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Kohlhaas. Por su editor

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Kohlhaas, las dos partes de una ecuación

Por Juan Pérez Andrés, editor de Zibaldone.

Para quien se acerca por primera vez a un espectáculo de teatro de narración italiano posiblemente no haya mejor manera de presentar esta particular modalidad escénica que las palabras con que el mismo Marco Baliani (Verbania, 1950) define su experiencia con Kohlhaas:

Hace años conté Kohlhaas por primera vez. Sentado en una silla durante hora y media experimenté con un teatro de pura narración. Desde entonces lo han llamado así, teatro de narración, todos los que antes y después han seguido mi ejemplo y han intentado, cada uno de forma diversa y a partir de distintos contenidos, reducir su propio espacio escénico a un cuerpo narrante. He dicho «pura» narración, aunque son justamente las impurezas las que vuelven viva una narración. Más de la mitad del «texto» de Kohlhaas está compuesto por lo que hace mi cuerpo, por los pies que golpean el suelo, por las manos, por las miradas, por lo biológico de mi propio ser. Es imposible, por tanto, transferirlo a la página escrita. He intentado el texto como sucesión de palabras y didascalias, ha sido publicado, pero falta el cuerpo. Lo que se ha destilado en la página es la sustancia fría de lo que sucede en la escena.[1].

 

Cubierta de Kohlhaas (Zibaldones, 2020) ISBN.: 9788494742521

El breve texto expone de forma directa una de las características fundamentales del género: el hecho de que nos encontramos ante un tipo de manifestación teatral pensada para un único actor solista en la que el desarrollo del espectáculo recae de forma ineludible y exclusiva en la exploración de todos los mecanismos que ofrece la «fisicidad del cuerpo narrante» del actor.

El actor, solo en mitad de un escenario vacío y erradicado como está en el «aquí» y «ahora» de la representación, debe enfrentarse en el teatro de narración, al desafío de tener como único instrumento los mecanismos vocales y gestuales de que dispone prescindiendo para ello de todo tipo de atrezo o de recurso escenográfico. Se parte, pues, de la constatación del mismo Baliani de que «el cuerpo es oralidad incluso cuando calla, porque es siempre un cuerpo narrante».

Ello plantea, sin embargo, un importante problema cuando se trata de presentar al lector, tal y como hacemos ahora, la transcripción en papel de un espectáculo de este tipo. Y es que, al pasar de un lenguaje dramático in praesentia a otro distinto, textual e in absentia, y una vez sustraída la participación real del actor sobre el escenario, la obra transcrita no puede dejar de convertirse más que en un sucedáneo, en la «sustancia fría» que deja tras de sí el actor fijada en una secuencia de palabras y acotaciones que, de forma más o menos precisa, intenta reproducir lo que «realmente» sucede sobre el escenario.

 

[1] Marco Baliani. (2010). Ho cavalcato in groppa ad una sedia. Pisa: Titivillus, p. 9.

 


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En 1989 Marco Baliani y Remo Rostagno llevaron por primera vez a los escenarios su personal adaptación del clásico de Heinrich von KleistMichael Kohlhaas, convirtiendo la ambigua historia del orgulloso criador de caballos capaz de alzarse frente al poder en busca de justicia en una conmovedora obra teatral para actor solista. El espectáculo, según el mismo Baliani «un modo de hablar de aquellos conflictos con que se topó mi generación, la del ’68, cuando en nombre de un ideal supremo de justicia social se llegó a llenar de sangre las plazas y calles», obtuvo de inmediato un clamoroso éxito de público y crítica que no ha dejado de crecer desde entonces. Hoy, pasados treinta años de aquel estreno y después de más de un millar de representaciones, la adaptación de Baliani y Rostagno no es solo una de las piezas clave del panorama teatral italiano de las últimas décadas, sino uno de los ejemplos más sobresalientes de las infinitas posibilidades expresivas que es capaz de encerrar un texto teatral.

Obra seminal del llamado «teatro di narrazione», el estreno de Kohlhaas a manos de Marco Baliani en 1989 supuso un revulsivo en el panorama teatral italiano de finales de los ochenta.  Partiendo del inmortal texto de Heinrich von Kleist, Baliani no solo reactivó una nueva forma de comunicación con el público, sino que dio el primer paso para una reconsideración completa de lo que es el teatro mismo.

El actor, dramaturgo y director italiano Marco Baliani (Verbania, 1950) se inicia en el campo de la animación teatral con la fundación en 1975 de la compañía Ruotalibera, actividad que compaginará desde finales de los ochenta con la investigación en torno al trabajo actoral en espectáculos teatrales monologados. En esta particular modalidad escénica, poco después denominada «teatro de narración», verán la luz dos de sus obras más aclamadas, el presente Kohlhaas (1989) y Corpo di stato (1998), sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro. De su extensa y variada producción cabe mencionar, entre otros títulos, Peer Gynt (1994), La Crociata dei Bambini (1999), Pinocchio Nero (2005) o las más recientes Trincea (2015) y Una notte sbagliata (2019), así como los ensayos Pensieri di un raccontatore di storie (1991) y Ho cavalcato in groppa ad una sedia (2010).

 

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