Endesa y sus centrales de carbón. En cualquier caso, la comparativa de Prieto resulta ya de gran interés para empezar a identificar cuáles son las partes del complejo castillo de naipes de la economía española cuya sustitución puede tener una mayor incidencia en el conjunto. Si lo que se busca es una descarbonización a bajo coste, parece razonable buscar las cartas más fáciles de cambiar.

En este caso, reemplazando las centrales más contaminantes por renovables, se conseguirían grandes avances en la lucha contra el cambio climático (y ya también de paso contra otros contaminantes del aire, como SO2, NOx o partículas). No solo cambiaría la huella ambiental de estas energéticas, sino también la de otras muchas empresas que usarían esa electricidad libre de emisiones en sus fábricas, sus oficinas, sus trenes, sus coches eléctricos… Esto al menos es la teoría, pues en la práctica resulta algo diferente.

En mayo de 2017, un teletipo de la agencia Europa Press informaba del rotundo rechazo del Ministerio de Energía de España a las informaciones que aseguraban que el grupo Enel había confirmado en una junta de accionistas en Roma su intención de cerrar antes de junio de 2020 las centrales de carbón de Andorra en Teruel y de Compostilla en León. «Si se confirma esta información demostraría, por un lado, que el compromiso de Enel con España no es el que le gustaría a este Gobierno y, por otro, que tampoco es coherente con las necesidades de la política energética del país», indicó entonces el Ministerio.

¿Por qué esta reacción del Departamento dirigido [en aquel entonces] por el ministro Álvaro Nadal? «Es muy difícil entender lo que el Ministerio de Energía considera una política energética de España», comenta Domingo Jiménez Beltrán, de la Fundación Renovables. «Desde el Ministerio no han parado de repetir, cuando se les conmina a incorporar objetivos más ambiciosos de descarbonización o de penetración de renovables, que no creen en la planificación energética, sino en el mercado. Parece ser que cuando el mercado elige cerrar las contaminantes, prefieren la intervención. Lo cierto es que no tenemos política energética».

ballena blanca 11

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