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Jorge Herralde, Pedro Juan Gutiérrez y Carne de perro

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Una obra más cercana a Raymond Carver que a Bukowski, escrita a ritmo de salsa y con pulso maestro, que crece a cada página como la corriente del Golfo.

carne de perro tira

Cuando apareció Trilogía sucia de La Habana (Anagrama, 1998), Pedro Juan Gutiérrez era un autor novel, pero no joven. Hasta el momento había ejercido el periodismo, apenas había publicado nada y vivía, como el protagonista de sus novelas, en una azotea vieja y arruinada de Centro Habana. Dedicaba las noches a escribir y las mañanas a luchar los pesos en empleos y negocios callejeros para salir adelante en el ambiente de pobreza y desesperanza que fue la Cuba posterior a la caída del muro de Berlín.

«Yo escribí Trilogía sucia como una terapia para mí», se confesaba con Stephen J. Clark en una entrevista para la Delaware Review of Latin American Studies (vol. 2, n. 1). «Son todas las cosas que me iban sucediendo a mí, que iba viendo en este barrio. Algunas cosas no me sucedían a mí pero le sucedían a los vecinos, a la vecina de al lado, y todo eso lo fui incorporando diariamente, elaborándolo y reelaborándolo».

El manuscrito llegó a Jorge Herralde en el otoño de 1997 a través de Elena Errázuriz, el enlace en La Habana de la agente Anne-Marie Vallat. El veterano editor de Anagrama se entusiasmó con la obra y la publicó inmediatamente, en el otoño del año siguiente. Lo que siguió después es historia. Trilogía fue traducida a 22 idiomas, elogiada por otros grandes escritores como Roberto Bolaño o Rafael Chirbes y aclamada por la crítica como una de las grandes revelaciones de la literatura hispanoamericana contemporánea.

A continuación del éxito de Trilogía vendrían otros títulos, publicados también en Anagrama: El rey de La Habana (1999), Animal Tropical (2001), El insaciable hombre araña (2002) y Carne de perro (2003). Pedro Juan Gutiérrez fue elevado a la categoría de estrella del rock en Brasil, apareció un documental titulado Animal tropical en Canadá, y el director de cine Agustí Villaronga dirigió una adaptación de su segunda obra a la gran pantalla.

Esta serie de cinco libros sería bautizada como El ciclo de Centro Habana, un recorrido que debía leerse desde el principio hasta el final. En todos ellos, La Habana y los habaneros están ahí para que uno los conozca, y después de completado el Ciclo, todo, la jerga cubana, la música, las mujeres y los hombres, forman parte de uno como si los hubiera conocido de verdad. Ése es el gran logro de Pedro Juan Gutiérrez: haber creado un mundo sórdido, miserable y maravilloso, pero rigurosamente real, poblado de personas veraces que luchan y aman y follan y trabajan, y a veces caen y otras siguen adelante. Como lector, uno puede vivir bien y durante mucho tiempo en ese mundo, como se puede vivir en Winesburg Ohio, Yoknapatawpha o Macondo.

Pedro Juan Gutiérrez es el narrador en primera persona de sus relatos, y su mejor personaje. Se trata de un hombre de mediana edad, bien plantado, «con un tareco de 18 centímetros», que apura la vida a tragos. De humor cáustico y parco en palabras, bebedor de ron, mujeriego insaciable (Bolaño lo llamó «prometeo sexual desencadenado»), amante de las negras y mulatas de Centro Habana, escritor y vividor. Por supuesto, todo esto ha dado lugar a muchos malentendidos. Sin embargo, Pedro Juan está lejos de ser «un macho vulgar y simple», como se refiere a él en una ocasión un personaje de Carne de perro. Al contrario de otros escritores con quienes se le ha comparado, las mujeres de sus relatos son tan creíbles que «se levantan y arrojan sombra», como diría Faulkner. Al contrario de Bukowski, no se deja caer en escenas de patetismo y abandono. Pedro Juan Gutiérrez es la voz del sentido común, aspira al estoicismo y sabe contenerse cuando debe hacerlo. Es el hombre sabio que nos muestra lo que hay y lo que debe hacerse, y posee una clase muy valiosa de elegancia que consiste en conservar la dignidad incluso cuando todo está perdido.

Unas breves notas pueden ayudar a entender mejor al escritor y al hombre. Pedro Juan Gutiérrez nació en Matanzas (Cuba) en 1950, y pasó buena parte de su infancia leyendo cómics y revistas de importación. Más adelante vendrían las lecturas serias, Truman Capote, Salinger, Hemingway y todos los grandes escritores norteamericanos. También los films italianos y franceses de la época, que después de la revolución se estrenaban en Cuba antes que en ninguna otra parte. Durante su juventud trabajó como vendedor de helados y periódicos, como instructor de kayaks, cortador de caña de azúcar, obrero agrícola, soldado, locutor y finalmente periodista. A raíz de la crisis de los noventa, la revista para la que trabajaba, Bohemia, comenzó a editarse cada vez con menor frecuencia. Ganaba cada vez menos, trabajaba poco. Se vio obligado a volver a ganarse la vida con diversos oficios, que iban desde recogedor de basura hasta jinetero ocasional. Así germinó la idea de una escritura tan real y flexible que no pareciese literatura. Sobria, afilada, abundante en diálogos y dotada de un sentido del humor ácido y corrosivo. Pero la aparente facilidad de su escritura es engañosa. Detrás hay una labor implacable. Una labor y una técnica que le llevó treinta años aprender, según él mismo confiesa.

Carne de perro se encuentra al final de todos esos esfuerzos. Consta de dieciséis relatos que se leen como una novela fragmentada. Su protagonista es el mismo de Trilogía, Pedro Juan, que, en la idea de ganar algo de distancia y soledad, se refugia en una casita de Guanabo junto a la costa, a pocos kilómetros de la capital cubana. Pero sus intentos de poner orden chocan con una vida excesiva y excitante, acechada por las angustias y las pasiones. Una obra muy cercana a Raymond Carver, escrita con pulso maestro, que crece a cada página como la corriente del Golfo y culmina con algunos de los mejores diálogos, y uno de los mejores personajes femeninos, de la obra de Pedro Juan Gutiérrez.

Originalmente, el libro fue publicado por Anagrama en 2003, pero hoy la edición de esa editorial es imposible de encontrar. Los escasos ejemplares que circulan en librerías de viejo alcanzan a veces cifras astronómicas, y Anagrama ha preferido abstenerse de reeditarlo. Para Stirner es un placer ayudar a los lectores de Pedro Juan a completar su lectura del ciclo de Centro Habana.

Más detalles sobre el libro

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El autor de Trilogía sucia de La Habana cierra su célebre Ciclo de Centro Habana con una novela sobria y autobiográfica. En Carne de perro la que las latencias inexpresadas son tan importantes como la palabra escrita. El protagonista sigue siendo el mismo, Pedro Juan, un hombre que apura la vida a tragos, parco en palabras, amante del ron y de las negras de Centro Habana. En la idea de ganar algo de distancia y soledad, Pedro Juan se refugia en una casita de Guanabo junto a la costa, a pocos kilómetros de la capital cubana, pero sus intentos de poner orden chocan con una vida excesiva y excitante, acechada por las angustias y las pasiones.

Una obra más cercana a Raymond Carver que a Bukowski, escrita a ritmo de salsa y con pulso maestro, que crece a cada página como la corriente del Golfo.

«Los cuentos de Pedro Juan Gutiérrez, pese a ser el Bukowski de La Habana, son más reales y más auténticos y a menudo están mucho mejor narrados que muchos cuentos de autores llamados serios por la crítica». —Roberto Bolaño.

«A la manera de un Henry Miller, Gutiérrez sabe, dentro de una lengua viva y sabrosa, restituir el carácter esencialmente poético, extremo, suicida y sin embargo constructivo, de la vida sexual». —France 5.

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