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Inconcebible. Nuevas aventuras en torno a este —por momentos— disparatado sector

Nos escribían durante la feria unas libreras, o el librero que trabaja con ellas, no lo sé; sí sé que es un chico la mar de simpático que te habla todo el rato diciendo «nosotras esto, nosotras lo otro», que lo escucha una y no puede dejar de pensar en los chiquillos que habrá parido, por ejemplo y por lo que duele parir y los trabajos que da luego la cosa, etc. Que no voy a ser yo la que se ponga en contra de que además de pintarse las uñas se pongan a parir de verdad. Imagino que el día que nos puedan comprar los úteros será, en fin, qué vida esta, Montero, que yo te quiero bien, aunque tú no lo sepas, pero que esto es un cachondeo. Por dónde iba. «Que necesitamos unos libros para una presentación», nos escriben. Pues fenomenal. Me alegro porque nos habían devuelto casi todos los libros que nos habían pedido en varias ocasiones. Pensé que se nos habían molestado, nos pasa a veces, así que muy bien, se les ha pasado, estupendo.

Voy a parar un momento para situar a la audiencia: un envío de seis o siete kilos de libros a Madrid vale unos seis o siete euros. A otra ciudad, más todavía. Recoger estos libros, lo mismo. Si una librería nos pide seis o siete libros (que no kilos de) y vende uno o dos, es complicado correr también con los gastos de las devoluciones sin palmar pasta. No salen las cuentas de ninguna de las maneras. Así, nosotras cuando sospechamos que una librería nos va a vender poquito, pues no nos negamos a servirles, solo faltaría, además de con las habituales, las más asentadas, trabajamos con librerías chiquitas chiquitas, algunas están lejísimos (Santander, Pontevedra, Teruel, Úbeda.. qué sé yo, en sitios que una sabe nada más por los mapas que existen), pero sí que se lo advertimos: te enviamos lo que tú quieras, guapa (o guapo, o guape, y esto sin una pizquita de ironía, de verdad), pero que las devoluciones las tienes que asumir tú, los libros que nos has pedido y no has vendido por lo que sea, pues eso, que tienes que asumir tú los gastos de esa devolución, te lo digo con cariño, con cariño te lo digo, anótate por favor esto que te digo con cariño.

¿Se entiende? Se trata de ser sostenibles, de no trabajar sin cobrar por nuestro trabajo. Esto es tan chico y está todo tan contadito, que cualquier gasto en algo que luego no resulte se nota. Tal cual. Se lo contaba a una amiga como aquí. Le hacía la cuenta para contarle lo que va en este boletín. Y ella: «Pues me parece muy lógico». Y es que lo es. Yo te presto los libros que tú quieras, los que elijas porque crees que se van a vender, o los que necesites para tener a esa poeta que te mola presentando su último poemario, pero que si no das con la tecla luego, o no sale el acto como esperabas, por favor, devuélvemelos… y en buen estado, esto también, que trabajamos con tiradas cortitas, ya sabes.

Nueve de cada diez librerías nos entienden. Alguna renuncia a tener nuestros libros porque no confían en que puedan venderlos, hay que dedicar tiempo a conocerlos y no todos los sábados salimos en el Babelia (algunos sí…). Personalmente, lo entiendo. Todo esto forma parte del día a día de una distribuidora como esta, modesta, algo marciana, pero con un corazón así de grande iba a poner, si es que me vengo arriba, me chifla lo que hacemos, las editoriales con las que trabajamos, las librerías que siguen apostando, después de todos estos años… Bueno, siete años y pico llevamos, que lo mismo os parecen pocos, a mí me parece una vida casi.

«¿Pero qué te dijo esta librería?», pregunta mi amiga, atenta, enganchada a este culebrón. Te cuento que era la tercera devolución que querían que les recogiéramos en menos de una año. La primera se la recogimos, la segunda ya les dije, con gran dolor de mi corazón (esto es un decir), que nosotras no trabajábamos así (fue cuando nos devolvieron casi todo lo que tenían), y la tercera, la que nos ocupa, me contestaron que les parecía

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que una librería tuviera que asumir los gastos de las devoluciones. «¿Y eso por qué?». Pues porque yo lo valgo, como en el anuncio de Loreal y por seguir con motivos supuestamente femeninos, no vamos a poner aquí un «por mis santos cojones», que quedaría muy feo.

No sé, a veces el sector del libro tiene estas cosas. Hay librerías que nos tratan, sobre todo a las pequeñas distribuidoras, a las editoriales menos conocidas, de una manera que yo no sé. De verdad que yo no sé cómo seguimos pudiendo trabajar en un sector donde estas cosas pasan día sí día también. Que no me voy a meter hoy en el tema de los impagos porque eso sí que no sabría contarlo de una manera simpática, digamos, no me veo con fuerzas hoy. Acabo ya.

Cierro enlazando y recomendando a las librerías con las que trabajamos (por algo será).

Gracias por leernos cada domingo.

 

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Esta foto es de hace unos años. La librería Enclave de libros. Están en la calle Relatores, 16, cerquita de la muy madrileña plaza de Tirso de Molina.


Librerías recomendadas

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