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Henry Giroux denuncia que asistimos a la mercantilización del conocimiento

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Por Marifé Santiago Bolaños, escritora, profesora de estética y teoría de las artes

Porque la revolución solo es transformadora si se hace en el espíritu.
No es lo mismo cambio que transformación. Tampoco es lo mismo aceptación que respeto. Sin embargo, son conceptos que ciertos intereses espurios confunden hasta igualarlos, con la consiguiente anulación de los detalles individuales que fundamentan todo pacto, todo contrato social. El contrato social verdadero instituye la paz como orden común, nunca puede ser totalitario. Necesita de la palabra que dialoga, del parlamento; o lo que es lo mismo, de esa colaboración que brota de la confianza en la diversidad, necesita matices, necesita plantear lo que cambia, lo que cambiamos. Sin confianza en los demás, como punto de partida de cualquier relación, la democracia es un término indigente. Y la indigencia siempre arrastra injusticia.
Pedagogía críticaPor todo lo anterior, cuando el pensamiento es guiado por la belleza (no temamos nombrarla), cuando es razón poética, tiene la capacidad de hacer públicas las enfermedades sociales, de sanar y fertilizar la convivencia para que crezcan los derechos humanos hasta invadir de dignidad el mundo. «Todo lo que el ser humano quiere, primero lo sueña», sentencia la filósofa María Zambrano. Pero eso requiere perderle el miedo a aquello que se impuso como si fuera inevitable y mirar a los ojos tanto a cualquier tradición segregadora, como a las legislaciones que la sostienen. Requiere una pedagogía crítica que desarrolle una educación capaz de generar ciudadanía con criterio.
Ayudarnos a emprender el camino que lleva hasta ese lugar vedado de un modo explícito o implícito es la tarea que Henry Giroux propone. Reclamar un pensamiento crítico, exigir la entrada a la conciencia para que, a través de ella, entre también la obligación diaria de trabajar, sin excusas, contra la opresión, contra la barbarie. Porque un proyecto educativo siempre es político, reitera Giroux, si estamos hablando de la polis, del espacio de lo común.
Nuestro autor toma el testigo que le entrega Paolo Freire y quienes, como el pedagogo brasileño y universal, van aboliendo fronteras de humillación. Haría suyas, por ejemplares, las enseñanzas de un Francisco Giner de los Ríos, de la Institución Libre de Enseñanza con todos sus frutos, en la España que acababa el siglo XIX y entraba al novecientos cargada de futuro: la verdadera revolución se hace en el espíritu.
Por eso mismo, es un deber cívico revocar las estructuras que ocultan y denigran tan preciadísimo bien, algo urgente en estos momentos de violenta burocratización revestida de transparencia, de rédito mensurable según parámetros empresariales en lugar de en bienestar, donde quien no logra la meta establecida es culpable y, por lo mismo, queda desalojado del sistema, subvirtiendo la presunción de inocencia que fundamenta todo orden democrático. Henry Giroux denuncia que asistimos, con resignación, a la mercantilización del conocimiento, al abandono del papel crucial e inexcusable de las instancias educativas, empezando por la universidad que habría de preservar la memoria histórica, transmitir el saber y, sobre todo, aumentar el bien común desde su tarea obviada de propiciar la generación de criterio solvente que busque alternativas ante el fracaso de nuestras civilizaciones. Fracaso que se exhibe sin pudor en la violencia de género, en la falta de respeto al medio ambiente, en la explotación de seres humanos, en la guerra, en la decepción que toda competitividad despiadada provoca.
Pero en su denuncia, esta conferencia resuena como homenaje, apoyo, alerta, y compañía para navegar en el luminoso mar anónimo de un aula ortodoxa, desbordada, en su esencia, hasta cualquier espacio de lo común donde se trabaje, como decía el institucionalista de corazón Federico García Lorca, para el porvenir. Pasión por la justicia, compromiso con la dignidad. Un mapa indispensable de pedagogía crítica para tiempos de crisis, trazado en la radicalidad de una pregunta que compromete, en su respuesta, nuestra vida: ¿de verdad es imposible transformar el mundo? Giroux no lo cree. Yo, tampoco.


Este es el prólogo de Pedagogía crítica para tiempos difíciles, que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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